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El Mundial de Yanina Latorre: las esposas de los futbolistas y el día que armé un escándalo en el súper porque cargaron a Diego

Ay chicos, por favor, ¿qué pasó? Qué mal la pasé contra Arabia Saudita, qué manera de sufrir, que manera de gritar, que manera de putear (al VAR sobre todo)… Se me arruinó la mañana, te juro. Enseguida lo llamé a Diego (Latower, mi marido, por si alguno no lo conoce, ja) y él todavía tiene la cabeza de jugador, ve las cosas de otra manera. Entonces me dijo todo zen que “esto es un juego, que podemos ganar o perder”, que una derrota “puede servir”. Primero lo quería matar pero me terminó convenciendo. Me hizo pensar que veníamos demasiado confiados, que esto podía pasar y que de todo se aprende. Ahora estoy en esa.

En fin, estuve caída, me peleé con todo el mundo… y me deprimí como todo el mundo. Porque Arabia Saudita era un equipo choto, como en su momento lo fue Camerún. Y te da bronca, aunque Italia 90 estuvo increíble. Pero ya está, al día siguiente me levanté con otra onda y muchas ganas de revancha. Además, México empató con Polonia, y eso estuvo bueno, ¿o no? Así que ahora es a matar o morir, nos quedan dos finales, vamos a ganar y clasificar, hay que ir con esa actitud.

Lo importante ahora es el ánimo del jugador de fútbol; el factor humano es fundamental. Porque son jugadores de fútbol, no son esclavos, sienten todo lo que pasa y se dice sobre ellos. Les duele un montón perder. Y de esto yo sé mucho.

Después del partido es terrible, el jugador lo único que quiere es desenchufarse y estar con sus hijos, con su esposa. Por suerte están todas allá en Qatar y se pudieron ver. Las mujeres fueron a visitarlos: entran a la concentración, les arman un lugar especial, se ponen en grupitos, toman mate, charlan, casi como los presos. Es lo que les decía el otro día, son figuras millonarias que por amor a la camiseta o al equipo hacen lo que sea. Y bueno, los chicos pudieron ver un rato a la familia e hicieron borrón y cuenta nueva, porque no hay tiempo ni de deprimirse. Lo sé porque tengo data.

Es que ahora que escribo para Clarín y me creo mil, juego a que soy un poco periodista. Yo conozco a algunas de las esposas de los chicos de la Selección y sé cómo se sufre todo esto. Entonces dudaba en llamarlas o preguntarles porque es incómodo, es una cagada. La gente te mira mal, nadie sabe por qué. Entonces le escribí a Camila Galante, que es la esposa de Leandro Paredes y es un encanto. Pero fue incómodo, pobre, porque yo no sabía qué decirle. Ay, pero es tan divina… Me dijo que se reunieron, que fueron todas las familias y que les hizo re bien, y que están preparados para el próximo partido. Fue súper educada y me dejó contenta.

Cuando jugaba, Latorre (sí, mi marido) no se deprimía. Lo que él hacía era llegar a casa y no me dirigía la palabra, no importaba si ganaba o perdía. Miraba sus jugadas por la tele, se servía uno o dos whiskies y se iba a dormir como a las 5 o 6 de la mañana. Vos no podías preguntarle si jugó bien, cómo la pasó o si le dolía un callo. Estaba serio, mudo, y al otro día se levantaba como si nada. Me acuerdo lo mal que se ponía con los puntajes de Clarín, ¡los lunes en casa estaba prohibido comprar el diario!

Y una la pasaba mal también. Una vez fuimos al supermercado, después de un partido en el que se había errado un penal, jugando para Boca. Ay los penales, qué momento de mierda, él me dice que el arco se les hace muy chiquitito. Bueno, estábamos en el súper y la maleducada de la cajera lo carga y le dice “Latorre, sos un burro, te erraste un penal”. ¡No saben el escándalo que le armé! Diego se quedó duro mientras yo llamaba al supervisor a los gritos. Lo que quiero explicarle a la gente es que el futbolista desata pasiones pero para ellos es un laburo, dejan todo. No da que la cajera del supermercado lo putee porque erró un penal.

Yanina Latorre y su particular mirada sobre el Mundial de Qatar, especial para Clarín. Foto: Maxi Failla.

Y los periodistas, ¡qué panqueques, yo se los avisé! Antes de Arabia Saudita, Scaloni era un genio. Ahora, se quejan que están todos lesionados, que armó mal equipo, que le erró a los cambios, que es un amargo… ¡lo están matando, caraduras! La culpa no es toda de Scaloni, el que resuelve es el jugador. Además, no nos olvidemos de los goles que nos anularon… ¡EL VAR! ¿Puedo hablar del VAR? Voy a hablar del VAR.

El VAR arruinó el folclore del fútbol. Y se lo discuto a cualquiera, incluso a Diego que está a favor de la tecnología. Ya no podemos putear al árbitro, tenemos que odiar a una computadora. ¡A una computadora! Cómo puede ser que alguien hace una línea, que no sé dónde la inventan, y te dice que no fue gol “por un hombro”. Yo prefiero al juez de línea o como se llame ahora, te soy sincera, con todos sus errores. El humano se equivoca pero está la mística de putearlo, nos quedamos sin eso. Ahora de repente estás mirando, gritás un gol, te ponen el 2-0, después ves que está 1-0 porque tenía un mechón del pelo adelantado. Dejame de joder… el VAR arruina al fútbol. Aparte, es un debate para otro día: ¿por qué tanta obsesión en buscar algo perfecto cuando hay tantas imperfecciones alrededor del fútbol?

Por último, quiero hablar de la boludez de señalar a alguien como “mufa”. ¿Se puede ser tan basura? Lo del Chapu Martínez me tiene enloquecida, pobre tipo. Se graba llorando, amenazan a su familia, qué cosa horrenda y a la vez estúpida, no aprendemos más. Después, somos los mismos que hablamos del bullying. Con Tini Stoessel, pasó algo parecido, le pegan a De Paul jodiéndola a ella. Ustedes saben que tengo debilidad con Martina, que es una estrella y una dulzura de persona, porque soy amiga de la familia. Pero vi que le hacían memes, bromas de mal gusto. ¿Ustedes se piensan que a De Paul, o a cualquier otro jugador, se acuerda de la novia cuando entra a la cancha? No, se olvidan de todo. Me deprime mal todo esto, es patético.

Este sábado a las 16 contra México, otra vez frente a la tele, todos con buena onda. Voy a estar sola y a los gritos en casa, con mis hijos cagándome a pedos desde su cuarto, como ya les dije que vivo los partidos. ¡Espero que no suframos tanto! O mejor dicho, ¡que el maldito VAR no nos haga sufrir tanto! Yo le sigo teniendo mucha fe a la Selección, en unos días nos hablamos.

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