la-oposicion-gana-fuerza-ante-una-crisisPolítica 

La oposición gana fuerza ante una crisis

El raid punitivo que emprendió Elisa Carrió sobre la franja de Massa de Juntos por el Cambio como respuesta a la llegada de Sergio al poder, es el más alto que ha emprendido en su carrera política.

Antes de aparecer el lunes en “Desde el llano” ya se le había escuchado decir en charlas privadas: la llegada de Massa va a servir para una purificación de Cambiemos.

En ese diagnóstico pesa una percepción del grado de audacia sin límite del ex intendente de Tigre. Busca vacunar a los socios de Cambiemos que vienen del peronismo de una dolencia mansa pero resiliente: la seducción que tiene Massa sobre algunos políticos de su generación, sean neoliberales o populistas, para emplear la jerga al uso.

Para ellos es un flautista de Hamelin con partituras para todos los ritmos, que ejerce un embrujo sobre la dirigencia directamente inverso al prestigio que tiene en el público.

Es el elegido de los criadores – los dirigentes- porque tiene precio, aunque encabeza, cómodo, los índices de desprestigio de los colegas en todas las encuestas. Ni aun buscándolo llegaría nadie a tener tal grado de desconfianza del público, lo cual convierte en una broma de masoquistas el pedido de los cabecillas de la Unidad Piquetera. Coparon el Obelisco al grito de “¡Queremos que Massa nos reciba!”. ¿Para qué serviría ese diálogo entre pinochos? Es difícil creer que el raid le haga perder votos a la oposición.

Solo se puede acordar cuando se tiene fuerza

La prevención frente al contagio massista persigue: 1) impedir que el oficialismo despliegue su panoplia de ofertas de acuerdo con la oposición para hacer avanzar proyectos de su interés. Uno es conversable, el presupuesto. Otro – que se cierne calladamente – es negativo para la oposición: la suspensión de las primarias PASO, que es el proyecto político más viejo del gobierno.

2) Aferrar la unidad de la oposición para asegurar su capacidad de responder ante un colapso económico e institucional. ¿Con qué fuerza, sino, podría ir una oposición massificada a sentarse en una emergencia terminal sin ser arrastrada al desastre?

No es una quimera. En 2019 y 2020, la oposición aportó su poder para que se votasen las leyes Guzmán (emergencia y sustentabilidad de la deuda). Este año el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional pudo ser ley por el aporte de la propia Carrió, que propuso el atajo de desacoplar la autorización a firmar el acuerdo, del plan para su cumplimiento. Ese desacople permitió que existiera acuerdo y destrabó un entuerto que no podía superar ni el oficialismo ni la oposición. Fue un servicio al interés público.

Blindar el juicio Vialidad

Se va a equivocar quien crea que se trata de un exabrupto temperamental de Carrió, que no está loca ni trabaja contra su interés, como imaginan algunos adversarios.

Ese error suelen cometerlo también los adversarios de Cristina de Kirchner, que tampoco está loca ni trabaja contra su interés. La diferencia está en que para la vicepresidenta el interés público se confunde con su interés privado.

Eso la lleva a reclamar fueros de poderosa y, como ocurre en el proceso de la obra pública bajo su gobierno, o en la causa cuadernos, se defiende con el argumento de que en todos los gobiernos hubo cartelizaciones y comisiones. Por eso pide se auditen los contratos desde el virreinato para acá.

El trámite del juicio Vialidad, y la llegada de Sergio Massa al gabinete, la empujaron a resetear las relaciones con sus socios. Sabe que no arriesga una división. A quien la señalase como una amenaza a la unidad, respondería que su gesto no es más cismático que los pininos de Patricia Bullrich con los liberistas de Javier Milei (a los que tienta para alianzas en algunas provincias), cuando se indignó con Carrió por sus últimas apariciones en los medios.

En la noche del miércoles, después de su clase en el Instituto Arendt junto a Fernán Quirós, Lilita encabezó una cena de celebración del avance del juicio a la obra pública, motivo remoto de su reaparición en los medios.

Una manera de contestar el ataque de los encausados – Cristina et al. – hacia fiscales y jueces, embarrándolos con partidos de fútbol. Exaltó ante el pleno de los bloques de diputados nacionales y legisladores de la CABA la figura de la diputada Paula Olivetto, que encaminó la denuncia penal en 2008.

En esa cena, que animó a La Parolaccia de la Recoleta, Lilita invitó especialmente a Alfonso Prat-Gay y Pedro Lacoste, compañeros de ruta en 2013 en UNEN. A la misma hora, Macri cenaba en Acassuso con legisladores del PRO, entre ellos Federico Angelini.

“¡Gracias carterita!”

El diseño estratégico de Carrió parece claro: poner a la coalición en un nivel superador de lo que es hoy. Buscó lo mismo después de las elecciones legislativas de 2013.

Carrió se retiró en ese momento del FAUNEN – Frente Amplio Unen – que había hecho una gran elección en la CABA: 2ª. fuerza con más del 32% de los votos. Rechazó el veto de Pino Solanas a Macri durante un acto en el palacio Rodríguez Peña de Capital. Carrió, que lo escuchaba desde la platea, se levantó del acto y se fue a comer pizza. Clavó el mito de que le bastó con tomar su cartera para hacer saltar aquella coalición. Fue en agosto de 2014.

Poco tiempo después se reunía con Macri y nacía Cambiemos. El 25 de octubre de 2015, cuando Macri logró entrar en un ballotage presidencial que aseguraba su triunfo ante Daniel Scioli, Lilita posteó en un tuit: “¡Gracias carterita!”. El éxito electoral de 2013 fue un ensayo con luces y trajes de Cambiemos.

Pero necesitaba superar el anclaje en el ala peronista como la que representaba Solanas, que terminó sus días en olor de kirchnerismo. Esta vez busca una plataforma más sólida que supere a la victoria de JxC en las elecciones legislativas de 2021.

La amenaza de suspender las PASO

Carrió presume que el gobierno va a necesitar algún anabólico para sacar leyes del Congreso, empezando por el Presupuesto. Pero, más importante, para sancionar una ley que suspenda las elecciones PASO. Alberto Fernández alentó la iniciativa desde que asumió, pero se frustró por el encono con el que la oposición logró evitar que desapareciera ese instrumento, que se ha convertido en una herramienta de provecho.

La evaluación de los baquianos de Cambiemos es que las PASO son imprescindibles para ordenar a las tribus de la coalición. Se demostró en las legislativas de 2021, cuando ganó las generales después de unas PASO que movilizaron como nunca al voto del no peronismo.

La eliminación de las PASO, creen en la oposición, le viene mejor al peronismo gobernante, y también al de una tercera vía – también pan peronista – como la que pueden animar gobernadores como Juan Schiaretti, que a su vez puede arrastrar a fuerzas menores, como las que se nuclean hoy en bloques disidentes del peronismo en el Congreso.

A esta necesidad estratégica se suman los argumentos conocidos, como el gasto descomunal que significan las PASO, un festival de la lista única y que sólo sirve para castigar a los traidores: es un sistema de validación de candidaturas, no de selección de candidatos.

El gobierno, si se esfuerza, puede lograr la mayoría especial que requiere una ley electoral como ésta. El ataque preventivo de Carrió ha buscado interceptar estos ladridos massistas hacia la oposición – como calificó el Papa Francisco al acoso de la OTAN en las fronteras de Ucrania, que provocaría, según su mirada, la invasión rusa.

No repetir Gualeguaychú

Lo demás no es civil, penal, ni contencioso- es apenas correccional. Se trata de los modos como Carrió ejerce su rol de estratega, que es central en la coalición opositora. Lo saben quiénes la admiten como socia, aun cuando ella resigne representar en persona a la Coalición en la mesa nacional.

Carrió le da el ISO 9000 a Cambiemos en el electorado de la CABA y los grandes distritos – que es lo que ella cuida más – y valida otros excesos y liberalidades de sus socios, que ella tolera como espera que la toleren a ella. Busca marcar la cancha en busca de ese nuevo formato de Cambiemos sin pasar por un nuevo Gualeguaychú. Es decir, sin someter a la coalición al stress del abrazo del oso de algún sector del peronismo, y lograr en 2023 una superación de lo que se logró ganando las elecciones de 2021.

Una explosión controlada

El efecto que buscó Carrió no tardó en rendir frutos. Los jefes de la coalición se entregaron a un frenesí de debates solapados, del cual salió la respuesta pública – rara unanimidad – de los afectados. Resolvieron suspender la reunión de la mesa nacional prevista para el martes 16.

Nada indica que peligre la unidad de la alianza, pero hay cables sueltos que hay que atar. Esa cumbre iba a tener lugar en la sede del sindicato de Gastronómicos de Capital, santuario del Peronismo Republicano de Miguel Pichetto.

Tenía como objeto presentar el primer diseño de un programa de gobierno de Juntos por el Cambio para 2023. La faena está a cargo de las fundaciones de cada partido, que trabajaron en diez ejes específicos de gobierno.

Gerardo Morales recibió el martes pasado el informe sobre esos diez puntos de los peritos de la Fundación Alem, que coordina Jesús Rodríguez. La desafección de los caciques de JxC no es nueva, pero no era momento de juntarse en público.

No sin antes despachar las disidencias en una reunión privada y sin faroles, que debe ocurrir antes de cualquier reaparición de la mesa nacional. “Tenemos que decidir cómo vamos a salir de esa reunión, no cómo vamos a entrar”, aconsejó Mario Negri. El jefe de los diputados de la UCR no dejó de hablar con ninguno de los caciques de Cambiemos, hasta que logró pacificar las réplicas.

Inquinas viejas

Para cauterizar esa vía, Carrió se respalda en la coincidencia con Macri en torno al pan republicanismo como contradicción del pan peronismo. Es un uso instrumental de ese dictamen, porque Macri incluye entre los pan peronistas de JxC a Horacio Rodríguez Larreta, con quien arbitra una candidatura presidencial para 2023.

Ese uso capcioso del pan republicanismo le tapa la boca a Macri para quejarse de los dichos de su socia. Sostener el pan republicanismo es “defender los valores de Cambiemos” – lema de la campaña de Mauricio – pero para respaldar al adversario de Macri, que hoy significa Larreta.

En lo demás, Carrió fumiga hacia adentro del PRO con observaciones sobre sus adversarios internos de siempre. No son nuevas sus inquinas con el ala Frigerio-Ritondo, tampoco hacia Patricia Bullrich, a quien señala como volcada a un sesgo autoritario, que coquetea con los ayatolas de la ortodoxia económica como Milei.

En relación con el radicalismo insiste en su diferencia del nosiglismo. Pero la medida de su distancia con Gerardo Morales, el jefe de la UCR, la da la moderación de la respuesta que este dio durante su gira por Santa Fe el jueves y viernes pasado.

Con el propio Macri tuvo una diferencia que costó superar, cuando el expresidente la desairó y no la incluyó en la mesa principal de la cena de la Fundación Libertad.

En aquel momento, Macri sentó en su mesa a Alfredo Cornejo, Patricia Bullrich y Larreta, a quienes además les cedió el micrófono. “Esto marca un punto aparte con Macri”, dijo Carrió cuando se retiró de esa cena en Parque Norte. “Todo relato tiene un punto aparte, como diría Vargas Llosa”, quien esa noche era la estrella de la cena. “Me voy con la carterita, como lo hice alguna vez”, sonreía mientras recorría el pasillo principal del Golden Center, interceptada por invitados que le arrancaban selfis.

LPT (litio para todos)

Morales pertenece, como gobernador, al “triángulo del litio”, como el massista gobernador Gustavo Sanz, de Salta, que viene de poner a la nueva secretaria de Minería.

Esa panacea que es el litio congrega intereses que se mezclan con la política, en el oficialismo y en la oposición, y es otra de las venas abiertas que ha querido cerrar Carrió con el señalamiento de los pan peronistas amigos de Massa, que pueden tener intereses en ese negocio.

Morales mandó a borrar un primer mensaje airado para que no se viralizase y escalasen las especulaciones sobre qué y quienes juegan en ese triángulo del litio, que en la Argentina es lo que los geómetras llaman triángulo obtusángulo. Es el riesgo de quien gobierna, que no lo tiene quien hace política sin la responsabilidad de administrar.

Lilita en su ataque salvó a sólo tres nombres: Larreta – dijo que “es honesto” -, Macri y Negri, con quienes dijo haber hablado antes de su aparición en el programa de Morales Solá el lunes en TN. Negri guardó silencio, Larreta se quejó a reglamento y Macri mandó la respuesta a través de Fernando de Andreis, su secretario privado – que no es un político.

Una provocación antes de irse

El gobierno se tienta de aprovechar estas fricciones en el arco opositor. No tiene mucho margen para hacerlo. Lo que incrimina a los adversarios de Carrió es precisamente su relación con el neo oficialismo que encarna Massa.

Y el envión de Carrió se basa sobre la capacidad tóxica de Massa. Deja sin recursos a cualquiera que quiera ponerse cerca de él. Se vio el miércoles en la sesión del Senado, en el voto opositor al proyecto de extensión del blanqueo para la construcción, que llevaba las firmas de Massa y Ritondo.

Massa salió de la presidencia de la cámara de Diputados pidiendo que se aprobasen en el Senado la prórroga del blanqueo para la construcción que firmó con Cristian Ritondo, presidente del bloque PRO. Esa sobreactuación de Massa fue leída como una provocación.

Para el pan republicanismo fue un avance sobre la línea para probar la respuesta de la oposición. Ahí la tiene. La oposición votó en contra del proyecto en el Senado ese mismo miércoles. Este avance tenía un antecedente: el voto del área protegida “Agujero Azul” – rechazado por la Coalición – por parte de Emilio Monzó, Domingo Amaya, Sebastián García de Luca y Margarita Stolbizer.

Entraron al Congreso por JxC, pero buscan algún entendimiento con el peronismo no cristinista del Interior, que ha sesionado en la parrilla de Juan Manuel Urtubey con la presencia estelar de Juan Schiaretti, que también acecha: el viernes recibió en Córdoba a Martín Lousteau.

AQ

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Articulos relacionados