Las aventuras de Buhl, el perro que es feliz recorriendo el norte neuquino

Dos fines de semana atrás, el pastor belga estuvo con Gachy y Raúl en el cerro Wayle. Fotos: Gachy Cabrera.

Cuando ve que Gachy y Raúl empiezan a armar los bolsos y preparar los equipos, siempre toma posición cerca de la camioneta. Y apenas abren la puerta, se instala y de ahí no lo mueven. Si no lo puede llevar y para despistarlo dejan listo todo la noche anterior, también se da cuenta y a la mañana los espera al lado de la chata: no quiere saber nada con quedarse afuera del plan y cuando no puede ir se echa al lado de la puerta, la cara larga y la mirada triste. Pero la mayoría de las veces va y eso es una fiesta para Buhl, el pastor belga que disfruta como nadie de salir recorrer los paisajes del norte neuquino, trotar en la nieve, meterse en una laguna, ir en la fila de los trekkings moviendo la cola, adelantarse para acompañar a Raúl, retroceder hasta al final cierre de la fila con Gachy. Va y viene, entre ellos, feliz.

En la cordillera del viento. Fotos: Gachy Cabrera.

Encontró a los compinches justos para tanta aventura. Porque Gachy Cabrera comparte con Raúl, guía de trekking y alta montaña, la pasión por las maravillas de la tierra donde viven, trepar montañas, llegar hasta las cascadas escondidas, vadear arroyos de deshielo, saludar con respeto a los crianceros trashumantes que se ganan la vida con sus chivas y ovejas.

Eso sí, cuando van a verlos a los puestos para esas charlas que tanto les gusta se complica, porque los arrieros tienen un batallón de perros acostumbrados a defender su territorio y acompañarlos en las travesías, así que a veces no queda otra que dejarlo en la camioneta o en casa, para evitar conflictos. «Y se queda en la camioneta sin protestar», cuenta Gachy.

En la caminata con raquetas en el Wayle.

Así son las cosas para el pastor de hermoso pelaje negro y mirada que parece entenderlo todo, que este año cumplirá cinco. Está con ellos desde los cuatro meses, regalazo de un amigo de Raúl que le había prometido un cachorro cuando el suyo tuviera cría. Superados los inevitables destrozos iniciales de cachorro en el jardín de la casa donde viven en Chos Malal, empezaron a llevarlo en cada salida. No podrían haber tenido mejor idea.

Laguna Vaca Lauquen.

La costanera de Chos Malal en la última crecida del río Neuquén. En la entrada donde está el hito del punto medio de la ruta 40. De fondo, el cerro Mayal.

«Al principio lo llevábamos porque no teníamos con quién dejarlo. Y las primeras dos veces no le gustó tanto el viaje. Pero después… se acostumbró y ya hubo forma de bajarlo. Le gusta ir a todos lados, correr, revolcarse en la nieve., tomar agua en los arroyos. Nos sigue: si Raúl sale en el kayak se mete al agua atrás de él. Ha subido cerros, ha cruzado ríos.. Siempre intenta todo. Y nos busca, el fin de semana que fuimos al Wayle con un grupo todos se reían porque miraban cómo iba y venía entre los dos. Es un aparato hermoso: cuando va para adelante, si Raúl para el también, el también se queda quieto hasta que arranca», cuenta Gachy con un sonrisa.

En El Llano, el parque de nieve del norte neuquino.

Si hace dos semanas los tres disfrutaron de la nieve en cerro Wayle y sus vistas espectaculares, al comienzo del otoño estuvieron en la cascada La Fragua con sus mágicos colores de abril mientras Buhl ladraba y movía la cola. Es un salto de agua que no se puede creer a cuatro kilómetros de Manzano Amargo por la espectacular ruta 54 que más adelante se mete en la Cordillera de los Andes y los puestos de veranada de los arrieros a orillas del río Neuquén.

Bardas blancas grisáceas en la Cordillera del Viento.

Si Gachi y Raúl están orgullosos de los kilómetros que llevan recorridos en el norte neuquino, su compañero de aventuras ya conoce varios de los lugares más lindos. Lleva su nombre en homenaje a un célebre alpinista austríaco y disfruta a puro trote y ladrido de tanta naturaleza para explorar entre picos nevados y cóndores que sobrevuelan. 

«Aca estaba chiquito. Se ve el el cono del cráter del volcán Tromen», dice Gachy.

Entre muchos otros lugares, además del cerro Wayle y la cascada La Fragua, Buhl conoce el parque de nieve el Llano en Andacollo, que este año en unas vacaciones de invierno se llenó de gente, el volcán Tromen, las lagunas Vaca Lauquen y Epulpauquen, las bardas blancas grisáceas de la cordillera del Viento. Y lo mejor de todo es que todavia le quedan muchas maravillas por recorrer.

Buhl, el pastor belga y su hermosa mirada. Foto: Gachy Cabrera.

Por las dudas, él ya está listo al lado de la camioneta, moviendo la cola.

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