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Ni las PASO ni la Corte Suprema: Alberto Fernández, marginado de los principales temas del oficialismo

Cristina y Massa le robaron el protagonismo. La intimidad de la gira por Estados Unidos.

O estás en la mesa o sos el menú. Nosotros queremos estar en la mesa”, señaló Alberto Fernández a modo de resumen de su gira de 96 horas por los Estados Unidos. Se refería a las posiciones geopolíticas que llevó a Nueva York. La metáfora también describe las aspiraciones de Fernández para lo que resta de su gobierno, aunque ya no se siente a la cabecera de la mesa del Frente de Todos ni controle la mayoría de los debates que instala su propia fuerza política. 

Ese dinámica quedó de manifiesto una vez más con el proyecto para reformar la Corte Suprema que empujan Cristina Kirchner y los gobernadores y que ya obtuvo media sanción en el Senado. El Presidente, que es profesor de derecho, no se manifestó sobre el plan más profundo que se recuerde para reformar la composición del máximo Tribunal. El debate parlamentario en Diputados traerá ruido político y en la Casa Rosada hace rato que reconocen que ese ruido político significa ruido económico.

Fernández es consciente de que el ministro de Economía concentra la mayoría de los reflectores, pero no se queja. “Es el momento de Sergio. Todos tenemos que apoyarlo”, le escucharon decir en la intimidad de la gira. El Presidente compartió dos actos con el ministro más poderoso de su gabinete en la semana previa al viaje. También habló con él antes y después de reunirse con Kristalina Georgieva.

Algunas voces del universo massista admitieron que las agendas de las gira del Presidente y la previa del ministro terminaron compitiendo entre sí. No hizo falta que explicitarán cuál les pareció más potente. Destacan que el detalle de que el ministro de Economía no sea economista terminó siendo una ventaja, porque el Tesoro estadounidense y el FMI lo ven como un pilar político del FDT que ordena la interna. 

El Presidente tampoco empuja la eliminación de las PASO, pero no puede obturar la discusión. Los gobernadores peronistas -que cada vez alzan más la voz en sus reclamos a la Casa Rosada- mantienen la propuesta en el centro de debate y juntan voluntades en el Congreso. Si el proyecto avanzara será un sinceramiento de que el Presidente no será, como en 2019, el candidato ungido a dedo

La pelea que viene con los gobernadores es por el litio. Entre los funcionarios más relevantes de la política energética del Ejecutivo admiten la tensión producida por la intención del Presidente de declarar al mineral que sirve para fabricar baterías como “recurso estratégico”. Esa definición implicaría una mayor regulación a las provincias, dueñas de los recursos naturales por mandato constitucional.

Por estas horas el mandatario podría decepcionar a varios aliados de la CGT con los que en algún momento pretendía equilibrar la balanza del poder en el oficialismo. No ve con malos ojos que la entrega a trabajadores de una suma fija para compensar la inflación, como pretendía el kirchnerismo. En la central obrera reclaman que ese monto sea por fuera de la paritarias.

Fernández no se ilusiona con el éxito de la convocatoria al diálogo en la que trabaja Eduardo “Wado” de Pedro por instrucción de la vicepresidenta. “Es más un juego de los extremos”, dicen muy cerca del mandatario, que está convencido de haber empujado siempre el diálogo. Habla del oficialismo, pero bien podría referirse al extremo del FDT

En su entorno se quejan de que el ala más dialoguista de la oposición, que encarna Horacio Rodríguez Larreta, argumente que está dispuesta al diálogo, pero solo con el 70 por ciento del arco político y sin incluir al kirchnerismo mientras Macri señala que el estaría dispuesto a sentarse a la mesa con CFK con la Constitución arriba de la mesa y después critica al kirchnerismo.

La vicepresidenta empuja la reforma de la Corte y deja ver una versión de la Carta Magna arriba de su escritorio durante su alegato televisado. En 2020 horadó el puente que habían construido el jefe de Gobierno y Fernández. De todos modos, a algunos de los funcionarios que le siguen los pasos al Presidente les gustaría que el diálogo prosperara.

El jefe de Estado no controla ninguna de esas agendas y mucho menos la que él mismo reconoce como su máxima preocupación: la inflación. Así y todo, luego de mostrarle fotos de su hijo de 5 meses a la gerenta del FMIobjetó que la política anti-inflacionaria de las principales potencias sea ortodoxa. “Van a producir una recesión global”, reflexionó a posteriori uno de los presentes en esa reunión. El jefe de Estado confía en que la economista búlgara cumplirá su promesa de llevar el debate para eliminar o bajar las sobretasas a la próxima reunión de directorio del organismo, en dos semanas. También se ilusiona con que, como le dijo Georgieva, la Argentina será un país elegible para el fondo de resiliencia que se dispone a autorizar el Fondo.

Fernández no se anima a pronosticar que la inflación bajará aunque funcionarios que lo acompañaron a la gira señalan que Massa prometió una baja mensual de la inflación del 50 por ciento para fin de año. Los precios de septiembre siguen arriba y las proyecciones para octubre no son mucho mejores. 

El mandatario argentino cree que el ritmo de la economía argentina no se detendrá, a pesar de que el consumo masivo ya empezó a mostrar un declive. Las buenas noticias tampoco alcanzan para festejar. El mismo Fernández reconoce que la recuperación del empleo que marca el INDEC se da entre las ocupaciones peor remuneradas.

El Presidente evitó referirse a cuál sería el voto de la Argentina para definir la suerte del titular del BID Mauricio Clavor-Carone, al que terminó de empujar en la asamblea de gobernadores. En el Ejecutivo ya tienen un candidato y esta vez, dicen, no es argentino. 

Fernández mostró en Estados Unidos un discurso para la diplomacia y otro para los negocios. En Houston, frente a compañías petroleras estadounidense, no dudó en hablar de la invasión rusa a Ucrania; en la ONU apeló a los eufemismos. Aunque no logra encauzar la discusión política de la política local o de la interna oficialista, el Presidente busca sentarse a una mesa geo-política que impulsa Emmanuel Macron para empujar desde negociaciones de paz hasta el suministro de energía.

Como Macri, el Presidente se siente más escuchado en el exterior que en la Argentina. En la universidad New School, donde se ilusionó con el posible triunfo de Lula dentro de 15 días (y escuchó la metáfora de la mesa y el menú), ninguno de los 100 estudiantes que lo escuchaban le preguntó por la interna oficialista o sobre cómo es gobernar con la inflación más alta del continente.

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