Las centrales nucleares Embalse y Atucha I cumplen décadas de operación, consolidando su participación en la matriz energética nacional con una generación constante y de bajas emisiones.
La energía nuclear mantiene un rol estable en la matriz energética argentina. En marzo, la Central Nuclear Embalse, ubicada en la provincia de Córdoba, cumplió 43 años desde la puesta en marcha de su reactor. Por su parte, Atucha I, en la provincia de Buenos Aires, continúa su operación como una de las instalaciones más antiguas del país.
Actualmente, las centrales nucleares aportan alrededor del 10% de la electricidad que se consume en Argentina. Este porcentaje contribuye a la diversificación de las fuentes de generación y a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
La Central Nuclear Embalse, con una potencia de 656 MW, finalizó en 2019 un Proyecto de Extensión de Vida que le permitirá operar por 30 años más. Este proceso incluyó trabajos técnicos complejos y la participación de más de 3000 personas. La planta también produce Cobalto 60, utilizado en aplicaciones médicas e industriales.
Atucha I, la primera central nuclear de América Latina, se conectó a la red en 1974 y opera con una potencia de 362 MW. Utiliza una combinación de uranio natural y levemente enriquecido con tecnología de agua pesada.
El complejo nuclear se completa con Atucha II, una central de 745 MW finalizada tras la reactivación del Plan Nuclear en 2006. La historia nuclear argentina se remonta a más de seis décadas, con el desarrollo de tecnología propia y recursos humanos especializados.
De cara al futuro, la extensión de vida de las centrales existentes y la posible expansión del parque nucleoeléctrico se presentan como componentes en la planificación energética a largo plazo.
