Pablo Semán, especialista en cultura popular, describe las estrategias de adaptación y las dificultades que enfrentan las familias ante el actual contexto económico, contrastando percepciones oficiales con experiencias cotidianas.
El Gobierno Nacional ha destacado recientemente indicadores económicos como la baja en el índice de pobreza, que según el INDEC alcanzó el 28,2%, el nivel más bajo en siete años, y el sostenimiento del consumo. Sin embargo, estas cifras contrastan con las observaciones de campo de especialistas en sectores populares.
Pablo Semán, antropólogo y sociólogo, coautor de «Está entre nosotros: ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?», ha seguido de cerca la situación en los barrios populares, con foco en los jóvenes. En diálogo con RÍO NEGRO, Semán señaló que, tras un período inicial de estabilización inflacionaria que cosechó apoyo, las dificultades cambiarias y otros factores han complejizado el escenario.
«Hoy, aunque el mercado cambiario mejoró, la inflación volvió a empeorar y, sobre todo, empeoraron los ingresos. No se recompusieron al ritmo de los precios y además hay pérdida de trabajos, changas, ingresos informales», afirmó el especialista. «Hoy la gente tiene que administrar más inflación con menos recursos», agregó.
Según su análisis, este contexto obliga a cambios de hábito y a una «economización absoluta» de la vida cotidiana. En los sectores medios se observa una sustitución por segundas marcas, mientras que en los sectores de menores recursos hay un espaciamiento de los consumos y un aumento en la compra de ropa usada o importada de bajo costo.
Semán también destacó el impacto en los lazos sociales y el estado anímico: «La gente pierde cosas todo el tiempo. Se acortan los tiempos libres, las posibilidades de ocio… y también los lazos sociales». Señaló como ejemplo la reducción en las celebraciones como cumpleaños, regidas por una lógica de reciprocidad estricta ante la imposibilidad de afrontar gastos extra.
El antropólogo mencionó un pasaje «desde la incertidumbre inicial a una esperanza basada en la baja de la inflación, incluso con aceptación del ajuste», hacia un escepticismo actual, que tuvo como primer síntoma visible el ausentismo electoral en los comicios de 2025.
Respecto al acceso a bienes básicos, el especialista indicó que hay familias que han reducido el número de comidas diarias y sostuvo que existe «una mirada muy pesimista hacia adelante», con ansiedad, depresión y menos esperanza en el futuro.
