lunes, 15 julio, 2024

Cómo salir del sedentarismo desde la racionalidad y la emoción

El 31 por ciento de la población adulta mundial, es decir, casi 1.800 millones de personas, no hace ningún tipo de actividad física y corre el riesgo de enfermar por eso.

Los nuevos datos fueron presentados hace días, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicados en The Lancet Global Health. Según los expertos de la OMS, si la tendencia continúa se prevé que los niveles de inactividad seguirán aumentando hasta alcanzar el 35 por ciento en 2030.

Actualmente, la OMS recomienda que los adultos realicen unos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada a la semana, por lo que, ante el incumplimiento de estos mínimos, se ingresa dentro del concepto de “inactividad física”.

En este contexto, el director de promoción de salud de la OMS, Ruediger Krech, advirtió que la inactividad física es “una amenaza silenciosa para la salud mundial” ya que “contribuye significativamente a la carga de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes o las respiratorias” y que, “en 10 años podrían evitarse 500 millones de nuevos casos de enfermedades no transmisibles, con un costo para el sistema de salud pública de 300.000 millones de dólares”.

Según los expertos existen múltiples razones por las que el mundo esta tan quieto, entre las que se incluyen un modelo de trabajo más sedentario, los cambios en el medio ambiente que dificultan el transporte activo y el aumento de la cantidad de horas frente a una pantalla.

En tal sentido el Instituto Nacional de Estadística de España, ha informado que la media diaria de tiempo que las personas pasan sentadas es de algo más de cinco horas y media. Sin embargo, una investigación realizada por Fitbit, fabricante de monitores, encontró que entre sus usuarios la cifra sube a 7,5 horas diarias. En EEUU es peor aún, ya que sus habitantes pasan más de nueve horas diarias sentados, lo que aumenta la prevalencia de enfermedades como la diabetes y la obesidad.

A pesar de tan alarmantes cifras, no se observa una cruzada que combata al sedentarismo, ni en los medios, ni en redes sociales, a la altura de semejante problemática.

Por más que existan algunos gobiernos preocupados por la salud pública y capitales privados que invierten en la actividad física (cadenas de gimnasios, deportes convocantes y marcas deportivas), sumados a quienes verdaderamente creen y trabajan en la prevención primaria de la salud, todos juntos parecen ser muy pocos representativos en relación a otros intereses como los de la industria farmacológica y la del ocio digital, que compiten sin dejar demasiadas huellas, contra las bondades de la actividad física.

Mientras más personas sanas logren inmunidad por medio de la actividad física menos consumo de medicamentos habrá.

Del mismo, modo el recreo del movimiento corporal, no parece ser un buen aliado de quienes con algoritmos mantienen estáticos por horas, días y meses al año a millones de personas a una computadora o celular.

Hoy es hora de llegar a las personas por el camino de la inteligencia y de la emoción, más que por la autopista de los músculos

Tener siempre presente que la actividad física:

1.- Mejora el humor, libera endorfinas, calma dolores, frena la ansiedad y disminuye tensiones.

2.- Regula el metabolismo.

3.- Previene trece tipos de cáncer.

4. Mejora el sueño.

5.- Favorece la neuroplasticidad y

6.- Aumenta la autoestima.

Para abordar a una persona sedentaria y lograr su adherencia voluntaria, se deben conocer las funciones emocionales del cerebro, debiendo comenzar por lo que pueda y quiera hacer, en forma progresiva (emoción – empatía), explicando desde la teoría, los beneficios de cada práctica (inteligencia – explicación racional).

Hoy se sabe que, si no se puede mover una parte del cuerpo, se podrá trabajar con otra; que si no puedo hacer la actividad de siempre, haré otra; que con estímulos adecuados la fuerza, la flexibilidad y la resistencia se pueden mejorar a cualquier edad y que el cuerpo afortunadamente tiene memoria.

En la búsqueda de un profesional que ayude a salir de la quietud, es recomendable dirigir la mirada a un docente activo, que reúna ciertas características como buena formación teórica, capacidad de argumentación, credibilidad, transversalidad, creatividad y valores.

La actividad física es el remedio más barato y de mejores resultados a la vista que existe. Abrazarla desde la emoción y reconocerla desde la racionalidad, puede ser el comienzo de la transformación de muchas vidas.

*Abogado. Profesor nacional de Educación Física. Docente Universitario. [email protected]


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