sábado, 13 julio, 2024

Neuquén: la bomba que se unió al Limay

Hoy es un centro cultural de la ciudad de Neuquén, pero a principios de 1900 fue una pieza clave más para que ese rústico paraje Confluencia se convirtiera en la nueva y definitiva capital del Territorio del Neuquén.

Se trata de la primera bomba que se instaló en la actual intersección de las calles Bolívar y México, en cercanías del balneario Albino Cotro. Tenía la importante función de tomar agua del río Limay y transportarla por caños, cuesta arriba, hacia los tanques que se encontraban en el hoy Parque Central, para abastecer a las locomotoras de Ferrocarriles del Sud, que llegaba a diario. Uno de esos tanques aún se conserva detrás del Museo Nacional de Bellas Artes, en la zona norte del Parque Central. El otro, es el famoso tanque Molier, que se encuentra al costado del museo Gregorio Álvarez.

Durante esos años, fue de vital importancia para el sistema ferroviario, único medio de transporte de pasajeros y cargas desde el puente de Bahía Blanca hasta la estación Neuquén.

La denominada Casa de las Bombas se construyó en 1930, cuando las máquinas del ferrocarril eran a vapor. A lo largo de las décadas fue adoptando distintas funciones: abastecían los baños de la estación de trenes, servían al riego del Parque Central, fueron modernizadas y reemplazadas por otras de mayor tecnología. Pero aquella primera bomba tan significativa para el desarrollo de la nueva capital permaneció allí, abandonada, hasta que en 2018, esa casita histórica comenzó a ser revalorizada por el área de Patrimonio y Restauración de Monumentos del municipio de Neuquén.

Un año después, el lugar fue declarado por el Concejo Deliberante, parte del patrimonio cultural, histórico y paisajístico de la ciudad. Hoy es un centro cultural que permite la realización de actividades culturales, pero sobre todo mantener viva la historia de la ciudad, cosa que no ha sucedido con otros sitios históricos que desaparecieron.

La página de Facebook, Neuquén del Ayer, donde se encargan de rescatar historias y lugares emblemáticos de la capital, nos trae testimonios de neuquinos que de cerca conocieron la Casa de las Bombas.

“Corría el año 1973. Papá estaba trabajando ahí en la bomba. Esas bombas eran tres y trabajaban con una correa de transmisión a un motor eléctrico. Se encendían y era maravilloso ver los pistones como subían y bajaban. Esas bombas tenían al costado arriba, una tapa con el que se engrasaban. Papá nos enseño a prenderlas y a mantenerlas. Vivimos dos o tres años en ese lugar, en la entrada por calle Bahía Blanca”, contó Jorge Guanque, miembro del grupo.

“Ahí trabajo muchos años mi tío, Abelardo Sánchez, por los años 90”, agregó Susana Sánchez.

La historia sigue viva!

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