La discusión en torno a la Ruta 22 no debería limitarse a aspectos estéticos, sino centrarse en cómo su diseño afecta la conectividad, la fluidez del tránsito y el desarrollo económico del Alto Valle.
Los caminos, desde siempre, buscan facilitar la conectividad entre los pueblos. Ese es el objetivo de calles, rutas, bicisendas y demás vías. Una calle de tierra ya facilita más la conectividad que no tenerla; una de asfalto la facilita aún más, porque la hace más segura y rápida. Las decisiones que se tomen sobre las rutas también afectan esa característica, haciendo más lenta o más fluida la circulación.
Por eso, el debate sobre la Ruta 22 no debe ser solo estético. Los motivos por los que alguien decide entrar a una ciudad no tienen que ver con si la ruta va a nivel o elevada; quien entra a una ciudad lo hace por otras razones. La discusión que debemos darnos es cuán rápido queremos llegar de Neuquén a Roca, y cuán rápido de Roca a Neuquén. La fluidez y la rapidez de las rutas facilitan el desarrollo económico de nuestra región.
Debatir solo la cuestión estética es tomar una decisión que afecta ese desarrollo. General Roca será más próspera si está mejor conectada con Neuquén: la vida de nuestros vecinos será más fácil, y el crecimiento económico de toda la región será mucho más rápido.
