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Tarifas de luz, gas y agua sin subsidios: el cambio clave que hay que hacer para gastar menos

Salir de una habitación y dejar la luz prendida. Lavar los platos sin cuidar el agua, en general, y el agua caliente, en particular. Vivir con la televisión encendida de fondo, dormir en invierno con el aire acondicionado en 29 °C. Son hábitos de consumo muy naturalizados que, poco a poco, por la crisis energética y, sobre todo, por la quita de subsidios en algunos sectores, empezarían a cambiar.

“No es sencillo modificar un comportamiento vinculado al estilo de vida, es un hueso difícil de roer. Hay una teoría sanitaria que identifica varios determinantes y confirma que lo más complejo de cambiar es la forma de vivir. Se desarrolló en Canadá y si bien apunta a conductas asociadas a la salud aplica para hábitos de uso energético”, le dice a Clarín Martín Alomo, doctor en Psicología, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Señala que todo cambio social lleva tiempo, en especial cuando hay generaciones que vivieron de esa manera desde siempre. “Existen un montón de estímulos externos que nos marcan que hay que ahorrar y dejar la cultura del derroche. No solo aspectos económicos sino también ambientales”, sigue Alomo.

Tener un hábito tan naturalizado hace que “no sea observable” por lo que el primer paso es visibilizarlo. Y aclara que, más allá de las motivaciones que puedan venir de afuera, va a depender mucho de cada individuo. “Siempre hay gente que va a recurrir a la ‘renegación’, es decir, a una rebeldía inconsciente frente a la imposición”, advierte.

Para reducir el consumo y cuidar el medio ambiente se recomienda no dejar correr el agua mientras se lavan los platos.

En tanto, destaca que es probable que los adultos se adapten presionados por un tema económico y que los jóvenes se vean movilizados con más frecuencia por cuestiones ambientales.

En esta misma línea se suma Nicolás Damin, sociólogo y doctor en Ciencias Sociales, quien coincide en que el cambio es complejo aunque remarca que cuando hay impulsos como un aumento en las tarifas, la respuesta de la sociedad puede resultar contundente.

“Una cosa es adaptarse por necesidad y otra por conciencia social. El impacto ambiental seguramente sirva de fundamento, pero es poca la gente que hoy modifica sus conductas por el cuidado del planeta”, opina Damin.

Además, destaca que “en algunos países europeos, a raíz de la crisis y la suba de las tarifas, se sumaron campañas para fomentar el uso eficiente de luz y gas en los hogares”.

No se deben usar las hornallas o el horno para calentar el ambiente.

En este sentido, asegura que para llegar con la cultura del ahorro de energía a los niños es importante no quedarse en el “porque sí”, charlarlo internamente y explicar las razones económicas y ambientales.

El caso de España

Uno de los ejemplos emblemáticos es el de España donde, por la crisis energética vinculada a la guerra Rusia-Ucrania, el Gobierno está tomando medidas para optimizar el consumo y ahorrar.

Entre ellas, limitar el aire acondicionado a 27 °C en verano en comercios, centros de trabajo y el transporte público. Esto también funciona como una recomendación para los hogares. Y en 19 °C la calefacción para épocas de frío.

En ese país, el costo de la electricidad sufre variaciones constantes y hay horarios en los que, por la alta demanda, cuesta más. Por este tema es que el gobierno español indica, por ejemplo, usar el lavarropas y el lavavajillas durante la madrugada.

En España recomendaron ajustan los termostatos a 27 °C en verano para cuidar la energía Foto EFE

Eduardo Manzano, ingeniero especialista en Eficiencia Energética y director del departamento de Luminotecnia, Luz y Visión de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán y del Conicet, cuenta que vivió en España y que allá adoptó la costumbre de usar solo lo indispensable de agua caliente. “Era abrir para mojar un plato, cerrar rápido, limpiar con detergente y volver a abrir para enjuagar. Noté mucho la diferencia con Argentina en ese sentido”, reconoce.

Costumbres argentinas

Explica que el impacto mayor en términos de consumo se siente con la calefacción y la refrigeración. “Con las estufas eléctricas o a gas que están mucho tiempo encendidas y también con el aire acondicionado”, comenta.

“Lo ideal es regular la temperatura en 24 °C o 25 °C. Esto no siempre ocurre. Hay gente que en verano se va a dormir con el aire en 15 °C y se tapa cuando le agarra frío”, remarca.

La clave para “cambiar el chip” está en una buena educación de uso y en el control. “Hay que empezar a enseñar esto en la escuela y también en la casa, los padres deberían dar el ejemplo. Que la energía cueste lo que vale es una forma de fomentar su cuidado”, agrega.

MG

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