Cuáles son las focas que ayudan a los piojos a sobrevivir en la Antártida

En un ambiente con condiciones extremas como la Antártida, ¿pueden los piojos habitar las focas que viven allí? Florencia Soto, quien nació en Plaza Huincul, Neuquén, y estudió biología en la Universidad Nacional del Comahue, se puso a investigar esa pregunta en detalle y visitó varias veces el continente blanco. Recientemente defendió su tesis doctoral y la aprobó con “sobresaliente”. 

Estudió tres de las especies de focas antárticas: las cangrejeras, las de Wedell y las leopardo. Sí, las focas pueden tener piojos. Pero Soto se ocupó de comprender cómo son esas asociaciones. Se trata de  insectos oceánicos muy versátiles porque se adaptan a las condiciones del ambiente. 

El trabajo de investigación de Soto se denomina “Asociaciones ecológicas en un ambiente extremo: la relación entre piojos y focas antárticas”. Había sido iniciado ante la propuesta de quien después fue la directora de tesis, Soledad Leonardi, docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco de Puerto Madryn, que le presentó el tema y la posibilidad de hacer el doctorado, con beca del Conicet. 

La tesis se desarrolló en cinco años y durante cada año Soto hizo expediciones a la Antártida. “Cada especie de piojo parasita a una en particular: a la foca de cangrejera, a la foca de Weddell y a la foca leopardo. Son piojos del género Antarctophthirus lobodontis, carlinii y ogmorhini, según cada una”. 

La científica investigó cómo es el modo de contagio de los piojos y si el grado de sociabilidad de las focas es un factor preponderante. “Las focas cangrejeras y las focas de Weddell son muy sociables y se las suele encontrar en los bandejones de hielo. Al ser más sociales los piojos tienen más chances de transmitirse”, dijo. 

Al agua. Las focas pertenecen a la familia de los pinnípedos: mamíferos adaptados a la vida acuática. /Crédito Florencia Soto

La única forma de contagio del piojo, ya sea de la pediculosis humana o de los piojos de focas es por contacto directo. “Los piojos caminan, no saltan, es un mito que se cree que saltan de cabeza a cabeza o de foca en foca, y en realidad la única posibilidad de transmisión es por contacto directo de los hospedadores y caminando”, aclaró. En cambio, las Leopardo que tienen hábitos solitarios, y suelen estar solas en los hielos, muy alejadas del resto, podrían no estar tan infestadas. “Entonces eso sí sucedía, comprobamos que estaba relacionado con el grado de sociabilidad de las focas”, indicó Soto. 

Otra de las observaciones relevadas fue que los ejemplares juveniles (en las tres especies de focas) son los que más piojos tienen y no tanto en los adultos. Una de las explicaciones que puede señalarse es que las focas juveniles son menos expertas en la natación. “Las focas para alimentarse tienen que bucear y buscar el alimento. Algunas comen peces, otras cefalópodos, que son calamares, pulpos. En cambio, los adultos tienen más experiencia de buceo, lo hacen a mayor profundidad y durante más tiempo para procurar comida. Los juveniles pasan más tiempo fuera del agua, algo que al piojo le da un escenario ideal para poder transmitirse y desarrollar todo el ciclo completo”, dijo. 

Soto descubrió que la transmisión de piojos está afectada por el grado de sociabilidad de sus hospedadores. “Es decir, que cuanto más sociables son los hospedadores, el caso de la cangrejera y la de Weddell, más altos son los valores de prevalencia de infestación”, aclaró. 

En cambio, la foca leopardo, la más solitaria, fue la que menos prevalencia tuvo. Entonces, en las focas leopardo, de los 50 ejemplares a los que se les tomó una muestra a lo largo de 5 años, solo siete focas tenían piojos. Después de haber aprobado la tesis doctoral, Soto ya está empezando con otro avance.

“Ahora mi foco está puesto en el estado de salud de estas focas. La idea es tomar medidas morfométricas, como el largo total de la foca, el peso, el perímetro axilar, calcular índices de masa corporal, para ver en qué estado están”, subrayó.  

Hará un posdoctorado sobre ese tema. Colaborará y formará parte de redes con investigadores de otros países, como España, que también estudian la biodiversidad de la Antártida.

Efectos. El hielo marino se reduce y afecta a las focas. Crédito Pablo Moscoso

Cómo impacta el cambio climático en los animales

El problema del cambio climático está causado por el calentamiento de las temperaturas promedio del planeta, entre otros factores, y puede también impactar a las focas de la Antártida. 

“Es algo que, de hecho, está pasando. Las reducciones –sobre todo en los polos, tanto en el Antártico como en el Ártico- del hielo marino se observan debido al cambio climático”, explicó la doctora Florencia Soto. 

La disminución del hielo marino hace que aumente la cantidad de barcos que puedan circular por la zona, porque se abren nuevos caminos. 

En el caso de las focas son dependientes del hielo marino. Entonces tendrían menos hielo disponible para realizar sus períodos de descanso, ya sea para muda o para reproducción. Esto aumenta la posibilidad de contraer enfermedades y de contagios, mencionó. 

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