Barenboim y Beethoven, una relación soñadaEspectáculos 

Barenboim y Beethoven, una relación soñada

Las dos últimas presentaciones de Barenboim en el CCK, que completaron el ciclo de sus interpretaciones de las sonatas de Beethoven, están en la cima de una síntesis. Una síntesis que se escuchó como el punto más concentrado de un entendimiento profundo de la música de Beethoven, una relación entre intérprete y compositor que lleva más de medio siglo.

Como si hubiésemos asistido a un proceso de decantación o a una recapitulación de su propia historia interpretativa, Barenboim transmitió con una convicción irrefutable lo que capturó a lo largo de los años del alma expresiva de Beethoven y su sentido del “espíritu humano” que se proyecta dentro de las sonatas.

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Lo lúdico, la emoción, el sentido rítmico y armónico, el cantábile, entre otras cosas, están en un punto de sabio equilibrio: en los movimientos lentos, articulados por una intensa serenidad; y en los más veloces, por un vector de fuerza cuyas ideas arrastran una convicción tan poderosa que no permite claudicar a tempi más cómodos. Es cierto que se evitarían ciertas imprecisiones, pero el riesgo es alto: desvitalizar la fuerza y claridad de las ideas musicales que con tanta potencia llegaron al oyente.

El punto culminante de las cuatro sonatas que se escucharon el viernes llegó en la segunda parte (la primera abrió con la Nº2 en la mayor y continuó con las exploraciones metafísicas de la sonata Nº17).

Después de permanecer suspendidos entre lo prosaico y lo más espiritual en la luminosa Sonata nº10 en Sol mayor, sobrevino el Beethoven poético de la Sonata Les adieux (la única pieza programática del ciclo), donde Barenboim llevó a nuevos límites el balance entre la retórica y el lirismo.

El programa del domingo, siguiendo el mismo criterio de agrupar las sontas por pares contrastantes, desde la ingenuidad amable y extrovertida hacia un mundo emocional más complejo, no pudo estar mejor articulado. La primera parte abrió con una de las primeras sonatas, la N° 9 en mi mayor, y continuó con la N° 4 en mi bemol mayor que, en su aparente sencillez, plantea un nuevo estatus del silencio, entre otras novedades. La dimensión de profundidad que le otorgó Barenboim a los silencios en el movimiento lento refundó, de alguna manera, el carácter expresivo de la obra.

¿Cuánta expresión puede proyectarse en un sonido? Barenboim fijo nuevos límites en cada una de sus presentaciones y alcanzó un nuevo rango expresivo en relación a lo tímbrico y al rango dinámico. Las cualidades extraordinarias del piano, fabricado especialmente para él y que decidió traer para estas presentaciones, jugó un rol importante en la particular alquimia sonora, que en la Sonata Op.111 llegó a un punto fuera de serie. Hacia el final de la Arietta, en la apoteosis del trino, de carácter más existencial que decorativo, se creó una ilusión tridimensional.

El maestro Barenboim tocó en un piano especialmente fabricado para él, que hizo traer al CCK para estos conciertos. (Foto: Martín Bonetto).

Pero Barenboim no sólo es un maestro del ilusionismo sonoro, también lo es de las transiciones. En la Arietta, el retorno del tema -majestuoso y simple-, después de un viaje tan lejano en la Op.111, fue sobrecogedor.

Hubo un efecto emocional ascendente hasta la Sonata Op. 111 (precedida por el carácter experimental y haydineano de la Sonata en dos movimientos nº22 en fa mayor), punto culminante del género, y de todo el ciclo.

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En ese recorrido, la entrega del artista en cuerpo y alma también fue de manera creciente. Difícilmente se olvide la experiencia subyugante de la Arietta en la Op.111, efecto imposible sin la preparación del dramático y oscuro Maestoso. Asistimos no sólo a la transfiguración del instrumento sino del mismo Barenboim.

Recuadro

PLATEA DE LUJO

Daniel Barenboim recibe la ovación del público. (Foto: Federico Hamilton, Prensa CCK).

Un poco antes de que empezara el concierto se escuchó una ovación que sorprendió a los distraídos en la sala. No era para BarenboIm sino para sus amigos, Martha Argerich y Zubin Mehta, que se acercaron a escucharlo. Se vivió un momento de intensa emoción en el Auditorio Nacional (ex Sala Sinfónica) al ver a tres leyendas que, unidos por más de medio siglo de amistad, coincidieron en un mismo espacio imantados por el amor a la música.

Ficha

Daniel Barenboim (piano). Auditorio Nacional CCK, viernes 26 de julio:

-Ludwig van Beethoven: Sonata en la mayor n° 2, op. 2 n° 2

-Sonata en re menor n° 17, op. 31 n° 2, Der Sturm

-Sonata en sol mayor n° 10, op. 14 n° 2

-Sonata en mi bemol mayor n° 26, op. 81a, Les adieux



Auditorio Nacional CCK, domingo 28 de julio:

-Ludwig van Beethoven: Sonata en mi mayor n° 9, op. 14 n° 1

-Sonata en mi bemol mayor n° 4, op. 7

-Sonata en fa mayor n° 22, op. 54

-Sonata en do menor n° 32, op. 111

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