sábado, 30 agosto, 2025

Carlos Legnani y su pasión inextinguible por relatar carreras de auto: del fanatismo por El Aguilucho a crear Campeones

Cuarenta y nueve kilómetros al norte de Santa Rosa, promediando los años 40 un chico protestaba porque no le gustaba ir al colegio. En el pueblo de Winifreda, de unos 2500 habitantes, solía juntarse con los amigos en la plaza, con piso de tierra, y simular carreras de autos con unas “catangas” que diseñaba él mismo de manera casera con latas de aceite. Les ponía rulemanes y todo, y atadas con un hilo las llevaba de un lado a otro. Don Ángel, su papá, trabajaba en el acopio de cereales y en los remates de ferias. Y su madre, Elsa Ormaechea, docente. A quien, si algo precisamente no le gustaba, era que su hijo menor, Carlos Alberto, rechazara cada una de las escuelas a las que lo enviaban.

“Es que yo era bastante vagoneta. Mis hermanos, mayores, sí eran estudiosos. Conmigo no había caso: me escapaba del colegio de curas, me mandaban a la Escuela Agrícola-ganadera de Victorica y tampoco me gustaba. Inventaba cualquier cosa con tal de no estudiar. Mi viejo aflojó con el tiempo, pero mamá no, no quería saber nada. Hice hasta sexto grado y algunos meses de primer año. Después, a trabajar a rayo del sol con las bolsas de cereales. Yo quería relatar carreras de autos. Desde chico tuve esa obsesión”.

Los estudios de Campeones, con su fundador: «De chico, no me gustaba estudiar, era medio vagoneta. Yo sólo quería relatar»Rodrigo Néspolo

El que cuenta detalles de su infancia en una tarde soleada en Villa Devoto y con una memoria prodigiosa es nada menos que Carlos Alberto Legnani, hoy, a los 86. Un fierrero de ley, un símbolo del periodismo automovilístico y creador de un imperio de las transmisiones: Campeones. En radio, TV, portales web, programas por streaming, revistas y libros. “Tenía la idea fija. Agarraba dos latas de salsa, las ataba con un hilo y hacía escuchar a un amigo en uno de los extremos: del otro relataba yo una carrera de Oscar Gálvez o de Juan Manuel Fangio. Era una manera de descargar mi inquietud periodística”, cuenta Caito, uno de sus apodos, el más conocido. También lo llaman “Wini”, en honor a su pueblo natal.

Campeones es una organización periodística respetadísima en el mundo del deporte. Creada y desarrollada por los Legnani a partir de 1963. “Caito” conoció al Aguilucho Gálvez, del que fue amigo y a quien ayudó a que corriera su última competencia cuando no tenía recursos. Llegó a tener a Fangio como comentarista en Japón. Siguió toda la carrera de Lole Reutemann en la Fórmula 1. Casi duerme en la calle en Montecarlo y lo salvó el brasileño Wilson Fittipaldi. Relató una carrera de F2 en un pueblo recóndito de Suecia desde arriba de una escalera. Cobijó en su casa tres años al Loco Di Palma. Un día instó a suspender las carreras de TC en ruta bajo el lema “no relato más”. Y lamenta que Franco Colapinto dependa de “un perrero al que habían echado de la Fórmula 1 como Briatore”. Hasta trabajó en Carburando, el gran competidor de Campeones en una radio top de ese entonces, como Rivadavia. La vida de Legnani tiene mil vueltas y muchas anécdotas. Pero antes de todo eso…

“Cuando falleció mi padre, mi mamá se vino a Buenos Aires a ejercer la docencia y yo la visitaba. Conocí a un personaje clave en mi vida: Eugenio Ortega Moreno, relator de fútbol, automovilismo y boxeo de la época. Lo vi por primera vez en el Luna Park. Le hablaba sobre mis sueños. Él trabajaba en Radio Porteña, lo que hoy es Continental. Y un día me comenta de la Vuelta de La Pampa. “Te voy a dar una oportunidad para probarte”. Yo tendría 17 años. Participé así de la transmisión de la Vuelta, que venía por la ruta 35, llegaba a mi pueblo, Winifreda, y se iba para el oeste pampeano. Esa fue mi primera incursión.

Carlos Legnani al borde de las rutas, siguiendo las tradicionales Vueltas

-¿Y después qué?

-Otro día, ya en 1958, Ortega Moreno me llama y me dice “Vas a hacer La Vuelta de Tres Arroyos”. Me tocaba en Benito Juárez, desde arriba de una estación de servicio. Ahí transmití la victoria de Oscar Gálvez. Imaginate: ¡mi ídolo! A la noche fue la fiesta de entrega de premios. De pronto lo veo a Oscar Gálvez que se queda ahí, medio solito, y me acerco. Le conté quién era, que estaba empezando con el periodismo, que había debutado oficialmente y era de Winifreda. “Oh, Winifreda. Una noche, en un Gran Premio recorriendo rutas de La Pampa, dormí ahí. Bueno pibe, cualquier cosa que necesite”. Y me da la dirección de la casa, en la calle Concordia. “Yo soy fanático suyo, lo escucho desde la Buenos Aires-Caracas (1948)”, le digo, cholulo. “¡Qué bueno! Venite al taller, así lo conocés”, me invita. A los cuatro o cinco días ya estaba ahí y Oscar me recibió. Fue mi amigo, lo acompañé mucho en los momentos difíciles de su vida, con su mujer y sus hijos. A Oscar le embargaron todo porque lo estafaron. Puso una concesionaria en la avenida Beiró y lo estafaron. Se quedó en pelotas. Oscar era un tipo muy inocente, verborrágico, ídolo. Se mata Juan, el hermano, en marzo del 63. Y me dice: “Se mató Juan, la última carrera que hago es el Gran Premio. Me retiro”.


“Oscar Gálvez se retiraba tras la muerte de su hermano y no tenía plata. Le presenté a uno de mis clientes, de Acytra, que no podían creer que no tuviera plata un ídolo como él. Les dijo que necesitaba 100.000 pesos. Le dieron 300.000. Corrió y se retiró”.


-Por el impacto psicológico.

-Eso y lo económico. A los pocos días me cuenta que creía que no iba a poder correr por problemas de plata. Yo tenía un cliente fuerte: Acytra. Le cuento a los dueños y no me creían que Oscar Gálvez no tuviera plata…Organizamos un encuentro. “Sr. Gálvez, ¿qué necesita para correr?”. Oscar les responde: “No sé, 100.000 pesos”. Uno de los dueños de Acytra le pide a un empleado: “Andá al banco y sacá 300.000 pesos”. ¡Gálvez se volvió loco! “Noooo, con esa plata yo corro un año y la verdad es que corro esta y me retiro”. Quedó ligado de por vida. En compensación, iba a alguna inauguración de cerraduras de la empresa. Cumplió con lo que dijo: corrió y se retiró.

Los ampulosos gestos de Oscar Gálvez, una característica del gran Aguilucho

-Oscar Gálvez, cinco veces campeón de TC, era consciente de su idolatría, de lo que despertaba?

-Él sabía que era ídolo. Porque era un tipo que corría un Gran Premio, podía quedar último, pero la gente estaba en la ruta un día y medio esperando que pasara Oscar. Eso provocaba. En aquel momento fue el mayor ídolo que tuvo el deporte argentino. Su popularidad y su forma de ser hicieron que la gente lo quisiera. Era un tipo muy espontáneo, muy sincero.

Un día le pregunto a Marcos Ciani, que corría con Chevrolet, ya retirado. “¿Por qué estabas en todas las fotos con Oscar Gálvez, si ellos corrían con Ford y eran la contra?”. Me contesta: “Porque fue el único que no me mintió. Además, Oscar probaba con el Ford y me llamaba para decirme que probara tal cosa en el Chevrolet”.

Para «Caito» Legnani, «Fangio era el mejor de todos, pero no el más popular. Que era Oscar Gálvez»Rodrigo Néspolo

-¿Y Juan Gálvez, que ganó 9 títulos?

-Juan era escondedor. Cuando se iban los mecánicos, colocaba el árbol de levas que tenía escondido. Juan era muy egoísta, muy personalista, nada que ver con Oscar. No despertaba curiosidad y no era ídolo. Pero sí era un pilotazo y un señor en los modales. Oscar exteriorizaba y contaba todo. Juan era reconocido y admirado por su valía, pero la debilidad de la gente era Oscar. Era más popular que Fangio. Y eso que Fangio era Gardel en aquel entonces.

-Cuando arrancó con el relato en la Vuelta de Tres Arroyos, Fangio ya había ganado sus cinco títulos mundiales de Fórmula 1.

-Juan Manuel…Tengo un gran orgullo. Fue comentarista de una carrera que relaté. Seguí toda la campaña de Lole Reutemann. Y en 1976 me entero de que se corría en Japón. Lole había pasado a Ferrari por el accidente de Niki Lauda en Nürburgring, pero en esa competencia final no había sido incluido. Estaban Lauda y Regazzoni. Lauda disputaba el título con James Hunt.

Gran Premio de Japón 1976, bajo un diluvio. Hunt (derecha), Penske y más atrás, Lauda (1). Una carrera que definió el título y fue de gran experiencia para Legnani

-La carrera del diluvio en la que Niki se baja después de la segunda vuelta.

-¡Esa! Yo no hablaba idiomas, hablo el pampeano nomás. Cuando llego a Tokio, fui a la embajada Argentina y me hice escribir en inglés, japonés y castellano los nombres de las estaciones para llegar al Monte Fuji. Además de relatar, tenía que enviar material, rollos de fotos, para El Gráfico. Tenía que ir al aeropuerto y mandar los rollos a Nueva York, donde los recibía el corresponsal Alberto Oliva. Imaginate parar a un desconocido que va a tomar un vuelo y darle un paquete. ¿Quién te cree que son rollos de fotos? Por suerte enganché a un americano que me creyó.

-¿Y qué pasó con Fangio?

-Juan Manuel había ido invitado por una empresa. El día de la carrera, bajo el diluvio, no se largaba y el satélite corría. Era mucha plata. Yo había comprado dos horas, pero la carrera se había postergado dos horas y pico… Llega Fangio y le explico. Encima, yo tenía que rellenar la transmisión y no podía hablar con nadie. “Yo te voy a dar una mano”. Y vino a cada rato y me hacía un comentario. Me salvó. Fue un honor tenerlo como comentarista.

Legnani con Juan Manuel Fangio: «Un tipo querible, muy gaucho, respetado al día de hoy. El mejor de todos»Rodrigo Nespolo

-Un tipo querible.

-Muy querible. Un tipo recontra humilde, muy gaucho. Nada que ver con los de ahora. Antes terminaban las pruebas de clasificación y jugábamos al fútbol con los pilotos en los boxes. Con Lafitte, Lole, los Fittipaldi, Regazzoni. Nos veíamos, comíamos juntos, parábamos en el mismo hotel. Otra camaradería.

-¿Cuál era la ventaja que tenía Fangio? ¿Qué tenía de especial? Corrían a 300 km/h con esas gomas finitas, un casquito, sin medidas de seguridad como ahora y competían bajo diluvios.

-Fangio era un elegido. Tenía un talento muy especial y era muy inteligente: siempre elegía la mejor marca para correr. Salvo la última carrera, cuando gana y sale campeón, que corría un cachivache, una Maserati vieja, y esa hazaña quedó marcada: fue en Nürburgring 1957, la carrera más espectacular que haya ganado un tipo. Venía perdiendo con las dos Ferrari, de Hawtorn y Collins, y se demoró cambiando los neumáticos, y los agarró faltando una vuelta a los dos. Con la caja a los saltos. Era un muy buen mecánico, inclusive metía mano en el coche. Era un elegido y respetado. Es el día de hoy que al hablar de Fangio… Cosas mayores.

Juan Manuel Fangio gana el GP de Suiza bajo la lluvia, en 1951. Con esos autos, un casquito y esas cubiertas finitas corrían en aquella época a 300 km/hMuseo Fangio

-Entraste muy joven en el periodismo y también muy rápido, en 1963, inventaste Campeones en el Camino.

-Un día viene Ortega Moreno y me dice que nos vamos de Radio Porteña a Radio Libertad, cuya licitación la había ganado Alejandro Romay. Vamos a verlo a la Galería Güemes, en Florida. “¿Cuándo querés empezar? ¿Querés hoy? Podés hacer una tira todos los días”, me ofrece. Y le pregunto cómo es esto, básicamente si me iban a pagar. Porque yo quería vivir del periodismo. “No pibe, acá no pidas plata. Demasiado que te doy micrófono y te voy a hacer famoso. Si querés ganar plata, andá a pedir las tarifas y salí a vender publicidad”. Un tipo duro, fumaba bajo el agua, pero al que le estoy más que agradecido porque realmente me abrió los ojos. Y a los seis, siete meses, ya era el mejor vendedor de Deportes que tenía Romay. Estaba a comisión. Y tiempo después, me dije: “Este negocio lo hago yo”. Compré mis espacios para sábado y domingo y me lancé. ¡Hasta transmití boxeo por Radio Belgrano, con el Zurdo Lausse como comentarista! Pero dejé porque si no me iba a matar en una ruta. Terminaba el boxeo y me subía a un Ford 37 para ir a hacer los móviles de automovilismo. Viajaba toda la noche. ¡Una locura!

Legnani se apasiona al hablar de automovilismo y tiene una memoria prodigiosaRodrigo Néspolo

-¿Te gustaba más el relato o vender publicidad?

-Las dos cosas. Pero yo quería, por todos los medios, ser relator. Es lo que yo le decía a mi padre.

Un afiche de «Campeones del Camino», como se llamaba en sus comienzos el programaRodrigo Nespolo

-Te fuiste haciendo conocido.

-Sí, me agrandaba cuando algún corredor me llamaba por el apellido, jajaja. Hice muchos amigos. Me ayudaron muchos, porque esto es Argentina. Ayudé también a mucha gente. Me casé muy joven, a los 21, con una pampeana como yo: María Luisa Grotto. Ella me llevaba las carpetas y en Canal 2 hacía los cartones de publicidad, los textos. Trabajó incansablemente al lado mío para ayudarme en todo lo que podía. Y se hizo entendida del automovilismo también. Y movilizó a que nuestros hijos continuaran el legado al frente de la organización.

-Campeones fue innovador. Además de la tira, empezaste a meter helicópteros, aviones en las carreras. ¿De dónde salían las ideas?

-Ja, las ideas eran todas mías: poner en las carreras del autódromo un helicóptero con un relator arriba, poner arriba de los autos de carrera un periodista, que era Alberto Juárez, que hace 60 años que está conmigo. Un día se corría la Vuelta de Tandil, un circuito muy largo. Y siempre poníamos un avión. Pero esa vez pusimos tres aviones. Inclusive, con burros y con caballos subíamos las antenas a la loma para tener buena señal. Tuvimos suerte: dos de esos aviones se tocaron con las alas. ¡Era un desastre! Gracias a Dios pudieron aterrizar y no pasó nada.

El Loco Luis Rubén Di Palma, casi «un hijo más» para Legnani, que lo cobijó en su casa durante tres años «hasta que se casó»

“Luis Di Palma vivió en mi casa”

-¿Y lo que imaginabas que podía brindarte un helicóptero o un avión en la transmisión salió tal cual?

-Salió todo perfecto, como yo lo imaginaba. Fue un gran aporte. Como hacer las tiras de una hora. ¡Después no alcanzaba la hora! Era cuestión de trabajar, buscar información en los talleres en la semana. Conocía a los pilotos, a los mecánicos. Toda la cocina. A veces ayudaba a los corredores. Luis Di Palma, hasta que se casó, vivió en mi casa.

-¿Cómo en tu casa? ¿El Loco?

-El Loco, sí. Dormía con mis hijos mayores. Luis fue un poco hijo nuestro. La mamá de Luis desapareció un día, se fue, lo dejó solo, a él y a su hermana. Él dormía en el patrullero, en el restaurante que tenía el padre en la ruta, o en una pieza, ahí en Arrecifes. Y cuando venía a Buenos Aires, dormía y comía en mi casa. Yo le conseguía las publicidades. Tuvo una infancia muy, muy difícil. Talentoso también.

Legnani, con casco y todo, junto a una réplica de la Huayra construida por Heriberto Pronello: una joya de los Sport PrototipoRodrigo Néspolo

-Tres años antes de Campeones había surgido Carburando, otro clásico del periodismo automovilístico. ¿Había pica, rivalidad?

-Lo que pasa es que Carburando estaba en Rivadavia. Y el Gordo Muñoz era Gardel con guitarra eléctrica. Tenían la mejor radio, llegaba a todos lados. Yo era insignificante al lado de lo que eran ellos, una organización muy importante, muy seria, no se robaban la información.

-Y vos compartiste toda la era con Cacho González Rouco.

-Incluso, yo trabajé un tiempo en Carburando porque era muy amigo de Andrés Rouco, el creador. Isidro González Longhi vino después, estaba casado con la hermana de Andrés. ¡Fue tremenda esa época! Los tipos rechazaban publicidad. Era el Gordo Muñoz, pero después tenías a Héctor Larrea, Antonio Carrizo, Juan Carlos Mareco. Todos líderes. Conformaron un gran equipo, tenían la vaca atada. Ganaron mucho dinero.

Después, Andrés Rouco se distancia del cuñado y del sobrino. Un día me llama y me dice que quería hacer micrófono de nuevo. ¿En qué condiciones? Le di el 50% de Campeones, con una condición: que cuando dejara me devolviera ese 50% que le entregaba. Nos dimos la mano y así fue hasta que él falleció. Le di el 50% sin aportar nada a cambio por lo que él había hecho conmigo. Andrés era, además de un gran relator, una maravilla de persona.

Campeones y Carburando en una imagen: «Caito» Legnani y «Cacho» González Rouco

-Hablemos de un personaje pintoresco: Charlie Menditeguy.

-¡Un loco de la guerra que se fue con Brigitte Bardot! Resulta que se corre en Mónaco y a Brigitte se la habían llevado para Fangio. La estaban promocionando a la francesa. Juan Manuel dijo gracias, pero no. “Tres días antes de la carrera no tengo contacto con nadie”, se excusó. Y Menditeguy, rápido como era, agarró viaje. ¡Una pinta! Se la levantó y se fue al diablo. Era piloto de Maserati, pero no corrió la carrera. Un playboy. Gran deportista. Jugaba muy bien al golf, al polo, al tenis. Gran piloto, pero un indisciplinado total. Le daban al whisky con otros pilotos de la alta sociedad. Con esa vida, después se subía al auto y corría a 270, 280 km/h, en la F.1 y en los Turismo Carretera. ¡Se jugaba la vida! Se dio muchas piñas. La sacó barata.

-¿Cuál era la carrera de TC que más te gustaba? Sea por el circuito, por la gente.

-El Gran Premio. Era por todo el país. Unos 15 días y 10.000 kilómetros. Campeones del Camino nace en la televisión, en Canal 7. Los Grandes Premios eran una aventura total. Crucé la Cordillera de los Andes con un Ford 37 en la Dos Océanos. Cargué a Juan Manuel Bordeau con Alberto Lozano, el acompañante, cuando el auto, la Coloradita, se quemó cerca de Uspallata. Los cargué en el avión envueltos en algodones, quemados. En esa carrera se mató Raimundo Caparrós. ¿Sabés lo que era mi cobertura? ¡Cada 100 kilómetros tenía que poner 3 litros de aceite! Se corrió Mar del Plata-Venado Tuerto, Venado Tuerto-Mendoza, Mendoza-Chile, y Chile de vuelta con el mismo recorrido. El Gran Premio lo gana Dante Emiliozzi. Y fue gracioso lo del chileno Papín Jaras.

Una imagen simbólica de Carlos Legnani

-A ver…

-Jaras era famoso en su país. Corría con un Chevrolet. El tipo sentía “prrrrr”, ruidos en el auto. Aparecían y desaparecían. Con el acompañante se bajaron del auto como cinco o seis veces. Y nada, no encontraban el origen del ruido. Llegan a Venado Tuerto y hablan con los mecánicos. No encuentran nada. Se avivaron más tarde. Justo se había implementado en la Argentina el serrucho antes de los pasos a nivel. Y no sabían. Cada vez que pasaban por uno, sentían esa vibración y ruido. ¡No lo podían creer! En esa misma carrera, después de la primera etapa, no lo dejaron seguir participando a Carlos Walter Loeffel, un ejemplo de tesón. Un piloto cordobés que tenía una pierna ortopédica, producto de un accidente. Era de Marcos Juárez. Un tipo de campo y personaje total.

-¿Por qué Argentina es tan fierrera?

-Argentina es fierrera porque los hombres de Europa que venían con inquietudes mecánicas trasladaron a los argentinos lo que ellos habían mamado en Europa y que no habían podido consolidar por la guerra. Y fueron los que armaron talleres, le enseñaron a los argentinos a preparar un auto, a correr. Hubo muchos pilotos extranjeros que corrían en el TC, que es la categoría más antigua del mundo. Y salieron figuras consulares: Fangio, los Gálvez, Menditeguy, Álzaga, Casá. Petrini. Hacían picadas a la noche, venían andando y metían la marcha atrás. Timbeaban con eso.

Lole Reutemann, ganador en Mónaco 1980. En el podio, junto a Mimicha, Grace Kelly y el Príncipe Raniero

-Hablaste del Lole, cubriste toda la carrera de él.

-Reutemann fue un tipo muy importante. Cuando empecé en la F1 Lole no corría, no existía el satélite, en esa época venía el cable por debajo del mar. Transmití mi primera carrera en México 68, una definición del Campeonato del Mundo que ganó Graham Hill. Lole va a la Fórmula 2. Hubo otros que pudieron meterse también: Fernandino, Di Palma, Marincovich, Pero ganaban mucha plata acá con los Sports Prototipos y ninguno quiso ir. Empecé a acompañar a Reutemann en la F2. Vendía, viajaba y volvía. Con lo justo. He caminado las calles de Montecarlo a la noche cuando no tenía plata para pagar el hotel. Casi duermo en la calle…

-¿En Montecarlo?

-Sí. Estaba haciendo tiempo hasta el amanecer y me encuentra Wilson Fittipaldi. “¿Qué andás haciendo a esta hora?”, me pregunta. “No conseguí hotel, Wilson. Ando caminando hasta que llegue la mañana”. Viejo zorro, entendía lo que pasaba porque también fue un seco. ”Vení, que yo te voy a hacer dormir en el Hotel de París. Ya estoy con Emerson, tengo un amigo ahí que está a la noche de sereno. Es argentino, como vos”. Era un jugador de fútbol, no recuerdo el nombre. Me dio una habitación de servicio del Hotel de París. Siempre digo: siendo un seco, dormí en el hotel más caro del mundo gracias a Wilson. Años después, en Suecia, le presté un auto alquilado porque lo habían metido preso a Emerson por ¡exceso de velocidad!

Arriba de la escalera y con micrófono

Legnani se da vuelta, mira una vitrina y ve una foto de Suecia. “Es el Kinneculle Ring, a unos 140 kilómetros de Gotemburgo. Era en el medio del campo, no era ni autódromo, con boxes de madera. Menos que menos había teléfono. ¿Cómo hacía para transmitir? Encuentro un tipo que hablaba castellano: Benito Bell. Había vivido en Venezuela y estaba antes de la carrera como un aficionado curioso. Le cuento que tenía que transmitir. “Yo tengo un amigo que tiene una chacra, a 2500 metros de acá, y tiene un teléfono”. Me llevó, le explicó que me iban a llamar y que yo iba a transmitir. Pero faltaba el cable para poder llegar con el aparato hasta la pista.

Legnani hasta vio coronarse campeón europeo al remero Alberto Demiddi. «Fui el único periodista esa vez en Copenhague»Rodrigo Néspolo

-Compraste el cable y listo.

-Es que no tenía plata para eso. Un ferretero nos prestó 2500 metros de cable. Al día siguiente me llamaron y transmití desde arriba de una escalera. La gente no miraba la carrera: me miraba a mi. ¡Un loco gritando arriba de la escalera! Volví al hotel y estaban los periodistas suecos buscándome para hacerme una nota. Los tipos no entendían que hubiera hecho más de 12.000 kilómetros para relatar una carrera para Argentina subido a una escalera. Pero no termina ahí.

-¿Más sorpresas?

-Sí. En la radio me dicen que al día siguiente Alberto Demiddi corría la final del Europeo de remo en Copenhague. Año 1971.

-¿Sabías algo de remo?

-Nada, absolutamente nada. Emerson Fittipaldi y Lole me decían que estaba loco. Llego, hablo con Demiddi y le pedí que me ayudara para no hacer un papelón. “Hable con el director deportivo”, me contesta, seco. ¡Me sacó cagando! Me acerco a esa persona y me dice: “Perfecto, mañana vamos a la cancha y le explico bien”. ¿A la cancha? pensaba yo. Ni sabía que a la pista le decían cancha. ¿Qué pasó? Ganó Demiddi y salió campeón europe. Fui el único que transmitió.

Para Legnani, «la gente fue muy injusta con Reutemann, un señor. Y no fue campeón del mundo porque lo robaron»GUSTAVO AMARELLE

-Vuelvo a Reutemann. ¿La gente fue injusta con él?

-Sí, muy injusta. Lole era un profesional impecable. Se burlaron de él pese a la cantidad de carreras que ganó, siendo el deportista que fue. Y no fue campeón del mundo en 1981 porque le robaron la carrera de Kyalami, que había ganado. Se corre por puntos y a los dos meses Ecclestone inventa Las Vegas y le sacan el puntaje de la de Sudáfrica. Hubiera sido campeón antes de ir a Las Vegas. Le robaron el campeonato. Un señor, nunca dijo nada. Querido, respetado. No quiso volver cuando se mató Gilles Villeneuve, su ahijado deportivo.

-Brabham, Ferrari, Lotus, Williams. Todas las grandes escuderías lo quisieron y lo tuvieron.

-Sí. Una vez estábamos en Watkins Glenn. Hace la pole con Ferrari (fines de 1978) y me dice de ir a caminar el circuito. “Quiero ver la curva tal por última vez”. Lole fue el primero que caminó los circuitos. Salimos y no hablaba, era un tipo de pocas palabras. Llegamos a la curva, se para, me mira y me dice: “¿Vos irías a correr a Lotus?”. Me sorprendió. “Yo no dejaría Ferrari. ¿Te ofrecieron ir a Lotus?”, le pregunto. Me dice que sí. “No te vayas. En las condiciones que estás ahora, habiendo hecho el desarrollo de las cubiertas Michelin”, le agrego. Pero Colin Chapman lo convenció y dejó Ferrari para ir a Lotus, que estaba en declive. Al día siguiente me confirmó que ya tenía todo arreglado y que en Montreal ayudaría a Villeneuve a ganar en su país. En el 82, cuando se mata Gilles y lo llama Ferrari de nuevo, les dice que no, pero a los quince días se arrepiente. “Me dio vergüenza llamar para decirle a Don Enzo que volvía”.

-Estuviste cuando ganó en Mónaco 1980. ¿Qué te provocó? Mónaco tiene su magia, a pesar de que las carreras suelen ser aburridas.

-Sí, son aburridas. Y aparte no se ve prácticamente nada. En aquella época estaban los boxes frente al palco oficial. Estaban Rainiero y Grace Kelly cruzando la calle. Lole ganó bien la carrera, un día de lluvia, con el Williams. Una satisfacción. Lo mismo que en Nürburgring 75. Estábamos caminando juntos y me tira “La encontré la carrera”, porque se habían quedado Lauda, Regazzoni. “Pero acá ganó Fangio, acá se mató Pinocho Marimón”, le respondo. Fue un triunfazo. Era el único que estaba ahí de Argentina. ¡Dormía en un escarabajo!

Para Legnani, «a Colapinto le han hecho mucho daño, demasiada exposición». Y fue durísimo con Briatore, «echado de la F1 por perrero»SOPA Images – LightRocket

-¿Qué podemos decir de Franco Colapinto?

-Me duele en el alma que un bandido como Flavio Briatore esté manejándolo. Porque este tipo, lo único que piensa es en la plata que pueda hacer. ¿Sabés que lo habían echado de por vida de la Fórmula 1? A Briatore, el dueño de Colapinto en esos momentos, lo echaron de la Fórmula 1 por “perrero” cuando estaba en Renault. ¿Qué hizo? Lo mandó a Nelson Piquet Jr. a chocar en Singapur 2008 en la vuelta 15 para hacer entrar el auto de seguridad y favorecer a su compañero Fernando Alonso. Ese es Briatore. La FIA lo excluyó de la competición deportiva. Lo echaron después de que el pibe Piquet contó qué fue lo que pasó.

-Pero volvió…

-Le habían prohibido entrar en las carreras y luego manejar equipos de Fórmula 1. Pero no fue una medida eterna. Y volvió porque es amigo de Bernie Ecclestone. Tendrán un negocio en sociedad. Porque Ecclestone no se fue de la Fórmula 1. Y Colapinto le hace caso en todo a Briatore.


“A Colapinto lo han inflado demasiado. Le han hecho mucho daño dándole tanta manija y publicidad. Que esto de las mujeres, que esto de aquello. Le han dado demasiada exposición. Lo tendrían que haber encerrado y decirle: “Vos te dedicás exclusivamente a correr, hacer entrenamiento y seguir progresando”. Porque es talentoso. Es muy joven. Tiene 22 años y un futuro tremendo. Pero hay que saberlo llevar. Hay que guiarlo. Hay que preservarlo. Cuidarlo».


-¿Pero Colapinto es bueno? ¿O cree, como consideran algunos, que está inflado?

-Al chico lo han inflado demasiado. Le han hecho mucho daño dándole tanta manija y publicidad. Que esto de las mujeres, que esto de aquello. Le han dado demasiada exposición. Lo tendrían que haber encerrado y decirle: “Vos te dedicás exclusivamente a correr, hacer entrenamiento y seguir progresando”. Porque es talentoso. Lo que pasa es que los argentinos somos así. Cualquier tipo en la televisión y en la radio opina, dice cosas. Y no conocen del tema, nunca vienen a una carrera y apenas saben si un auto tiene cuatro o dos ruedas. Y hablan de Colapinto y opinan, que por qué abandonó, por qué chocó. ¡Subite vos a un auto de carrera a ver cómo te va! ¡Andá a 300 kilómetros por hora! La gente habla sin conocimiento. Me duele porque el pibe tiene condiciones. Tiene talento. Es muy joven. Tiene 22 años y un futuro tremendo. Pero hay que saberlo llevar. Hay que guiarlo. Hay que preservarlo. Cuidarlo.

-¿Y cree que tiene futuro en la Fórmula 1 o que se lo va a devorar el sistema?

-No, no creo que se lo devore el sistema. Porque detrás tiene sponsors que lo van a apoyar para que pueda continuar con su carrera. Lo que pasa es que hay que conseguirle un buen auto. No hay corredor de autos de carrera si no tenés un buen vehículo. Es como todo. Pero el Alpine es un cachivache. Esa es la realidad. El equipo es un desastre.

«Caito» con parte de su equipo de producción: experiencia y sangre nueva combinadasRodrigo Néspolo

La mirada sobre nombres ilustres

-Le tiro nombres y diga lo que le surja. Ya contó que era como un hijo más: Luis Rubén Di Palma.

-Luis era un intuitivo, pilotazo. Un tipo que no tenía ningún tipo de cultura, ni había estudiado nada. Y aprendió la mecánica. Él se hacía los autos de carrera. Era un piloto excepcional. No fue a Europa por lo que te conté, que ganaba mucha plata con los Sport Prototipo. Pero hubiera sido un digno representante. Un gran campeón. Como era Luis, muy despelotado. Por eso era el Loco. Pero no comía vidrio. Vivió en casa los últimos tres años hasta que se casó. Para nosotros, era un hijo. Otro al que pude ayudar fue Johnny de Benedictis. En aquella época había que asentar las gomas, tornearlas para correr en ruta. Yo tenía un Mercedes: se las ponía en mi auto y se la gastaba. Johnny después las usaba en las carreras.

Con la indumentaria de Campeones y en los autódromos, una imagen clásica de LegnaniRodrigo Nespolo

-El Flaco Traverso.

-¡Pilotazo! Pudo haber sido de Fórmula 1. Se fue a correr con Ford, con los Fórmula 2. Ecclestone le ofreció quedarse allá, claro. El padre, Juan Cruz, ingeniero agrónomo, era el dueño de Fiplasto, una empresa de fibra plástica de plásticos en Ramallo. Pero se funde. Y él tuvo que volverse. Por eso no continuó con su carrera, porque no tenía dinero. Su hija Paula tiene un programa acá con nosotros: Damas Fierreras.

-El Toro Mouras, campeón entre 1983 y 1985 con Dodge.

-Pilotazo y tipazo. Roberto era contador, nadie lo sabía. Nunca dijo que se había recibido. Era tan humilde, tan buen tipo, que cuando se muere ahí se llega a saber la verdad de su vida. Vivía ayudando permanentemente en entidades de bien público. De Carlos Casares y todos los pueblos vecinos. Su padre tenía una buena posición económica, campos. Era un ídolo.

El Toro Roberto Mouras, un nombre ilustre del TC y del automovilismo nacionalArchivo

-Roberto se mata en el semipermanente de Lobos en el 92. Tomando ese accidente como disparador, ¿qué le pesaba como relator y hombre del automovilismo cuando un piloto se accidentaba y fallecía?

-Quedaba mal, anímica y mentalmente. Tal es así que cuando se mata el Pato Osvaldo Morresi en La Plata, en el 94, después de pisar un charco de aceite y pegarse contra un talud, dije que no transmitía más carreras en ruta abierta. Campeones nunca más transmitió una carrera en ruta y eso me trajo problemas con la dirigencia de ese momento (NdR: la ACTC resolvió suspender esas carreras, pero la medida recién se implementó en el 97). Fui como el gestor de decir “basta con esto”, no ser más cómplice de algo muy peligroso. Se mataban muy seguido. Incluso, Walter Hernández, que fue campeón argentino en 1993, dijo “No corro, no quiero correr más en ruta”, y la ACTC lo suspendió tres carreras y le hicieron perder el campeonato. Lo cagaron. Un tipazo.

El estudio de Campeones, en Devoto. En el fondo, casco y guantes de un gran campeón: el Flaco Traverso. «Un pilotazo que pudo haber llegado a la Fórmula 1»Rodrigo Néspolo

-¿Guillermo Ortelli? Siete veces campeón con Chevrolet

-Muy buen chico. Perfil bajo, hombre de campo. Le gustan más los caballos y las vacas que los autos. Un gran piloto, una gran persona, un hombre de bien.

-Froilán González.

-Uffff. Otro tipazo el Cabezón. Era la única persona que entraba a ver a Enzo Ferrari sin golpear la puerta. Lo adoraba. Fue el primer pilotazo que le entregó la victoria a Maranello. Aparte, era un tipo tan simple, buena persona, humilde. Era como el Chueco, nada más que Pepe era más loco. Todo el mundo lo adora y lo extraña como si fuera un hermano, un padre.

-Ayrton Senna.

-No lo traté, pero me provocaba admiración. Fue un elegido, un fuera de serie. El mimado de Fangio.

-Otro que tuvo un destino trágico y daba espectáculo fue Gilles Villeneuve.

-A Gilles lo tratamos mucho por su relación con Reutemann. Hasta viajé en auto con él en Sudáfrica. Me avisan de la sala de prensa que estaba mal de salud el papá de Mimicha, en Santa Fe. Le digo a Carlos, que estaba en la clasificación en Kyalami. Al rato me confirman que había fallecido. Me pidió que fuera con Gilles a avisarle a Mimicha al hotel. Y fuimos en el auto, con Gilles manejando, los dos. Un chico amoroso. Muy buena persona.

El accidente fatal de Gilles Villeneuve, en el Gran Premio de Bélgica de 1982, en Zolder

-¿Hablaste con él de por qué era tan arriesgado? Tuvo muchos accidentes antes de aquel fatal en Zolder en 1982.

-No lo hablamos. Recuerdo el de Japón 1977, cuando se le levantó la Ferrari y el auto cayó arriba del público. ¡Fue terrible! Se montó en la rueda del Tyrrel de seis ruedas de Ronnie Peterson. Hubo dos muertos y siete heridos ese día. Terminó como terminó. Pobrecito. ¡Qué buen piloto era! Daba espectáculo. Una vez en Dijon, iba palo a palo con Jean Pierre Jabouille, varias vueltas, se tocaban las llantas y ya no me salían las palabras. Y dije: “¡Pero qué cojones tienen estos tipos!”. Ese día salió fuego de las llantas.

-Hoy hay muchas medidas de seguridad. Veía el otro día la carrera de Spa, un circuito peligroso. Llovía. Largaron con el safety car. Y pensamos en que antes corrían igual.

-Se les va la mano con las medidas que toman. Lo que pasa es que esto ya es muy comercial. Acá privan el negocio, la plata. No los cuidan mucho a los pilotos: cuidan los intereses de ellos, que no se les rompan los coches porque les cuesta mucha plata. Yo viví la mejor Fórmula 1 de la historia, en la época de Lole, ese fue el mejor momento con los grandes pilotos. Inclusive lo que eran los pilotos como personas, vos tenías acceso a cualquier momento, jugábamos al fútbol después de la prueba de clasificación. Era así. No existían los Motorhome en aquella época, te sentabas en la rueda de los autos de carrera. Era otra cosa. Como era otra cosa el automovilismo argentino. La gran fiesta que eran las vueltas que se hacían en las ciudades del interior. Se vivía de otra manera. La gente dejaba sus casas para que se alojaran los corredores con su gente. Acá en Argentina, ¿no? Pasaba eso. ¡Era tan lindo!

-Cuando Schumacher ganó su sexto título y lo pasó a Fangio, ¿sintió algo especial?

-No me gustó. Que superara al Chueco no me gustó. Pero eran otras circunstancias, otras carreras de autos. También el Chueco corría con el caballo del comisario porque sabía elegir el auto de carrera. Me dolió porque a Fangio lo quise mucho.

Las vitrinas llenas de recuerdos, tesoros de la trayectoria de LegnaniRodrigo Nespolo

-¿Vio la serie Drive to Survive, de Fórmula 1, por Netflix?

-No, no me llamó la atención, como tampoco cuando hicieron la película Rush, de Hunt y Lauda. Yo fui testigo de eso, de lo que pasó, y nada que ver con todas las cosas que mostraban en la película. Muy sobreactuado.

-Ahora, la serie, al negocio de la F1 le sirvió: acercó mucha gente nueva.

-Sí, claro. Hoy se mide todo con el dinero. Antes también, pero no es como ahora. Antes, te cuento esta, se corría un gran premio, la Vuelta de la Pampa, o la Vuelta de Rojas o de Salto. Lo que fuere. Vos sabías antes de correr cuánto ibas a ganar si terminabas primero, segundo, tercero, cuarto o quinto. Cuánto iba a ganar tu acompañante. Porque uno se inscribía en el Automóvil Club Argentino, que era el que regía el automovilismo por aquellos años, y estaba la nómina del dinero que iba a entregar cada carrera, a cada piloto, a cada participante. Así era nuestro automovilismo. Se ganaba mucha plata. Carlos Pairetti ganó un Gran Premio y se compró un piso en Callao, en Barrio Norte. Y no se cobraba entrada, era gratis.

-Cuando ves lo que es Campeones hoy, un largo recorrido, desde aquella primera transmisión a esto que es hoy, ¿qué te provoca?

-La satisfacción de que la gente te reconozca que uno ha sido normal en la vida. Campeones nunca vendió cosas que no corresponden. Hemos vivido de la publicidad y no de cosas raras. Y bueno, es el respeto que tiene la gente, el que me vean por la calle y me digan “Chau, campeón”. El cariño de la gente, el respeto, que es lo más importante que puede lograr un ser humano. La fama no me va ni me viene. No soy más ni menos que nadie. Si yo puedo ayudar a alguien… Hay que ser humilde, trabajar y recordar. Por eso le agradezco tanto a la gente que me ha ayudado para crecer. Nunca soñé con tanta cosa.

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