Ecoestufa: un emprendimiento solidario para calefaccionar sin pagar un pesoSociedad 

Ecoestufa: un emprendimiento solidario para calefaccionar sin pagar un peso

Dos amigos que se conocieron en una Sociedad de Fomento inventaron un sistema de calefacción que no contamina y usa combustible con costo cero. Su objetivo es que, a pesar del precio del gas y de la electricidad, ninguna familia pase frío en la Argentina.

Marcos Cangelosi , estudiante de Ciencias Ambientales en la UBA y Pablo Durán, formado en ingeniería, se encontraron en la sociedad de fomento de Rincón de Tortuguitas, al norte del conurbano. Además de hacer un taller de huerta comunitaria colaboraban con el comedor Lucero, que asiste a 80 chicos con muchas necesidades. “Lo sostienen dos abuelos que lo pagan con su jubilación. Dan merienda todos los días y almuerzo los fines de semana. Pero los pibes pasaban frío cuando iban a comer porque la construcción era abierta. No había red de gas en la zona y tenían que comprar garrafas, lo que era un problema”, recuerda.

Con Pablo, otros vecinos y amigos, Marcos integró entonces un equipo que intentó idear una estufa para el comedor. Las condiciones que debía cumplir eran varias. “Tenía que ser segura, el combustible, en lo posible gratuito, porque el gas y la electricidad eran impagables y comprar o conseguir leña era sumar otro inconveniente”, detalla.

“Nosotros veíamos en el barrio que la gente podaba los árboles en otoño y después quemaba las ramas en la vereda a veces, o las dejaba para que viniera el camión de la basura. Todas esas ramas son energía, son biomasa. ¡Y los vecinos las quemaban afuera para después entrar a sus casas y morirse de frío! Era una locura -se asombra-. No se conectaba ese recurso con la necesidad”.

Uno de los miembros del grupo tenía garrafas de refrigerante para aire acondicionado vacías. Como no se pueden recargar, decidieron utilizarlas para hacer la carcaza de una estufa que se alimentaría con las ramas. “Así nació la primera ecoestufa. No tenía que liberar dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero que aporta al calentamiento global. La estufa que diseñamos con Pablo, que estudió ingeniería industrial y aeronáutica, libera solamente monóxido de carbono y vapor de agua“, explica Marcos, mientras descarga el calefactor, un prisma negro de un carrito y empieza una demostración.

Una de las jornadas de capacitación de construcción de estufas. Foto: Ecomanos

La cámara de combustión es de dimensiones reducidas y se alimenta con las ramas, que tienen que estar secas, no con troncos. De ese modo, la ecoestufa desalienta el desmonte de bosques nativos. “Las salamadras y los hogares funcionan con brasa. En cambio la que diseñamos trabaja con fuego. Se pueden usar cajones de verdulería o pallets, que cortados calefaccionan durante cinco días, desde que baja el sol hasta la hora de dormir”, señala.

La ecoestufa tiene otras ventajas: elimina el peligro de intoxicación y es altamente eficiente. “Una ecoestufa tiene una eficiencia del 82%, mientras que una salamandra alcanza solamente un 20 y un hogar, el 10. Es decir que de 100 kilos de leña que se colocan dentro de un hogar, generan calor únicamente 10, y el resto se pierde“, explica.

La presentación a concursos para su validación técnica fue exitosa: en el 2017 ganaron el premio Emprender ConCiencia de la Fundación INVAP, la empresa del estado de alta tecnología dedicada al diseño, integración, y construcción de plantas, equipamientos y dispositivos en áreas de alta complejidad como energía nuclear, tecnología espacial, tecnología industrial y equipamiento médico y científico.

A partir de ese espaldarazo, Marcos y Pablo se pusieron como meta que ninguna familia sufriera frío. “Generamos Ecomanos, un emprendimiento de triple impacto. Tiene impacto social, contribuye a la sustentabilidad y tiene retorno. Sin esta última característica, sería inviable”, alega.

Los modelos de estufa desarrollados por el emprendimiento son varios y consideran distintas necesidades. “Hay uno hecho en un 90% de material reciclado. Otro, el modelo Patagonia, tiene más potencia y un uso más prolongado. El Banco Interamericano de Desarrollo nos compró tres prototipos”, se enorgullece.

“Dentro de la ecoestufa hay un montón de cámaras y la lógica y dinámica de fluidos es similar a la de una turbina de avión. Hay cálculos de ingeniería allí. Se puede cocinar en la parte superior, poner una pava o calentar agua para bañarse. El calor no se pierde porque el caño de salida está abajo para maximizar el uso del calor. Levanta hasta 450 grados“, precisa.

Las estufas pueden instalarse en departamentos, inclusive sobre pisos flotantes, porque la parte inferior suele estar fría, gracias a su cámara de combustión aislada. La ventilación es clave, y con un caño similar al que se usa en calefones, puede trasladarse de una habitación a otra.

Además de producir una línea comercial, Marcos y Pablo dan talleres de una jornada en zonas vulnerables: colegios, clubes, sociedades de fomento son los escenarios que usan para capacitar en la autoconstrucción de ecoestufas. “La idea no es que las produzcan en serie, para vender, sino que cada familia pueda calefaccionarse con un costo muy bajo”, continúa.

Pero hay otro programa de Ecomanos que llevaron a Marcos y Pablo a barrios necesitados de Bariloche. Allí las capacitaciones, que apoya la Fundación INVAP son más largas, e incluyen la donación de material y maquinaria para el armado de más de un equipo. La idea es que muchos vecinos se beneficien.

Por último, con el apoyo de la Dirección de Emprendimientos de la provincia de Buenos Aires, que seleccionó cuatro proyectos, generaron una campaña de financiamiento colectivo. Así, reunieron auspicios para dar talleres en asociaciones que los requieran.

“Somos cuatro locos con un corazón grande. Ponemos la tecnología al alcance de quien la necesita”, sostiene.

Para conectarse con Ecomanos y ayudar a financiar talleres de autoconstrucción de ecoestufas en los barrios

+5491130401486

Articulos relacionados

Leave a Comment