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Sweet 16: por la pandemia, hay un boom de festejos de 15 con más de un año de delay

Después de un año y medio de cancelaciones por la pandemia, no hay respiro para quienes organizan eventos. Más allá de los bar y bat mitzvahs, hay un ejército, puntual, de celebrantes tardías. En femenino. Festejan los 15 con delay.

Es todo un brote de chicas que empezaron a programar la fiesta a los 14 y les toca -o tocó- celebrarla con 16. “Cambió en todo”, dicen las entrevistadas a Clarín. Una minoría logró suspender y que les devuelvan el dinero, el resto, la gran mayoría, tuvo que “festejar igual”.

¿Qué es “cambió todo”? Que los eventos dejaron de ser tradicionales. Las quinceañeras están reconvertidas, y es menos “un 15” y más un Sweet 16, como en Estados Unidos. Están más cerca de la excitación de Bariloche -y todo ese sentimiento de “escuadrón” de amigos-, que de ser “la reina de la noche”. De querer más su primer auto que de elegir la mesa dulce. Un recorrido por las fiestas argentinas de 15, que ahora son de 16.

No más nenas

Las party planners tienen una sola misión: “Que no se sienta una nena”. Eso les piden. Más diversión y menos familia.

No es sólo cuestión de agregar una rosa más al ramo o cambiar el 5 por un 6 en los globos rose gold en la decoración. Se le aclara al servicio de fotografía que no van más las fotos mesa por mesa con los invitados y al DJ que es todo “más boliche”, “más al palo”. Antes, se invitaba solo a los del curso y, cuanto mucho, a los del club -todos tenían la misma edad- y ahora, además de un eventual novio, hay menos tíos lejanos y más chicos de hasta 20 años. En la mesa principal están los amigos, y ya no los padres. La mayoría no quiere saber nada con el vals o lo bailan con música de la serie hot Bridgerton. De una fiesta de 15 no quedó ni el look: las cumpleañeras prefieren el shortcito sexy que el vestido blanco acampanado.

A la fiesta de Sol en Madero Tango fueron amigos de su hermano más grande, con los que también suele salir de noche.

La fiesta de María Sol Kerol tenía que ser el 26 de abril de 2020. Se canceló cinco veces y recién entró a ese exclusivo salón de Madero Tango, en Puerto Madero, a comienzos de este mes. “Yo había hecho un book de fotos cuando tenía 15 y quise hacerme otro a los 16. Estaba muy ‘chiquita’, no me gustaba. También hice otro video y, ahora más de grande, quise hacer un clip de entrada. El vals fue cero tradicional, sólo con mi papá y mis hermanos, y fue con una canción de reggae“, cuenta a Clarín. Sol se negó a hacer el clásico video “Mi vida en fotos”: no quería mostrar la clásica transición “niña a mujer” con su familia.

Fue una quinceañera reconvertida que no entró en carroza o del brazo de sus padres sino por un camino de fuegos artificiales fríos. “No entré como hacen todas, por la escalera. Fui directo al centro y ahí había una explosión de papelitos blancos”, sigue. Entre los 121 invitados, había chicos de otro curso y hasta amigos de su hermano más grande, con quienes suele salir. “Estaban todos muy manija (arriba), no hubo un momento de la noche con gente sentada”.

La idea del vestido de Sol también cambió. “Me iba a hacer un vestido mucho más tapado, de ‘princesita’, que parecía de novia, y me terminé haciendo un corset con dos tiras cruzadas en la espalda, con encaje, y un shortcito debajo de una pollera transparente blanca. Con tacos, obviamente. Después me saqué la pollera y me quedé con el shortcito“.

La tendencia audiovisual de las fiestas de 16 no deja a los camarógrafos afuera de la fiesta, porque “se necesita más contenido para Instagram”, pero todo es más en formato casual o chill, como dice ella, relajado. Hay sillones, cabinas, cuadros de luces y, en algunos casos, marcos de led para sacarse fotos con o sin la cumpleañera.

“Cuando se fue complicando, que se pasaban las fechas, se me fueron un poco las ganas de festejar y estaba más la idea de que me compraran un auto. Pero cuando empecé a preparar todo y vi que mis amigos estaban ansiosos porque festeje, la hice y no me arrepiento“, cierra Sol. En su curso, dos chicas más van a festejar, frente a siete que cancelaron todo. Ella tenía todo pago desde 2019. 

Zoe, con transparencias y culote, en su fiesta de 16.

“Tuvimos que reprogramar 600 eventos, de los cuales el 80% son fiestas de 15″, dicen a Clarín desde Janos, que tiene una veintena de salones entre zona norte y Capital. ¿Más detalles de los cambios? Si se deja de lado la inflación, que en algunos casos implicó el 40% de reajuste, las chicas festejan, dicen, con más ganas de “agitar” toda la noche con sus tribus, con sus canciones, con sus pasitos, que con tíos lejanos.

La fiesta de Zoe Ferrari iba a ser el 31 de octubre de 2020 y terminó siendo, exacto, un año después, en un salón de Ramos Mejía. Por las reprogramaciones, tuvo que reconfigurar todo en 35 días. Bailó el vals y entró con su papá. Pero uno de sus dos cambios de ropa fue un mono, muy cortito, negro. El otro fue con shortcito, escote y transparencias. Por la cabina de fotos también pasaron sus compañeros del trabajo. A diferencia del año anterior, con 16, ya es modelo de una de las marcas de vestidos más importantes del país.

Por su profesión, cambió el “aburrido video de las fotos cronológicas”, por una parodia de la película película Zoolander. “La idea del vestido se modificó completamente. A los 15 quería un vestido diseñado por mí y a los 16 terminé usando uno de la marca que desfilé. Estuve en la recepción con algo más informal”, cuenta. A Zoe, en ese año de delay, también se le cruzó por la cabeza cancelar.

Los 15 años con delay. Las chicas ya tienen 16 años y festejan más como en el boliche

Más que un cambio de tendencia, para Adriana Laboudigue, diseñadora de Las Marías de Veracruz, hubo un cambio “de edad”. No es una cuestión literal. “Es un cambio de mentalidad”, insiste.

“Una nena de 15 años, si bien ya quiere ser sexy, siempre sigue siendo una nena. Una chica de 16 es una mujer y quiere ser una modelo“. Cuenta que “van a lo muy, muy, sexy”. Transparencias. El vestido largo con shortcito, es el nuevo “blanco con corte princesa”.

El boceto del vestido de “antes”, más romántico.

“Para todas las que llegaron con 14 años, con un estilo de vestido, que no pudieron festejar a sus 15 y ahora tienen 16, tuvimos que replantear el diseño. El vestido que estaba bocetado quedó en la nada. De hecho, tengo ahora a una nena que ya lo tenía completamente bordado en piedras y vamos a tener que reformular la falda, para hacerlo más sexy. Con un tajo y un desnivel de ruedos”, puntúa.

El boceto del vestido de “después”, mucho más jugado.

Sobre los colores, Adriana sí dice que hay un trend muy fuerte: nada que grite 15 años. “No quieren ni blanco ni marfil. Hice todos los colores que te puedas imaginar. Azul, rojo. Brillos”.

Las chicas de 16, sus flamantes clientas, también llegan más “indecisas”. Pero tienen algo claro: “Quieren lo que ellas digan, no lo que diga la mamá”. El género es importante, porque siguen siendo las madres las que las acompañan. “Vienen con la idea de que no quieren ser la nena de 15. Con fotos de Pinterest de modelos, no de famosas de acá de su edad. Las chicas no saben qué quieren. Hay que trabajar y armar vestidos de 16”. 

En su segundo cambio, Zoe optó por un sexi mini mono negro.

De nuevo, ya más grandes, ellas deciden todo. “La mamá puede hacer un comentario… pero son chicas que ya van a bailar. Predomina lo sexy, muy sexy, mucha transparencia. La pandemia nos llevó muchas ilusiones así que se ve también que las chicas no quieren festejar. Pero la mayoría ya tiene contratado el salón. Es venir, replantear y ver qué hacer. Les resulta raro festejar de grande. La forma de pararse ante la vida es otra”, sentencia. En su atelier, pospandemia, ya está reconvirtiendo los últimos vestidos de este nuevo -y fugaz- estilo de quinceañeras.

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