“Mi barrunto”, la cevichería de la selección peruana que alimenta a los atletas PanamericanosDeportes 

“Mi barrunto”, la cevichería de la selección peruana que alimenta a los atletas Panamericanos

Música fuerte. Ruidos de cubiertos. Gente entrando y saliendo permanentemente. Señoras de blanco que llevan bandejas con tortas o chupitos con leche de tigre, una bebida a base de leche y jugo de pescado. Mozos vestidos de azul y amarillo que no solo sirven, también cantan el feliz cumpleaños decenas de veces al día. Entre el cuartel de bomberos BFB Victoria n°8 y el estadio de Alianza Lima, en un barrio marginal de Lima, “Mi Barrunto” llega a recibir a 1800 personas en un local de cinco pisos que es conocido por ser el proveedor oficial del ceviche al seleccionado de Ricardo Gareca.

Pero el éxito tardó en llegar. La historia empezó hace 25 años en el número 940 de la calle Jirón Sebastián Barranca, justo enfrente del actual restaurante. María Aranda recién se había divorciado y había contraído varias deudas. El mayor de sus hijos, Lucho, de 17 años, decidió ayudarla haciendo ceviche en el comedor de la casa familiar. La competencia era ardua porque todos los mercados de la zona lo vendían y él no sabía cocinar. 

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Una mesera muestra vasos con Leche de Tigre en la Cevicheria “Mi Barrunto” del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

Es complejo de explicar el éxito, porque no tenemos origen culinario ni linaje restaurantero. Somos hijos de provincianos, de gente que vino a la capital a buscarse la vida a Lima. Y “Mi Barrunto” nace de una necesidad económica de mi madre, que acababa de separarse de mi papá. Lucho tenía 17, yo 15 y Jhonatan 7. Y cuando ves que a las justas puede darte de comer, no le vas a pedir estudio y menos unas Nike. Era robar o trabajar, porque en La Victoria lo fácil es lo más accesible. Mi madre nos dijo que sí porque para ella era más factible que fuéramos delincuentes. Entonces nos dio la casa, sin preguntar para qué y fue nuestra columna fundamental”, explica el chef Augusto Sánchez.

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Cocineros trabajan preparando ceviche en la Cevicheria Mi Barrunto del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

El ceviche es una preparación fácil que entre los peruanos no se cena, solo se almuerza. No hay demasiada ciencia en cómo prepararlo; solo contar con buena materia prima de pescado, sal, ají, cebolla y limón. “Podríamos haber elegido vender plástico… Pero no. Y después se cruzaron varios trenes…”, anticipa, y resume las claves del éxito en dos. 

Un cuidacoche en la puerta de la Cevicheria Mi Barrunto, del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

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La primera se remonta a 1999, cinco años después de que Lucho decidiera comenzar a vender ceviche. Un grupo de fileteadores de pescado los invita a participar de un evento deportivo de fulbito en el que repartían dos mil dólares al campeón. “Nosotros no ganábamos ni dos soles por día y no lo dudamos. Ellos necesitaban que pasemos como cocineros de un restaurante en San Isidro. Y a cambio, en el trato, les pedimos que por cada gol nuestro nos enseñaran un plato. Nos llevamos 200 dólares cada uno y diez recetas por cada gol”, recuerda el chef.

Cocineros trabajan preparando ceviche en la Cevicheria Mi Barrunto del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

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La segunda llegó en el 2000. A Roberto Holsen, entonces delantero de Alianza Lima y del seleccionado, le gustaba comer la leche de tigre tomando cerveza y escuchando salsa y se hizo cliente. “Él nos prometía que nos iba a traer a todo el plantel. Y un día llegó con Pepe Soto, el capitán, y otros jugadores. En ese momento seguíamos en la casa de mi madre, con ocho mesas y pocos vasos y pescado. Entonces, a Holsen, como venía siempre, le servimos la leche de tigre en un chop de cerveza. Y Soto me dijo ‘Yo soy el capitán, yo soy el que pago, nos das a todos o nos vamos’. Los dejamos en el salón, mi hermano se fue a fiar pescado y yo vajilla, porque no teníamos dinero para comprarla, y volvimos a las dos horas”, relata.

Hombres y mujeres comen ceviche en la Cevicheria Mi Barrunto del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/ enviado especial).

Lejos de molestarse, Soto le pagó más del doble por el vaso de leche de tigre y le hizo un pedido, que Augusto nunca olvidó: “Cada vez que venimos nos cierras las puertas y las ventanas, nadie entra y nadie sale y todo lo que escuches se queda acá. Si algo sale, te pego, no vengo nunca más y te pierdes la oportunidad de tu vida de tener a Alianza. Y hasta el día de hoy respeto esa palabra”.

Una caricatura de Paolo Guerrero colgada en la Cevicheria “Mi Barrunto” del barrio La Victoria. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

Desde entonces, el restaurante se transformó en el comedor favorito del equipo de fútbol del club Alianza Lima -uno de los más fuertes del país- y, consecuentemente, del seleccionado peruano. Ahora, las paredes del primer piso están empapeladas con fotos de la visita de los dueños de Mi Barrunto al plantel de Ricardo Gareca en el Mundial de Rusia. Aquí los futbolistas tienen privacidad, la gente no se les acerca, les reservan un piso, en la cuarta o quinta plata, y un asesor se encarga exclusivamente de todo lo que necesitan. Incluso, aparecen en el menú: están los ceviches Cuevita, Aquino y Farfán o el “Tacu Tacus” Paolo Guerrero.

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Un mozo muestra un Chita en la Cevicheria “Mi Barrunto” del barrio La Victoria. Foto: (Maxi Failla/enviado especial).

En la planta baja, en tanto, el homenaje es para el periodista Daniel Peredo, el relator que seguía la campaña de Perú y murió poco antes del Mundial 2018. “Va Vargas, sigue Vargas, empuja Vargas, con los huevos de Vargas, con el empuje de Vargas, con el corazón de todos”, se lee en una de las paredes del extremo izquierdo del salón. Es un relato del gol de Johan Fano en el empate ante Argentina, el 10 de setiembre de 2008 por las Eliminatorias, que se convirtió en el primer video viral de la historia peruana.

Y, en todos los rincones, el recuerdo es para María Aranda, quien murió de un cáncer de mama en 2004, el mismo día en el que abandonaron la casa familiar para tener su propio local.

En la planta baja, en tanto, el homenaje es para el periodista Daniel Peredo, el relator que seguía la campaña de Perú y murió poco antes del Mundial 2018. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

Aunque está ubicado en La Victoria, un barrio considerado hasta peligroso por los locales, las 480 mesas de Mi Barrunto se ocupan cada día, se consume una tonelada de pescado diaria y el libro con la lista de espera tiene sus páginas con decenas de pedidos. Los fines de semana, incluso, llegan a atender 1800 personas entre el mediodía y las 16, cuando el local cierra sus puertas. Y los hermanos Sánchez Aranda no piensan mudarse de ahí: “Soy genuino. Soy de jugar a la pelota en la calle, no en una canchita verde. Ese olor de barrio tan rico, que da identificación. Y sigo también en La Victoria porque es la casa de mi mamá, nuestro fortín. Si se abre un segundo local, será por otra generación”.

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Un umbral con la palabra “gracias” en diferentes idiomas te despide. En la vereda de enfrente la representación de un gran plato de ceviche y un barco recuerdan el espíritu con el que los hermanos Sánchez Aranda iniciaron este sueño que ahora degustan miles de deportistas en la Zona Internacional de la Villa Panamericana y otros tantos espectadores y periodistas que pasan por la VIDENA, una de las sedes de los Juegos Panamericanos, donde Augusto tiene sus puestos. “Creo que no me eligieron por ser el mejor, porque hay muchos muy buenos en Lima -opina-, pero sí porque llevo con orgullo la marca Perú. Y es un placer que deportistas de todo el mundo prueben, y hasta agoten antes de tiempo, nuestro ceviche”, remarca con orgullo.

Augusto Sánchez Aranda, el dueño de la cevicheria “Mi Barrunto” en su stand de la VIDENA, una de las sedes de los Juegos. (Foto: Maxi Failla/enviado especial).

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JCh.

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