En un predio del barrio Otaño, la familia Beckmann desarrolla «Principios y Finales», un proyecto de vinos elaborados con uvas de su propio viñedo bajo prácticas de agricultura regenerativa.
En la avenida Castagnous del barrio Otaño, en Plaza Huincul, se encuentra la bodega y viñedo «Principios y Finales», un emprendimiento familiar creado por el ingeniero civil Alejandro Beckmann. El proyecto, materializado tras cuatro años de trabajo, ocupa tres cuartos de hectárea y alberga unas 3.200 plantas de variedades bordelesas como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Petit Verdot y Pinot Noir.
Beckmann explicó que, pese a la extensión reducida, optó por una alta densidad de plantas para alcanzar el volumen de vinificación deseado. El sello distintivo de la producción es el «Field Blend» o mezcla de campo, un vino que surge de la combinación de estas variedades desde el propio viñedo.
El cultivo se realiza bajo los principios de la agricultura regenerativa, que evita labrar el suelo, promueve la biodiversidad y utiliza fertilización orgánica a base de compost. «El vino nace en el viñedo, de la calidad de la uva», sostuvo el emprendedor, destacando el cuidado personal de todo el proceso.
La primera cosecha, estimada en 2.500 kilos de uva, permitió elaborar unos 1.515 litros de vino. La meta a futuro es estabilizar la producción en unos 3.000 litros anuales (aproximadamente 4.500 botellas), un volumen que, según Beckmann, permitirá mantener el control artesanal de todo el proceso.
«Es un esfuerzo familiar con una oferta para la ciudad», describió sobre el proyecto, financiado con fondos propios. La iniciativa busca llegar a un público que valore el trabajo artesanal y la experiencia detrás de cada botella.
