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Miles Davis: retrato del genio que superó los prejuicios de la tradición y revolucionó la historia del jazz

Este martes 28 de septiembre, se cumplen 30 años de la muerte del trompetista y compositor Miles Davis, uno de los artistas fundamentales del jazz moderno por su carácter innovador y líder natural que condujo el género a través de treinta años.

Davis, que nació en Alton, Illinois, el 26 de mayo de 1926, aunque se crió en el seno de una familia de clase media de East Saint Louis, publicó 61 álbumes, compuso la música para cinco películas, entre ellas, la mítica Ascensor para el cadalso (1957), dirigida por Louis Malle y ganó nueve premios Grammy (dos, de manera póstuma).

Su álbum Kind Of Blue (1959) es el disco más vendido en la historia del género y su música tuvo una fuerte influencia que superó las fronteras del jazz; su estilo sigue siendo reproducido por diferentes artistas que toman su sonoridad como emblema del jazz moderno.

Miles Davis fue la puerta de entrada al jazz de una enorme legión de amantes del género.

Miles falleció el 28 de septiembre de 1991, en Santa Mónica, California, como resultado de una hemorragia cerebral seguida de un coma al que se le sumaba una grave insuficiencia respiratoria por una persistente neumonía derivada del HIV. Davis estaba tomando desde meses antes AZT, un medicamento para reducir los efectos del retrovirus. Tenía 65 años.

Un estilo económico, directo y revolucionario

Quizá suene a herejía, pero Davis fue dese fines de los ’50 el artista más reconocido del jazz, al que una gran parte de las nuevas audiencias llegaron a través de su música. El otro fue Louis Armstrong, padre del género, aunque en las antípodas de Davis.

Mientras que Satchmo fue un músico expresivo, Miles era de carácter retraído pero con una facilidad emocional para expresarse que generaba una intensidad serena y vigorosa. Su sonido, como sus solos, se entrelazaba en un mensaje que mantenía esa profunda sensación de soledad. Su estilo económico, directo, limpio y sin vibrato fue un sello a lo largo de su vida.

Desde que llegó a Nueva York, en 1944, fue ganando un merecido espacio. A fines de los ’40 lanzó el cool jazz con Birth of The Cool, un paso más que fugaz por ese estilo que tomó su propia velocidad, especialmente en la Costa Oeste. A mediados de los ’50, junto con Art Blakey, Horace Silver y Clifford Brown, desarrolló lo que se llamaría hard bop.

Directo, Davis dio el primer gran volantazo con Birth of the Cool.

Se trataba de un estilo potente en que el aspecto rítmico recobraba tanta importancia como la melódica. A fines de 1959, popularizó el jazz modal con esa obra de arte que fue Kind Of Blue; y ya en los ’60 decidió quizás dar el paso más arriesgado y sacar al jazz del museo al fusionar su espíritu amplio con la potencia del rock, se llamó jazz fusión.

Contacto con Charlie Parker

Uno de sus grandes momentos que le daría dirección a su vida artística fue cuando se encontró con Charlie Parker en Nueva York, en septiembre de 1944. Parker lo atrajo por su genialidad y pasó a convertirse al poco tiempo en su productor artístico, ya que reunía a la banda de Bird para ensayar y estar a tiempo en los shows, en los que muchas veces el saxofonista no aparecía.

D vis tenía 19 años y lo había conocido cuando la orquesta de Billy Eckstine se presentó en Saint Louis con Parker, Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan y Art Blakey. “Ver por primera vez a Diz y Bird fue la sensación más fuerte que experimenté en mi vida (con la ropa puesta)”, reconoció Davis en su autobiografía, escrita por Quincy Troupe.

Mientras crecía musicalmente en las jams del club Minton’s con dos colegas y trompetistas excelentes como Fats Navarro y Freddy Webster, Miles fue preparando el camino para convertirse en acompañante permanente de Parker y uno de los jóvenes leones con más futuro dentro de la competitiva escena del jazz neoyorquina.

Desde muy joven Miles Davis buscó relacionarse con los innovadores, y su encuentro con Charlie Parker fue parte de esa búsqueda. Foto PROPIAS CLARIN/Archive Photos

Por la mañana asistía a la prestigiosa Juilliard College que terminó abandonando porque “estaban tan cargados de prejuicios contra toda clase de música negra y esa era, precisamente, la música que quería prender”, y por la noche se zambullía en el mundo del mejor jazz. Por aquella época su único interés era la música, no consumía alcohol ni drogas.

Dos maestros de excepción

Su aprendizaje junto a Parker y especialmente, Gillespie fue decisivo en su historia musical. Mientras que Dizz era toda generosidad con sus conocimientos, Bird era reservado y hablaba poco de música, aunque era un verdadero líder en el escenario.

“Era el saxo alto más extraordinario que haya existido, era un músico grandioso, un genio; pero también el más ávido y artero hijo de puta que conocí en mi vida. Vivía pidiendo prestado para sostener su adicción sin el menor interés en devolver alguna vez lo pedido. Además, carismático como nadie, se salía siempre con la suya”, admitía Davis en su autobiografía.

Fue precisamente por no pagarle, que Davis abandonó a Parker y se unió a la banda del pianista Tadd Dameron primero, con quien viajó a París, a finales de la década del ’40, y con la del contrabajista Oscar Pettiford, después. Iba ganando espacio y reconocimiento dentro de la escena.

Sin embargo, Davis reconocía que haber tocado con Parker le dio una confianza que no habría podido lograr por sí mismo. Según parece, Bird no sólo lo empujaba a subir al escenario para tocar con grandes músicos, como Coleman Hawkins, sino que afirmaba que Miles podía tocar con cualquiera.

Jeanne Moreau y Miles Davis, en la grabación de la banda sonora de “Ascensor para el cadalso”.

Ese espaldarazo a los 20 años le sirvió de envión para lograr construir una de las mayores carreras artísticas en el jazz y una seguridad a toda prueba que por ejemplo, lo llevó a apartarse del bebop para desarrollar uno de los discos emblemáticos del jazz moderno Birth Of The Cool (1949).

Tras grabarlo, viajó para presentarse en el Festival de Jazz de París, donde conoció a Juliette Greco, de quien se enamoró. La vida en la capital francesa le provocó una sensación de libertad que jamás había sentido. Su regreso a Nueva York lo devolvió a los conflictos habituales devenidos del racismo y de un ambiente que se iba deteriorando por el consumo de drogas, en el que el mismo terminó.

El trompetista transitó una grave adicción a la heroína de la que terminó de salir, con mucho esfuerzo, en 1954. En este período grabó varios trabajos y siguió labrándose una reputación que sólo hacia 1953 empezó a resquebrajarse aceleradamente, un aspecto que impulsó su lucha por recuperarse. Entonces, se refugió en la granja de su padre, en Illinois, donde su fortaleza emocional logró rescatarlo.

Regreso triunfal

Tras un paso por Detroit, Miles regresó a Nueva York, sintiéndose “bien por primera vez en mucho tiempo”. El músico quería recuperar el tiempo perdido y apenas llegó grabó Miles Davis Vol. 2, para Blue Note y Miles Davis Quartet para Prestige.

Después de haber perdido por su adicción la primera mitad de la década del ’50, la segunda parte fue sólo en ascenso con grandes composiciones como Walkin’, clave en la gestación del hard bop, un estilo que tomaba la impronta del bebop pero progresaba hacia el blues y el soul con un aire de sensualidad que ganó inmediatamente a las audiencias.

El jazz volvía, después de todo, a una estructura rítmica claramente ligada a la música negra. En 1954 grabó diez discos con distintas formaciones y en 1955, cuatro y en cada uno de ellos ser iba acercando al ideal de Davis que lo alcanzó cuando formó su quinteto con John Coltrane en saxo tenor, Red Garland en piano, Paul Chambers en contrabajo y Philly Jo Jones en batería.

Miles Davis y Bill Evans, en las sesiones de “Kind of blue” en 1959. La máquina estaba en marcha.

El mejor grupo de Nueva York que tenía, además, más trabajo que cualquier otro combo. La prueba está en esos cuatro excelentes discos con esta formación Cookin’, Relaxin’, Walking’ y Steamin’, todos grabados en 1956. Sin embargo, tenía un serio problema con esta banda y eran las adicciones de Coltrane y especialmente de Jones, a quienes terminó tiempo después echando.

En 1958, Davis lanzó Milestones, una verdadera obra maestra, en sexteto con Cannonbal Adderley en saxo alto, un disco de una energía despiadada y que dejaba atrás esa pudorosa pulcritud en el sonido de su trompeta.

Tras esta grabación despidió a Jones y a Garland y llegaron Jimmy Cobb y Bill Evans, cuya influencia desde el piano quedaría plasmada en el siguiente álbum, Kind Of Blue (1959), que convirtió aquella energía de Milestones en “un fuego tranquilo”, según Davis. En el momento de grabar el disco Evans ya se había ido de la banda y fue llamado para participar de este disco.

“No había partituras sino una especie de bosquejo de la música que pretendía grabar Davis”, contó tiempo después Adderley, y los temas fueron tomando cuerpo en el estudio de Columbia. No hubo ensayos y la idea fue tocar menos, con pasajes muy concretos que evitaban las largas improvisaciones habituales.

Dos comentarios muestran de forma excelente cómo se produjo este disco. Cuando terminaron, Adderley le preguntó a Miles: “¿Esto es todo?” Y cuando Davis escuchó el master admitió que “no salió como (él) quería”. Lo cierto es que fue un disco aclamado por el público, que cayó en esa hipnótica atmósfera que generaron las cinco composiciones del disco.

Miles y Bill, en las sesiones de “Kind of blue”, en 1959, en busca de la perfección.

Una inicio de década con fama… y drogas

El comienzo de los años ’60 encontró a Davis disfrutando de una enorme fama pero nuevamente sumergido en las drogas. La la cocaína lo llevó a tener verdaderas batallas con su esposa, Frances Taylor, a quien entre otras cosas la celaba hasta llegar a la violencia física.

En lo musical, tras varios intentos, logró formar otro gran quinteto, quizás superior al de los años ’50, con Wayne Shorter en saxo tenor, Herbie Hancock en piano, Ron Carter en contrabajo y el maravilloso Tony Williams en batería, un virtuoso que con sólo 17 años le había sugerido al mismísimo líder que practique más seguido.

“’Miles, ¿por qué no practicas?’, me dijo una noche a la salida del escenario. Yo me saltaba notas tratando de no quedarme atrás y efectivamente, volví a practicar, cosa que había dejado de hacer”, recordaba el trompetista. El primer álbum de este soberbio quinteto fue Miles in Berlin (1965).

Tanto con su noneto, a finales de los años ’40, como con sus quinteto y sexteto en la década del ’50 y ahora con este soberbio quinteto logró redefinir continuamente el vocabulario del jazz moderno; incluso llegó a tomar prestado algunas ideas del free jazz con un criterio que lo alejaba de la mera imitación.

Miles junto a Shorter conseguían crear una brillante propuesta en la cual la sensación de libertad era palpable. Mientras esa sección melódica mostraba una sutilidad superlativa la interacción de la sección rítmica era fundamental como soporte.

Cirugías, prótesis y psicodelia

Fuera del escenario, Davis se debatió con la salud; en abril de 1965 le reemplazaron la cadera con un hueso extraído de la tibia pero falló el implante y debieron volver a operarlo para reemplazarla por una prótesis de plástico. En noviembre, ya repuesto volvió con una serie de conciertos en el Plugged Nickel, de Chicago.

Al año siguiente una infección hepática lo tuvo tres meses en el hospital aunque, recuperado, salió de gira por diferentes universidades. Toda esta discontinuidad en su carrera había generado una caída en sus ventas del 60 por ciento. Su altísimo contrato con Columbia estaba en discusión.

Davis era nada proclive a victimizarse y regresó al estudio, grabó cinco discos Miles Smiles (1966), Sorcerer (1967), el hermoso Nefertiti (1967) y Miles in the Sky (1968), en el que participa el guitarrista George Benson y Filles de Kilimanjaro (1968).

El trompetista buscó adaptarse a los nuevos tiempos y su espíritu psicodélico; y en el escenario interpretaba como sets continuos toda esa nueva música que tomaba la sensación de una suite. En Miles in the Sky y Filles de Kilimanjaro hay guitarra, bajo y piano eléctrico; el siguiente paso de Davis, el jazz fusión, estaba a la vista.

Cinco disparos en Brooklyn

No sólo llevó el jazz a la electricidad sino también le sumó el rock. En febrero de 1969 en una sola sesión graba otro de sus grandes trabajos, In a Silent Way con Shorter, Hancock, Williams, Dave Holland, Chick Corea, John Zawinul y John McLaughlin.

Un verdadero supergrupo que respaldó la entrada de Davis en las listas de ventas de la Billboard como uno de los mejores discos del año pero con toda la crítica del mundo del jazz acusándolo de haberse vendido al rock.

En octubre de ese año, estando en Brooklyn, con Marguerite Eskridge en su Ferrari recibió cinco disparos que apenas le provocaron un rasguño mientras que su compañera, con quien tuvo un hijo, Erin, salió ilesa. El ataque se debió al manejo del negocio de las contrataciones en el circuito de clubes y a que un manager blanco manejara los shows de Davis.

El trompetista ofreció una recompensa de 5000 dólares por la información de quiénes habían sido los atacantes. Por cierto, al que disparó contra Davis lo encontraron muerto en un callejón. “Alguien al que no le gustó lo que había hecho le disparó”, según contó en su autobiografía el trompetista.

En abril del 70, el doble Bitches Brew, con composiciones editadas con empalmes que las hacían súper largas, logró ubicarse en el puesto 35 de la Billboard, con ventas que alcanzaron rápidamente el medio millón de copias y saltó a escenarios del rock, como por el ejemplo, el Fillmore East, en Nueva York donde teloneó a Neil Young con Crazy Horse y a Steve Miller Band en sendos conciertos.

Los puristas del jazz ya se habían cansado de objetar la actitud de Davis en relación con el jazz y con los instrumentos eléctricos, pero ahora quienes se volvían contra el trompetista eran los sectores más duro de la comunidad negra, que lo acusaban de haberse vendido a la cultura blanca del rock. Davis siguió impertérrito frente a las críticas.

Ese año actuó en el Festival de la Isla de Wight, ante unas 500.000 personas, donde arregló con Jimi Hendrix, a quien ya conocía de antes, llevar adelante un proyecto conjunto que no logró concretarse por la muerte del guitarrista, ocurrida en septiembre de 1970.

Su economía y sus ventas habían subido de manera vertical y el jazz se inclinaba peligrosamente hacia la fusión con grupos como Weather Report y Return To Forever.

Aunque con cambios permanentes en la formación de sus grupos, Davis había captado hacia dónde iba la música y sorprendió nuevamente al mundo con On The Corner, (1972), un trabajo que llegó el puesto número uno en la Billboard pero que Columbia trató como otro disco de jazz cuando, según Davis, estaba dirigido al público joven de la comunidad negra.

Un accidente automovilístico ocurrido ese mismo año, provocó la rotura de los tobillos de Miles y volvió al consumo abusivo de cocaína y analgésicos.

Una puerta abierta al Japón

Entre 1972 y 1975, Miles siguió con las grabaciones de Big Fun y Get Up With It y giras por diferentes países. Pero mientras Japón se abría a su música, Davis seguía con serios problemas de salud lo que llevaron a intentar paliar los dolores en las piernas, y sobre todo en su cadera, abusando de la morfina y de la codeína.

Su actitud retraída, tocando de espaldas al público, sin decir una palabra en todo el concierto, algo que venía haciendo desde los años 50, se convirtió en parte de su sello personal. Miles debió internarse por úlceras y una hernia, y en agosto de 1975 abandonó la escena por cinco años.

Cinco años sin escenarios, con cárcel y más drogas

Fueron años de drogas, mujeres y proyectos que no se terminaron de concretar. Por un lado, fue encarcelado por una denuncia de Eskridge, madre de su hijo Erin, por no pagar alimentos, y el trompetista debió pagar 10.000 dólares para salir bajo fianza. Por el otro, reanudó su relación con Cecily Tyson y se casaron.

Davis contó alguna vez que Taylor lo ayudó a abandonar la cocaína. Pero, de todos modos, volvieron los problemas y terminaron separándose. Al retomar su actividad artística, Davis debió practicar seriamente con la trompeta. Había perdido la embocadura y la potencia para tocar, y su siguiente disco, The Man with The Horn, tuvo poca suerte en las ventas.

Como si todo eso fuera poco, en 1982 sufrió un derrame cerebral del que logró reponerse, aunque con algunos problemas de movilidad en su mano derecha.  El momento coincidió con el aumento de su interés en la pintura.

Los últimos años de Davis fueron desparejos en términos artísticos y muy condicionados por su salud. En 1985 le diagnostican diabetes y se conviertió en insulinodependiente.

Sus discos Star People (1983), Decoy (1984) y You’re Under Arrest (1985), con una versión de Time After Time, de Cindy Lauper, y Human Nature, de Michael Jackson, no desertaron demasiado interés, como tampoco la propuesta que acercó a Columbia para grabar clásicos de la música pop.

Sin embargo, con Tutu (1986), producido por Marcus Miller, donde utilizó samples, sintetizadores y loops de batería, ganó un Grammy a la Mejor Interpretación Instrumental de Jazz y recobró de alguna manera su espacio.

Pero una vez más, los inconvenientes con su salud se agravaron, a tal punto que tras un concierto que dio en España, un desmayo obligó a su hospitalización. Pero aunque los rumores de que Davis tenía Sida comenzaron a correr, su representante explicó que se trataba de un cuadro de neumonía y que se estaba recuperando satisfactoriamente. En tanto, lanza Amandla (1989).

En 1987, Miles salió a defender su fantástico Tutu, con el que una vez más cambió el rumbo del jazz. Foto AP

El “Picasso” del jazz

En julio de 1991, el artista compartió con Quincy Jones el escenario del Festival Montreux (el disco saldría en 1993) y recibió del gobierno francés la condecoración de Caballero de la Legión de Honor de manos del ministro de Cultura, Jack Lang, que lo definió como el “Picasso del jazz”.

A su regreso a Nueva York, grabó Doo Bop, que saldría en 1992, meses después de su fallecimiento, y viajó a su casa de California. Su último concierto fue el 25 de agosto en el Hollywood Bowl mientras se debatía por los fuertes dolores de cadera y una neumonía persistente que le impedía respirar con normalidad.

Por aquellos días, Davis estaba en pareja con su profesora de pintura Jo Gelbard en un ambiente de violencia doméstica.

Una discusión con los médicos le provocó una hemorragia cerebral que lo dejó en estado de coma agravado por su neumonía -al parecer, como enfermedad oportunista del HIV- y mecánicamente asistido, hasta que la decisión de desconectarlo del aparataje provocó su muerte, en los brazos de Gelbard.

Su funeral se realizó en la Iglesia Luterana de San Pedro, en Nueva York, al que asistieron más de 500 personalidades del arte y del negocio musical, y fue enterrado en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, muy cerca de la tumba de Duke Ellington.

**file** miles davis holds a glass of orange juice after En 1991, Miles fue galardonado con el título de Caballero de la Legión de Honor, en Francia. Foto AP-STF/Remy de la Mauviniere

En su período eléctrico, cuando le preguntaban por qué había dejado de hacer composiciones tan emblemáticas como la de Birth Of The Cool o las de Kind of Blue, Miles Davis señalaba: “Toda esa música se hizo en la época y la hora y en el día correcto. Tenía la energía de ese momento y me gustaba, pero hoy ya no lo siento. Sería como comer algo recalentado”.

Los cinco discos que no podes dejar de escuchar

-Birth of The Cool (1948/7).

-Milestones (1958)

-Kind Of Blue (1959).

-In a Silent Way (1969).

-Bitches Brew (1970).

E.S:

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