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La flauta mágica: una ópera con sorpresas

Esta Flauta mágica que subió en el Teatro Avenida en una producción de Juventus Lyrica, con dirección de Hernán Schvartzman y régie de María Jaunarena, sigue con bastante énfasis el simbolismo de la gran ópera de inspiración masónica del hermano Wolfgang Amadeus Mozart. La entrada del palacio de Sarastro es una pura geometría, y en su interior los congregados se alternan en el telescopio y trazan planos con reglas y compases. Hay otros elementos que en la ópera se establecen por sí solos y que, ya desde los acordes iniciales de la obertura, podrían resumirse al número tres: las tres damas, los tres niños, las tres pruebas. La idea del círculo se representa de diversas maneras, especialmente en la luna que se abre y se cierra expresivamente desde el fondo de la escena.

Pamina y Tamino: la pareja central de “La flauta mágica”. Foto: Liliana Morsia.

Pero esta “seriedad” simbólico-filosófica no se traduce en una realización rígida, sino todo lo contrario, e incluso llaman la atención las licencias que se toma la parte musical: los sonidos de pajaritos que van y vienen todo el tiempo; los ruidos de la percusión que acompañan la prueba de Tamino y Pamina por las brasas ardientes; el irónico motivo morisco antes del aria de Monóstatos “Todos sienten los goces del amor”; la parte en que la orquesta se pone a desafinar bajo el efecto del vino que Papageno le convida al director musical. Schvartzman está enrolado en lo que suele llamarse interpretación “históricamente informada”, aunque esta calificación un tanto desabrida puede eventualmente depararnos varias sorpresas o significar distintas cosas, entre otras que la realización de una ópera pudo haber sido algo mucho menos reglado doscientos o trescientos años atrás.

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Pero todavía más que esos divertidos desvíos llama la atención el nivel y la chispa que alcanza la Orquesta de Juventus bajo la dirección de Schvartzman, sin duda una de las grandes figuras de la nueva escena operística, que una vez por año suele volver de su adoptiva Holanda para dirigir en su Argentina natal. La parte vocal no está menos lograda, aunque la primera función nos reservó otra sorpresa, en este caso no deseada. En la primera intervención de La Reina de la Noche, justo cuando el aria empezaba a escalar hacia el agudo, la soprano Oriana Favaro interrumpió súbitamente su parte y dio la impresión de que se desvanecía. El director paró la orquesta, se cerró el telón, hubo un temor generalizado, hasta que por un altavoz se informó que la obra se retomaría en cinco minutos desde el aria interrumpida.

Histrionismo. Gran aporte de las Tres damas. Foto: Liliana Morsia.

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Uno esperaba que volviese un cover. Pero volvió Favaro, retomó el aria con profesionalismo, y en el segundo acto realizó su segunda y exigida intervención en gran estilo. ¿Qué pasó? Acaso un calambre en el diafragma, no se sabe. Lo cierto es que la reconocida soprano argentina volvió al ruedo con admirable entrega. El reparto se completó con sólidas actuaciones de Jaquelina Livieri como Pamina, Nazareth Aufe como Tamino y Walter Schwarz como Sarastro, mientras que Laura Penchi, Verónica Canaves y Rocío Arbizu aportaron buenas voces y una gran dosis de histrionismo en su representación de las Tres damas. El Papageno de Gabriel Carasso desplegó su show con soltura y calidad, Ana Sampedro fue una convincente Papagena y Patricio Oliveira cumplió sobradamente como Monóstatos. El Coro dirigido por Hernán Sánchez Arteaga redondeó una notable realización musical.

FICHA. La flauta mágica Autor W. A. Mozart Director Hernán Schvartzman Régie María Jaunarena Sala Teatro Avenida, viernes 26. Repite 1 y 3 de agosto. Calificación Muy buena

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