Todos fuimos a La LunaEspectáculos 

Todos fuimos a La Luna

Ahora que está de moda, nos acordamos de La Luna que muchos pisamos: la de Cabrera y Medrano. Plena década del ‘90.

¡Cuánto rock pasó por ahí! Quedaba a metros de donde ahora está el señor Café Cortázar. El escenario le daba la espalda a la calle. Entrando a la derecha, la barra larga en dirección a un patio. Después, una pocilga que se usaba como sala de ensayo y se alquilaba de día, a contraturno del desubicadísimo horario de recitales que podían terminar para el desayuno.

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Llegabas a La Luna en un estado y te ibas en otro. Esa era la particular manera en que el pub le rendía homenaje a la idea de “viaje” (trip en el bocho). No fue el Parakultural, pero allí empezaron un montón de grupos. Los Cafres, Los Visitantes con Palo Pandolfo, El Otro Yo (grupo del ahora preso Cristian Aldana), Mata Violeta, Demonios de Tasmania o Los Verbonautas, único colectivo de poetas capaz de llenar una sala cobrando entrada.

Menos Neil Armstrong, todos pasaron por La Luna. Los dorados ‘90 fueron como dice Lorena “Magic” Maggi -primera mujer tatuada de Palermo-, “un momento donde el espacio público era el espacio para quienes no teníamos espacio”.

La Luna estaba maquillada con una sábana donde su nombre estaba escrito en tinta china. El mítico pub fue un semillero del rock de los ’90. Foto de Rodrigo Martínez Eguizábal

Los Siete Delfines, Soldado Venga!, La Renga, Las Pelotas, el Ricardo Mollo rechonchón de esa década.

Mollo iba a ver al grupo de su mujer de entonces: Erica García, cantante de Mata Violeta, donde también tocaba Flopa Lestani. Las dos repartían invitaciones fotocopiadas y manuscritas. En los ‘90 ibas a La Luna sin saber quién tocaba. Más o menos lo mismo que ahora, que comprás entradas para el Lollapalooza siguiendo una receta similar.

Los Verbonautas debutaron oficialmente allí el 25 de diciembre 1994.

Por esos años La Luna “necesitaba recaudar plata para no bajar la persiana” y tomaba riesgos lógicos. “Tras una nota que Pablo Schanton publicó en Clarín nos convertimos en un fenómeno. Éramos como una banda de rock exitosa”, repasó Osvaldo Vigna en una entrevista con La Agenda.

Vigna estudió Química Industrial y fue uno de los integrantes de ese colectivo poético y performático.

Veinticinco años después de que Armstrong pisara por primera vez la Luna, Los Cafres repetían la hazaña en la sede terrenal de Cabrera y Medrano.

Aunque Los Cafres pasaron de La Luna al Luna Park, el cantante Guillermo Bonetto es un muchacho muy agradecido: “El primer show de la banda fue en La Luna, un antro hermoso que educó a unos cuantos y que tenía un fondito encantador…” El fondito era el patio de un presunto PH al que le martillaron unas cuantas paredes y listo: a tocar. Esa topografía ahora es un enigma.

¿Quién fue su dueño? ¿Cuándo abrió?

¿Cuándo cerró?

Lady Godiva tocó durante 20 años. Grabó su primer disco en “vivo en al Luna”.

¿Cuál era la dirección exacta?

El Otro Yo tocaba muy seguido. Árbol, Los Caballeros de la Quema. A la salida, la pizza se comía de parado en Punto y Banca. Había un pequeño circuito armado alrededor de la Luna. El CODO, una discoteca de barrio, quedaba en las inmediaciones.

A los vecinos de la cuadra que se les pregunta dónde quedaba La Luna, no entienden y por reflejo tienden a mirar para arriba.

Mucho escéptico.

Como si Stanley Kubrick hubiera filmado más de un falso alunizaje, hay tan pocas certezas dando vueltas que si en algo se parecen el pub y la misión espacial, es en las teorías conspirativas. Lo (in)cierto es que La Luna de Cabrera y Medrano pisó la Tierra 20 años después de que nosotros llegáramos a ella.

Cabrera 3769, demolido el boliche, levantaron un complejo habitacional que aún hoy no se inauguró.

1989.

Podría ser ésa la fecha de inauguración. Palermo Soho no existía. En ese entonces había más gomerías que birrerías. “Palermo Neumático”, en todo caso, pudo haber sido una tierna denominación catastral que no llegó a prosperar.

El Suplemento Sí, según el archivo de este diario, informaba los shows de La Luna poniendo una dirección aproximada: Sab.31/07/93, Demonios De Tasmania, El Lado Salvaje y Relieve del Mundo en La Luna, Cabrera y Medrano.

A través de Los Demonios de Tasmania llegamos a una precisión: Cabrera 3769.

Antes de editar su primer disco, Los Visitantes se hacían conocidos allí cantando “el hundió su nariz en la espuma de las olas…”, Playas oscuras. El tema que atrajo al Marcelo Tinelli de Ritmo de la noche, circulaba en un TDK pirata que se había grabado en ese pub. La banda de culto Lady Godiva, comandada por Adrián Frasso, llegó a comercializar un casete: En vivo en La Luna.

El escenario era poco más grande que una caja de zapatos y estaba maquillado con una sábana blanca donde se leía el nombre del boliche escrito en tinta china.

Ariel Minimal -ex Fabulosos Cadillacs, por siempre en Pez- habilitó una foto donde se lo ve tocando en La Luna de Cabrera y Medrano. Año 1997. Sobrio a las piñas o dueño de una memoria funesiana, todo lo contrario a su amigo y colega Sergio Rotman (que ni siquiera da fe de sus prodigiosas rastas), dirá “un tal Raúl. Un tal Raúl era el dueño. El apellido no me lo acuerdo. Y lo asistía el Negro Alan. Durante bastante tiempo trabajó haciendo sonido Rafa, que tocaba el bajo en un grupo llamado Relieve del Mundo”.

Para Rotman y compañía acaso funcione como atenuante el hecho de que el rock, por esos días, elegía tomar cerveza con ginebra.

“En La Luna toqué con tres bandas -evoca Minimal-: Los Minimals y Martes Menta. Pez debutó allí, junto a Iguana Lovers en 1994, justo en la semana de la muerte de Kurt Cobain”.

Palo Pandolfo: “Al crecer Los Visitantes en convocatoria, la gente de La Luna me pide un show y le dije: ‘Nos queda chico el lugar…’ ¡Se agrandó Chacarita!”. El ex Don Cornelio y La Zona lo recordaba, entre risas, en una nota con ExtraData.

El pub tenía un patio chico al que se accedía subiendo unos pocos escalones. Había un pasillo y un banquito de plaza. En el fondo, la sala de ensayo que hacía las veces de camarín y por alguna razón, según Minimal, era “el lado oscuro de La Luna”.

No entraban más de cien personas.

Por allí pasaron grandes bandas del under como Los Telépatas, Amor Indio, Menos que Cero y Cienfuegos.

Rotman hizo la canción Siguiendo la Luna, hit de los Fabulosos Cadillacs, en homenaje al boliche de marras. Él no se acuerda. La alocución “Siguiendo la luna yo llegaré lejos…” sería un verso/presagio escrito mientras Rotman buscaba una fecha para tocar allí.

La canción resultó tan conocida que cuando le preguntan por el hit, nos dicen que el músico debe improvisar una explicación aproximada. “En esa época yo vivía con Fidel Nadal y él escuchaba música a un volumen demencial. Entonces, tratando de cerrar todas las puertas posibles de la casa, oí apenas una secuencia de acordes de un disco de Gladiators. Sobre eso salió Siguiendo la Luna, en 1992”. Suena creíble, pero no.

Suárez tocó ahí. El grupo de Rosario Bléfari. “Una vez nos presentamos con pelucas de una amiga que estaba trabajando en una producción de modas o algo así. Las pelucas las usaron los chicos. Todos menos yo”.

Hubo shows memorables de Peligrosos Gorriones en La Luna. La banda de Francisco Bochatón tuvo su disco producido por Zeta Bosio y el ex Soda, por esos años, también fue habitué del semillero del nuevo rock nacional.

Una pregunta continúa dando vueltas: ¿Cómo hacían Los Cafres, todos esos pibes, para caber en las microscópicas tablas de La Luna?

León Gieco iba siempre. Moretti, de Estelares, contó que en Buenos Aires tocaban “en un pub, La Luna, que estaba en Cabrera y Medrano. Tomábamos el tren La Plata-Constitución con los instrumentos”.

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En Cabrera 3769 no quedan ni huellas de aquel decorado. Demolido por completo para convertirse en complejo habitacional, el bar resucita entregado a la ficción. Otra vez Lorena “Magic” Maggi, primera mujer tatuada de Palermo, devenida profe de Ashtanga yoga.

“¿Cuando cerró? Yo creo que cerró en… en… ay, no me acuerdo”.

WD

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