I Disagree, de Poppy: entre la oscuridad más profunda y una perversa ingenuidadEspectáculos 

I Disagree, de Poppy: entre la oscuridad más profunda y una perversa ingenuidad

Una vez, algún músico dijo por ahí que si hay un disco que le trae problemas a los artistas, es el tercero. “En el primero ponés todo lo que fuiste preparando desde que naciste; en el segundo hacés todo lo contrario. Después, te quiero ver”, argumentó.

Pues bien, escuchando I Disagree, el tercero de Poppy, editado el pasado 10 de enero a través de Sumerian Records, queda claro que la sentencia no aplica a todos por igual. Muy por el contrario, uno se podría atrever a pensar que, contra lo que sucede en muchos casos que pecan por exceso, a Moriah Rose Pereira no le hubiera sobrado nada si sumaba un par de temas a la decena que compone el álbum.

Es que a la chica, que transita sus 25 años, parece que le sobran cosas para decir, y desprejuicio para apropiarse de cualquier herramienta para hacerlo. Alcanza con darle “play” a Concrete, el tema que abre el disco, para entender de que estamos hablando.

Así es la tapa de “I Disagree”, obra del artista visual estadounidense Jesse Draxler.

Apenas comienza el disco, en menos de 180 segundos, Poppy coquetea con el metal, el K-pop, la música de algún comic liviano y algo perverso, la industrial, el pop más naif, la guitarra de Brian May y todo junto a la vez, mientras pide que la entierren en cemento y la conviertan en una calle. Un inicio perfecto.

Las dos canciones que siguen, I Disagree y BLOODMONEY, encajarían bastante bien en el marco del nu metal, de no ser por esas armonías vocales que desembocan en un plan rapero sin más, o en uno industrial que nada tiene que envidiarle a Nine Inch Nails, y que vuelven a dar por tierra con cualquier rótulo.

“Estaremos a salvo/Cuando todo se incendie”, canta Poppy, ahora tan parecida a la Taylor Swift de You Need to Calm Down, en el final de la primera; mientras que en la segunda .   

Anything Like Me es como meterse por un instante en un videojuego, y al minuto siguiente estar flotando en una especie de colchón de aire que nos sostiene mientras la youtuber (también modelo, diseñadora de moda y actriz) balbucea y completa un espacio de ensueño con su voz.

Algo de eso casi vuelve a suceder en Fill the Crown, aunque esta vez se interpone a tiempo una especie de Alice Cooper o Marilyn Manson, cosa que en cambio no ocurre en Nothing I Need, un remanso de soul blanco que la cantante aprovecha para contar que todo lo que creía que quería, finalmente no lo necesitaba. Como tampoco necesita pedir permiso para hacer lo que quiere, ni para no tomárselo todo tan en serio.

Por eso será que con Sit/Stay pone a prueba la capacidad de reacción del que está escuchando. Apenas un alerta, que alcanza para imaginarse lo bueno que debe ser escucharlo en vivo. Porque mezclar, cualquiera puede hacerlo, el tema es hacer que todo eso suene bien: guitarras rockeras, beat electrónicos, sonidos de batería y efectos que Gioirgio Moroder no dudaría en elegir… Y en I Disagree todo suena muy bien.

Post género, es la palabra que elige Poppy para describir el concepto que rige su estado musical. .

Por eso, aunque en Bite Your Teeth se repite, la fórmula vuelve a dar resultado. “Mordé tu propio diente”, provoca la chica, mientras el marco sonoro va de Tool a pasajes de calma envolvente con enorme fluidez. Su autora lo llama post género. También puede ser llamada música progresiva.

Para el final, dos perlitas. Sick of the Sun es un viaje sónico hipnótico. “Estoy enferma del sol. Lo quema todo”, reclama Poppy, susurra… Lo que dice es que es mejor apagar las luces.

Y aunque la artista sintoniza con algo de la oscuridad de St. Vincent o Billie Eilish, la clave es el contraste, que aparece una vez más en su expresión más extrema en Don’t Go Outside, el tema que cierra el álbum. O mejor, lo redondea de manera exquisita. “Podés ser lo que quieras ser”, canta. Y lo mejor es que lo hace con conocimiento de causa.

E.S.

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