Tomás, el chico trans que quiere que en la escuela lo llamen por su nombreSociedad 

Tomás, el chico trans que quiere que en la escuela lo llamen por su nombre

Tomi llega al café con sus hermanos mellizos. Son tres varones. Los otros dos, muy parecidos entre si, y él, con pelo corto y teñido de rubio, vestido con un buzo y jeans. Tiene un arito en la oreja izquierda, una risa fácil y algunos granitos molestos en la cara, como todo adolescente. Le gusta el rap, es hincha de River y quiere ser profesor de Educación Física. Hasta allí, su vida no es demasiado diferente a la de otros chicos de su edad.

Cumplió 13 años el 22 de junio, y poco después, pudo hablar con su hermana Selene y su mamá, maestra de primaria, acerca de algo que venía rumiando desde que la novela Cien días para enamorarse le hizo entender lo que sentía desde hacía años. “Me identifiqué con el programa. Me hizo darme cuenta de que yo no era feliz siendo una nena. No quería ponerme vestidos, maquillarme no me gustaba. Mi mamá se enojó cuando no quise ponerme un vestido para un cumple de quince”, dice.

“La escena que más me gustó fue cuando Juan (el personaje interpretado por Maite Lanata en el ciclo de Telefé) , se escapa corriendo y la mamá lo va a buscar, y él le dice que ya no aguantaba más“, recuerda. Miraba el programa en el celular, escondido debajo de una manta en la cama.

Tardó en contarle lo que le pasaba a su familia. Cuando se quiso cortar el pelo, que llevaba largo hasta debajo de la cintura, su mamá no estuvo de acuerdo, y eso tal vez lo retrasó. En su mente, el “como un varón no” de su madre potenciaba sus temores. “Yo tenía miedo por la familia, por los amigos. Primero llamé a mis amigas y les dije que quería ser Tomás, porque no me identificaba como mujer”, relata.

“Desde el primer momento se adaptaron rebien, no cambiaron su actitud conmigo. Yo pensé que eso iba a pasar, y al final no fue así, me aceptaron enseguida”, continúa.

“Con mi familia fue mucho más difícil, demoré como siete u ocho meses. Escribía cartas y todo para poder decírselos. Y al final un día se los dije. Primero a mi hermana – mis hermanos ya lo sabían porque lo había hablado en el colegio- y después a mi mamá. Fue ella la que le contó a mi papá”, admite.

“Yo creía que para mi mamá y mi papá iba a ser muy difícil, pero ahora me llaman por mi nombre. A veces se confunden, pero es lógico, es un proceso largo”, se ríe.

Tomi era un crack en el fútbol femenino. Jugó en varios equipos de primera línea. Pero ahora no quiere continuar jugando como mujer. “Yo creo que quiero seguir jugando, pero con varones “, aclara. La posibilidad de ser admitido en un equipo masculino existe, pero es una lucha que va a encarar seguramente en el futuro.

Mientras tanto, va al gimnasio con Selene su hermana mayor, una feminista que lo apoyó desde el primer momento. “A mis compañeras de fútbol no les conté, aunque había dos que ya lo sabían por que conocían gente de mi escuela. No sé por qué pensé que tal vez iba a haber rechazo”, aventura.

Desde chico estuvo acostumbrado a recibir regalos “para nenas” y cuando Selene le regaló un perfume de mujer su reacción fue fingir. “Yo la recareteaba, por así decir. Yo ya estaba reseguro de que era varón, pero le dije ‘qué lindo’ y me lo ponía. Pero no me sentía contento”.

Cuando le pudo contar la verdad a todos, el estado de ánimo cambió. “Me sentí libre, soy quien quería ser. Siento que cambié, porque antes estaba triste y ahora ya no”, insiste.

Antes de hablar con Selene, se informó en un canal de Youtube con un chico trans que relata su proceso. Absorbió toda la información que pudo.

Su familia hizo una consulta al equipo interdisciplinario de Adolescencia del Hospital Pedro de Elizalde. “Yo pensé que no se aceptaba tanto la cuestión, pero al contrario, me trataron rebien. Cuando fuimos, me hicieron muchas preguntas, y yo las contestaba”, asegura Tomás. Los especialistas van a encarar el proceso de transición, que va a incluir una hormonización, respetando los tiempos necesarios y dándole todo el apoyo.

Cuando se analizó un antecedente médico de Tomás, que nació en el Hospital Churruca, donde se evaluó la posibilidad de que tuviera un micropene y la vagina incompleta y fuera intersexual, él se apuró a aclarar que no era por eso que se sentía varón.

El compromiso del equipo del hospital va más allá de lo estrictamente profesional. El jefe del equipo del Elizalde, Carlos Sanz, llegó a llamar a la escuela después de que los directivos dieran la orden terminante de que los docentes no llamaran a Tomás por su nombre y ofreció dar una charla sobre el tema.

En efecto, los directivos Claudia Santiso y Diego Celestino del Instituto Ricardo Güiraldes de Banfield advirtieron a los padres de Tomás que solamente lo llamarían por el nombre que eligió cuando figure en el DNI y no antes. El cambio registral aún no fue hecho, pero la ley de identidad de género establece claramente en sus artículos 12 y 13 que la voluntad y la sensibilidad de la persona, en este caso un menor de edad, deben ser respetadas.

Tomás forma fila con los varones, pero ir al baño es para él una situación traumática. Durante más de un año, evitó ir al baño de las nenas porque se sentía incómodo. Después de clases, corría al baño de hombres de la estación de Banfield. Ahora, una comunicación a los profesores advierte que tienen que dejarlo ir al baño en horas de clase, pero acompañado y al baño de mujeres. Alegan que si fuera al baño de varones en el recreo, con sus compañeros, habría “peligro”, algo que la familia de Tomás no puede entender.

“Yo me siento remal, porque es como avanzar diez pasos y retroceder después diez”, lamenta.

Una profesora lo hizo pasar al frente y con énfasis lo llamó por lo que él identifica como su “nombre muerto“, Lourdes. El curso entero estalló en un “¡Se llama Tomás!”. “No tuve que abrir la boca, saltaron mis hermanos y mis amigos y amigas. Pero la profesora dijo que hasta que no esté el DNI me va a seguir llamando Lourdes”, se queja.

La madre de Tomás se convirtió en una conocedora de cada detalle de la Ley de Identidad de Género, que es extremadamente clara. “Trato digno. Deberá respetarse la identidad de género adoptada por las personas, en especial por niñas, niños y adolescentes, que utilicen un nombre de pila distinto al consignado en su documento nacional de identidad. A su solo requerimiento, el nombre de pila adoptado deberá ser utilizado para la citación, registro, legajo, llamado y cualquier otra gestión o servicio, tanto en los ámbitos públicos como privados”, establece.

“Mi mamá fotocopió esa parte de la ley y la pegó en el cuaderno de comunicaciones, para que la leyeran todos los profesores, pero las cosas siguen igual”, lamenta Tomás que a pesar de todo no pierde la sonrisa.

A pesar de algunos consejos en ese sentido, la familia de Tomi no quiere cambiarlo de colegio y el tampoco está pensando en irse. La ley le concede un derecho que la escuela le está negando.

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