Cuando la solidaridad excede la políticaPolítica 

Cuando la solidaridad excede la política

Miguel A. Knecht

Cuando los medios de comunicación informan acerca de las diferentes campañas  organizadas por ONG; instituciones públicas o privadas,  asociaciones civiles, agrupaciones deportivas o políticas, etc. dirigidas a personas en estado de  vulnerabilidad social, al igual que a los  afectados por catástrofes de cualquier índole o naturaleza y/o  en situación de calle, debemos reparar  que detrás de estas organizaciones existen seres humanos -semejantes nuestros- que expresan una inusitada vocación de servicio, dispuestos a brindar asistencia a los demás. 


Si bien resulta una obligación indelegable del Estado nacional  velar por la integridad física, la seguridad  y  salud de sus habitantes, no siempre éste dispone de  las herramientas necesarias y suficientes  para abordar las problemáticas que  se originan  en todo el  país. 

No siempre el Estado protector se encuentra en condiciones de cumplir con la obligación constitucional señalada. 


Para ayudar al otro no se requiere publicidad, quién está dispuesto a asistir al otro es porque está percibiendo íntimamente, un sentimiento interno del deber para auxiliar a alguien que lo está necesitando. 


Sólo se requiere empatía con el otro y no necesita difusión alguna, ni socializar la solidaridad porque ello se convierte en una  vanidad solapada. 

Tampoco  hacen falta coloridos chalecos que individualicen a las agrupaciones políticas presentes, porque quién necesita ayuda no le interesa quiénes son,  sino tratar de superar la dificultad  que se encuentra atravesando en esa penosa instancia de su vida. 


En ese contexto, semanas atrás, debido a las bajas temperaturas imperantes en todo el país, se acondicionaron diferentes estadios de fútbol  y lugares para albergar  personas en situación de calle. 


Esta actitud debe ser valorada por la sociedad en su conjunto, ya que amerita un reconocimiento especial a quienes brindaron los medios para que el frío  no afectara a las personas en situación  de calle y en estado de  vulnerabilidad social. 


No importa si lo hizo Juan o Pedro, lo importante ha sido que se pudo concretar mediante un esfuerzo conjunto. 

En ese orden, cuestionar al Estado por su presunta ausencia o a quiénes organizaron  la asistencia, enfocado la cuestión bajo una visión estrictamente política,  empaña la sublime esencia que nutre a la solidaridad  en su génesis y composición. 


No interesa el club de fútbol que lo hizo, ni la religión de la iglesia que intervino, ni el partido político que lo financió, sino lo relevante ha sido el aporte como acción comunitaria conjunta  y en eso -los argentinos-  albergamos recientes ejemplos de solidaridad.   


* Docente y exconcejal del P.J.


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