Trabajo en el sector privado: el “pato de esta boda”Economía 

Trabajo en el sector privado: el “pato de esta boda”

Cuando al finalizar febrero el ex Ministerio (hoy Secretaría) de Trabajo y Empleo1, dio a conocer su informe mensual “Reporte del Trabajo Registrado”2, evidenció la pérdida de más de 190.000 puestos el año pasado.

Pese a lo dramático de la cifra anual, fue menor a la esperada, ya que se proyectaba una caída de 300.000 registros.

Es que, desde el comienzo de las corridas cambiarias, en el segundo y el tercer trimestre de 2018, se produjeron 100.000 bajas por cada período, ritmo que previsiblemente se aceleraría al compás de la profundización de la crisis.

Pero, en el cuarto trimestre, dicha situación se revirtió, dando pie a la afirmación del gobierno de que el piso de la recesión fue en noviembre y que la “recuperación económica” habría empezado en diciembre.

No fue así, simplemente se trataba del retorno del oficialismo nacional a sus andadas.

¿Un trimestre con “baja” destrucción de empleo registrado?

La explicación del saldo casi neutro observado en el último trimestre de 2018 (“solamente” 3.600 inscriptos menos que en setiembre), no la ofrece una eventual “recuperación” de la actividad económica, sólo perceptible por los funcionarios de la alianza Cambiemos y las voces que les son afines.

Sus motivos en realidad se encuentran en el giro observado en el empleo público y los puestos vinculados a los planes sociales que, luego del período de retroceso (asociado al intento de reducción del déficit fiscal), volvió a crecer en 30.000 nuevos asalariados estatales, y en los más de 15.000 flamantes beneficiarios de programas de asistencia enrolados como monotributo social.

Pero, en el caso del sector privado, el último trimestre del año pasado confirmó la continuidad de la tendencia previa y, junto con ello, los pronósticos de destrucción de casi 50.000 puestos de trabajo registrados, ya que se perdieron:

  • 13.000 inscriptos de asalariados privados,
  • 4.300 de autónomos,
  • casi 30.000 de monotributistas, y
  • 1.400 de asalariados de casas particulares.

La “baja” destrucción de empleo registrado sólo obedece entonces, a la creación, en el sector público, de una cantidad de puestos equivalente a las pérdidas acaecidas en el sector privado.

Es claro también que, en el primer trimestre de 2019, el mercado de trabajo no ha tenido un comportamiento distinto al observado hacia fines del año pasado; es decir, está experimentando un fuerte ajuste, pero concentrado en las empresas, fuera del ámbito estatal.

Por ello, de acuerdo con las correlaciones observadas a lo largo del tiempo en el mercado de trabajo argentino entre el empleo registrado y el del sector informal, y considerando el crecimiento vegetativo de la población, podemos deducir que el contingente de desocupados se engrosó en alrededor de 790.000 personas durante el año pasado y el comienzo de 2019.

Es que, a la pérdida de posiciones registradas (190.000), se debe adicionar la del empleo no registrado (entre 250.000 y 300.000), y la imposibilidad de inserción de las más de 300.000 personas que en 2018 y lo que va de este año ingresaron a la población económicamente activa (PEA).

Esto implica un total de desocupados que supera los dos millones de personas y que, sobre una PEA de alrededor de veinte millones, significa una tasa de desocupación cercana al 11%.

Las perspectivas

Tanto a nivel de los datos agregados, como en el de los reportes de las situaciones particulares de las cámaras empresariales y las propias compañías, se verifica que la caída de la economía no ha tocado fondo, ratificando nuestro diagnóstico y pronóstico.

En las semanas que pasaron, el elemento más destacado ha sido el de la exposición pública de las pésimas condiciones que atraviesan muchas empresas que, exhaustas por la prolongación (durante casi un año) de la política de altas tasas de interés y el escenario recesivo, se ven obligadas a drásticas decisiones, afectando miles de puestos de trabajo y extensas cadenas de producción.

Pero no faltan las que llegaron a los límites de su capacidad de supervivencia y decidieron la llana clausura de sus operaciones.

Casos especialmente preocupantes, por la capacidad de propagarse en el resto de la economía, son los que se manifiestan en la industria automotriz, (con suspensiones de nóminas completas en casi todas sus terminales) y en la alimenticia, con compañías que, ocupando importantes segmentos de sus mercados, afrontan pasivos cuantiosos que no logran refinanciar, o balances negativos en el orden de los miles de millones de pesos.

No pueden minimizarse los efectos convulsivos que podrían tener sobre el conjunto de la economía, e incluso en el ámbito de las resoluciones políticas e institucionales, las potenciales “caídas” que hoy amenazan a algunas de las más grandes firmas de nuestro país, situación de casi imposible reversión, por la retracción de la demanda interna y las dificultades para la penetración en los mercados internacionales3.

El mercado de trabajo, con respirador artificial

En este contexto, tampoco resultan desechables otros acontecimientos de tal magnitud (dolarización de las carteras o ruptura de la alianza de gobierno, por ej.), que también alteren los tiempos institucionales.

Como ya lo hemos señalado, es absurdo aventurar pronósticos sobre el comportamiento futuro de la economía4, por lo tanto, también lo es hacerlo sobre el mercado de trabajo, en el que la única certeza es la de que sólo puede empeorar.

Las circunstancias dramáticas que atraviesan todas las empresas, producidas por las políticas de la alianza Cambiemos que, con su modus operandi, asfixia el funcionamiento del sector privado, son testimonio de ello.

Veamos un ejemplo.

Desde septiembre de 2018 a febrero de 2019, todo el incremento de depósitos en el sistema bancario fue captado por el sector público, por lo que el endeudamiento estatal a través del sistema financiero aumentó en torno a los U$S14 mil millones.

Esto da la dimensión del desplazamiento (crowding out) que, sobre la oferta de crédito, han sufrido las empresas.

Este feroz ajuste, que se descarga en forma inconfundible sobre la actividad privada, paradójicamente amplifica el déficit fiscal total, tanto al espiralizar el cuasifiscal del BCRA (elevando las tasas para absorber la liquidez disponible), como al disminuir la recaudación impositiva (en términos reales) por la contracción de la actividad, en un claro círculo vicioso.

De nada sirve advertirles que hacen como el perro que corre para morderse la cola porque, como dice el saber popular: no hay peor sordoque el que no quiere oír.

Lamentablemente, serán las empresas y sus trabajadores quienes sigan pagando las consecuencias de los recurrentes disparates gubernamentales.

1 Aclaramos que hay una multiplicidad de vocablos (como empleo, puesto de trabajo, ocupación, etc.) que, en el lenguaje corriente, pueden ser utilizados como sinónimos, o adquirir significados distintos según su contexto. Aquí nos referimos a las actividades laborales cuyo destino previsto es el mercado de bienes y servicios, pero éstas no abarcan la complejidad del concepto de trabajo. En términos técnicos, las normas estadísticas internacionales para las mediciones del mercado de trabajo, precisan e identifican cinco formas mutuamente excluyentes: a) trabajo de producción de bienes o servicios para el autoconsumo, que incluye el trabajo doméstico no remunerado; b) trabajo en la ocupación, realizado para terceros a cambio de remuneración o beneficios; c) trabajo en formación no remunerado, para adquirir experiencia o competencias; d) trabajo voluntario, sin remuneración y no obligatorio realizado para terceros; e) otras actividades productivas.

2 Esta medición no incluye al empleo informal o “en negro”.

3 No hay mercado interno ya que los precios de los alimentos básicos, valuados a paridad de exportación, y la dolarización de una significativa parte de las tarifas de los servicios públicos y los combustibles, ha deteriorado irremediablemente el poder adquisitivo de los ingresos populares. Y, en el externo, los efectos de la mejor cosecha gruesa del segundo trimestre no alcanzarán para compensar el deterioro en las exportaciones del resto de las actividades, producto de la imposición de retenciones y el retiro de reintegros (entre otras causales), decidido por el gobierno en el segundo semestre de 2018.

4 Dada la fragilidad sistémica imperante, resulta inapropiado el ejercicio de proyección de los principales indicadores macroeconómicos, cuyos comportamientos (dentro de rangos de variación aceptables), son de imposible previsión, razón por la cual venimos presentando nuestras prognosis acotadas a plazos cortos.

*MM y Asociados

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