martes, 23 julio, 2024

Novak Djokovic, el ingeniero que los domingos no falla y responde siempre

Novak Djokovic ha tenido una actuación inigualable. Siempre lo decimos: el domingo es el día más difícil para ganarle al serbio. Es ese dominguero que no te falla y que responde siempre. Un Djokovic que seguramente para esta final trajo lo aprendido y la experiencia vivida en Wimbledon, donde se había quedado sin lograr su 24° Grand Slam. Pero como gran talentoso e inteligente que es, de aquella final supo extraer una información muy positiva: estar bajo el control de sus emociones a lo largo de todo el partido.

A la final la empezó a jugar desde el vestuario, con un primer punto con mucha claridad, concentración y justeza, entendiendo que la profundidad contra Daniil Medvedev iba a ser un aspecto importante a la hora de su planteo estratégico, que tenía varios puntos resaltados. Porque el ruso tiene una forma de jugar con tendencias bastante marcadas. Su mejor drive es el cruzado porque el paralelo en algunos casos no termina de ser tan paralelo y la línea se va un poquito hacia el centro, por lo cual Djokovic tenía un margen de descuidar un poquitito la línea extrema de su lado derecho.

El serbio se adelantó 3-0 con un servicio en el que alternó potencia y utilizó también los efectos, sobre todo el slice en los lados de los “iguales”, para tratar de que la curva le ponga muy lejos la pelota al rival a la hora de devolver. Mientras el rival se está equivocando, no hay que distraerlo y hay que seguir con la misma táctica. Y es lo que hizo Djokovic a lo largo de los tres sets.

Nole encontraba esa claridad, esa tranquilidad, pero también esa energía y esa conexión que le iban a dar un primer set muy contundente. Claro que el partido empezó mucho más a su favor de lo que terminó y eso tuvo que ver con que Medvedev fue encontrando mayor solvencia, mayor soltura y un poquito más de velocidad. Y fue diciendo: “Bueno. Andá adelante mientras empiezo a recomponer mi juego y veo cómo te me acerco”.

Nole y su pequeña hija, Tara Foto: AFP Nole y su pequeña hija, Tara Foto: AFP Medvedev no encontraba la efectividad de su primer servicio ni la contundencia de su drive, sobre todo el cruzado. No lastimaba ni sorprendía con el drive paralelo. Djokovic empezaba a entender cómo le tenía que jugar porque sabía que el drive cruzado es el golpe prioritario de Medvedev. Tener esa información le daba la posibilidad de poder anticiparse y lo supo capitalizar de principio a fin.

El primer set dejó a Djokovic con tranquilidad, pero alerta porque sabía que Medvedev seguramente estaba ingeniándoselas para tratar de recomponerse. De hecho, lo logró en el segundo set. El ruso empezó a trabajar mucho mejor y de manera más contundente con su revés paralelo. Con el cruzado se entablaron duelos inigualables. El partido rápidamente subió de nivel, sobre todo por el crecimiento que tuvo el ruso.

Ante esta puesta a prueba y casi provocación, como entiende Djokovic un partido cuando su adversario se le planta y lo empieza a desafiar, aparecieron las mejores versiones. Djokovic empezaba a jugar con esto de “estoy cansado” y un par de veces terminó en el piso después de peloteos que han tenido más de 31 impactos. Pero por otro lado, cuando parecía exhausto, terminaba ejecutando tiros inigualables.

La estrategia de hacer saque y red para Novak fue algo que, si no estaba pensado, tuvo la sabiduría y la claridad de empezar a aplicarlo. Hasta antes de esta final, había hecho ocho saque y red en todos los partidos. Y ya en el 3-4 del segundo set llevaba cinco y todas con éxito. Lo cierto es que el partido se puso dramático con un game terrible, que fue el octavo, en el que Djokovic estuvo en jaque y lo salvó de manera increíble para que el partido tomara un giro totalmente distinto. Porque de haberlo quebrado, Medvedev se hubiera puesto 5-3 con su saque.

Daba la sensación de que el físico de Djokovic tenía ciertas falencias o y en algunos puntos manifestaba cansancio. Pero así es Novak: más lo amenazan y más lo exigen, más dramático se pone el partido. Mejor responde.

En el 5-5 tuvo sus oportunidades Medvedev y en el 5-6 Djokovic enfrontó un set point en contra. Cuando Medvedev apoyó anoche la cabeza en la almohada después de la final, siguió viendo ese passing que tiró cruzado que lo tenía por afuera. El partido hubiera quedado igualado en sets, con un rumbo dramático. Un centímetro o una mínima desconcentración podían hacer la diferencia. De hecho, ese juego duró 12 minutos para poder llegar a un tie break.

Fue un momento extraordinario del partido, en el que los dos coincidieron en dar batalla y en jugar con un nivel de excelencia y de calidad propia de dos campeones. Tras un miniquiebre a favor del ruso, se recompuso rápidamente Djokovic aprovechando alguna que otra devolución fallida de Medvedev en momentos cruciales y alguna que otra postura suya que trabajó con un nivel de ingeniería.

Haber ganado el segundo set tuvo mucho valor incalculable por lo que había invertido Medvedev. Tenía un valor agregado gigante, que de hecho después se iba a ver rápidamente reflejado en el tercero. Djokovic sabía que no iba a ser fácil para el ruso, después de 2 horas y 45 minutos, tener que pensar en dos horas más para recién conseguir la igualdad. Era claramente una carga, más allá que Medvedev arrancó dando buenas señales, siguiendo conectado y concentrado, y jugando muy buenos puntos. Pero Djokovic sabía que había que seguir empujando y lastimando.

De hecho, Nole quebró en el cuarto juego y empezábamos a sentir que prepararían la alfombra y el escenario porque el set se iba a precipitar rápido. La cuestión fue que Medvedev dio señales de vida y recuperó el quiebre. Pero luego sucederían un quiebre más y eso le iba a dar a Djokovic la posibilidad de encontrar esa barranca abajo, ese camino limpio para poder llevarse ese tercer set de una manera magnífica por 6-3.

Novak Djokovic una vez más vuelve a entender todo, como dicen los jóvenes. Jugó un tenis extraordinario. En cada ejecución y en cada decisión hizo un trabajo de relojería, de ingeniería. Trabajó con su revés como siempre lo hizo: estratégicamente bien, en algunos casos generando aperturas y entendiendo que la profundidad muchas veces no tiene mucho marketing pero tiene mucho valor. Djokovic supo perfectamente que tenía que jugar profundo para generar tiros bajos y cortos que le molestan a veces a Medvedev, porque tiene que hacer un paso y medio adentro de la cancha y en general no te ataca esos tiros.

Djokovic puede celebrar su 24° Grand Slam porque todo lo que pensó lo pudo ejecutar. Y, como siempre, es un gran escapista que ha tenido que escapar de momentos críticos para conseguir muchos de sus grandes títulos. Por eso Djokovic es el gran ganador. El que casi siempre en esos momentos difíciles saca una diferencia. Y quien saca una diferencia, gana. Y otra vez más Novak consigue llevar adelante un trabajo realmente extraordinario y ser el jugador de mayor edad en ganar el Abierto de Estados Unidos.

Las estadísticas seguirán sumándose, rompiendo o igualando récords. Novak Djokovic parece no tener límites. Si midiésemos la electricidad de ese cerebro funcionando en este nuevo Grand Slam logrado por Nole en Nueva York, equivale a una buena parte de lo que se consume en Manhattan. Brilló como siempre y volvió a ganar. Como solo él lo sabe hacer.

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