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Real Madrid, un campeón a lo Boca: pierde en el ping pong pero hace más goles que su rival y siempre festeja

En el mismo instante que el brasileño Marcelo –sí, el viejo capitán que tuvo su época dorada, pero se va sin jugar un minuto en la final- alza la Orejona y vuelan las serpentinas, empieza una discusión que fluye en las redes sociales, esa tribuna virtual, el bar que no necesita café. Y con las estadísticas a mano en estos tiempos del big data, muchos se preguntan: ¿es un justo campeón Real Madrid? Y hay otro interrogante mucho más subjetivo: ¿mereció ganar?

Y como el fútbol es pasión y se lleva en las venas, brotan hinchas del Liverpool en cada sillón. Indignados porque Thibaut Courtois desafía la lógica, y quizá no haya nacido en Bélgica sino en Kriptón, se quejan: “¿Cómo puede ser que hayan sido campeones si patearon una vez en noventa minutos y el arquero fue la figura, tapó 9 pelotas?”. En realidad, fueron dos remates merengues, uno terminó en gol y bastó para conquistar el torneo más importante de Europa.

Porque a fin de cuentas, en este deporte sólo basta con hacer un gol más que el otro para ser campeón. O tener mejor puntería en los penales. Tan sencillo como eso, por más que se indignen los catedráticos de la pelota, aquellos que buscan una explicación científica. En el medio, claro, está el análisis. El desarrollo del juego, la táctica y la estrategia. También, los imponderables. Pero no siempre gana el que juega mejor. A veces, es suficiente ser más inteligente que talentoso. ¿Y cuál sería el problema?

“Es un lindo debate para nuestro continente”, le decía Mariano Closs a Diego Latorre cuando cerraba la transmisión de ESPN. Y justamente esta discusión está en el tapete de los argentinos, donde el campeón más fresco es Boca, ni más ni menos.

Real Madrid pateó menos al arco que el Liverpool pero festejó en Paris. Foto: FRANCK FIFE / AFP.

Ocurrió después del triunfo por penales ante Racing, el Liverpool argentino, colores al margen, más parecidos a los del vecino. Hubo una gran superioridad en el primer tiempo. Para muchos, fue un baile. Tuvo cuatro situaciones de gol. Y falló. En el segundo tiempo, la Academia dominó, pero no fue agresivo. Agustín Rossi fue figura en los penales y los merecimientos quedaron en un montón de nada. Los hinchas aplaudieron. Al otro día, los pibes de las inferiores le hicieron un pasillo, exclusividad de los campeones. Vade retro del resultadismo. Una semana después, Boca le ganó 3 a 0 a Tigre y dio la vuelta olímpica. ¿Fue el mejor de la Copa de la Liga? ¿Importa?

“El que gana no se discute”, dijo Pep Guardiola. Fue en la previa del duelo con Atlético de Madrid, cuando los colegas europeos querían ponerlo en la vereda de enfrente de Diego Simeone en esa polarización de estilos que tanto discutimos. El Manchester City sufrió en carne propia al mismísimo Real Madrid en la semi de vuelta. Fue inmensamente preponderante, pero terminó perdiendo sobre la hora. ¿Habrá cambiado de opinión el entrenador catalán? De ningún modo.

Real Madrid bajó al PSG de Messi, Neymar y hasta de Mbappé, esa figurita difícil, con todos los petrodólares a cuestas. Liquidó al Chelsea, el último campeón; al City y al Liverpool. Sí, en fila despachó a tres equipos de la Premier League, para los amantes del fútbol, el mejor campeonato del mundo. ¿Fue superior? ¿Mereció ganar? ¿Importa?

Boca recibió críticas, algunas justificadas, claro está. El equipo ganaba por la jerarquía individual, pero no encontraba el mejor funcionamiento. No brillaba, más allá de sus fulgurantes figuras. Pero dio la talla en los partidos clave. Le ganó a Estudiantes en La Plata, a River en el Monumental (con Rossi como figura), eliminó a Racing en los penales, se sacó de encima a Defensa y Justicia, a Tigre y a Deportivo Cali. En estos últimos tres últimos partidos, hubo un mayor volumen de juego, con más asociación de los volantes e intensidad en ataque.

¿Fue el mejor? Para muchos fue Racing, pero hasta quedó eliminado de la Copa Sudamericana cuando necesitaba empatar de local con el River uruguayo. Jugó mejor. Pero no alcanzó. Y no cumplió ninguno de los objetivos que se planteó. “Tiramos el semestre a la basura”, dijo Fernando Gago cuando entró al vestuario, tras la caída en el Cilindro. Está claro que, más allá del buen rendimiento que tuvo el equipo a lo largo del torneo, el resultado fue predominante en su apreciación.

Como Courtois contra Liverpool, Rossi fue héroe de Boca ante Racing en los penales. Unos días después, el Xeneize fue campeón. Foto: Marcelo Carroll.

Mientras no haya una Copa Merecimiento, lo único que importa son los puntos que suman en la tabla de posiciones. Es tan rico el fútbol que no se necesita ostentar de la posesión de la pelota para ganar. Ya lo dijo Carlos Bilardo, que sufrió el crítica mediática porque “no gustaba”.

“Para mí, estilo sólo hay uno. Eso me lo enseñaron en la facultad de medicina. Si vos a un enfermo no le das la dosis correcta de medicamento, chau, se fue. En el fútbol lo que sirve es ganar, ganar, ganar. El resultado sí que sirve. Para lograr el resultado hay que hacer esto, para operar un corazón hay que saber medicina. Pero lo que sirve es ganar”, dijo el Doctor. Y nos dio un Mundial. Con un buen equipo, cabe decirlo. Pero en Italia ’90 llegamos a la final gracias a Goycochea y sus reflejos en los penales. ¿Merecidamente? Nadie se lo hubiera preguntado si se lo atajaba a Brehme y Argentina volvía festejar. 

Para los pragmáticos, todo método es válido. A veces hay que tener orden, concentración, intensidad, personalidad y aprovechar las oportunidades, como un cazador que busca a su presa. Boca y Real Madrid pueden no jugar más lindo que otros, pero son efectivos. Eso también es jugar bien. Sólo basta ver la sonrisa de sus hinchas, por más espinoso –y criticado- que hayan sido sus caminos al éxito. El resto es cuestión de gustos. Y sobre gustos, ya se sabe, nada hay escrito.

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