El presidente de Estados Unidos calificó de «totalmente inaceptable» la oferta de Teherán y comparó la situación del cese al fuego con un paciente en soporte vital. La tensión en Medio Oriente se intensifica mientras el petróleo supera los 100 dólares.
La tensión en Medio Oriente alcanzó un nuevo pico de incertidumbre este lunes 11, alejando las esperanzas de una pacificación a corto plazo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó de manera categórica la reciente contrapropuesta de Irán para poner fin a la guerra, lo que reavivó los temores de un regreso inminente a las hostilidades abiertas en la región del Golfo.
Tras recibir el documento con las exigencias iraníes, el mandatario republicano dijo en declaraciones a la prensa en la Casa Blanca que el alto el fuego se encuentra bajo «respiración asistida» o «soporte vital». En este sentido, realizó una cruda analogía: «Es como cuando entra el médico y dice: ‘Señor, su ser querido tiene exactamente un 1% de posibilidades de vivir’».
Previamente, a través de sus redes sociales, había calificado la oferta de Teherán como «totalmente inaceptable» y, al ser consultado sobre el documento, fue aún más filoso: «Yo lo llamaría el más débil, después de leer ese pedazo de basura que nos enviaron. Ni siquiera terminé de leerlo». Además, deslizó la posibilidad de reiniciar las operaciones militares para escoltar navíos en el estratégico estrecho de Ormuz.
El estancamiento diplomático radica en la distancia abismal entre las condiciones que imponen ambos bandos. Según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, la propuesta de Teherán incluía exigencias de máxima. Para Estados Unidos, ceder en estos puntos (especialmente antes de negociar los límites al programa nuclear) significaría levantar la principal herramienta de presión económica sobre el país persa y legitimar el cierre de una vía navegable internacional.
«No exigimos ninguna concesión; lo único que exigimos fueron los derechos legítimos de Irán», retrucó Esmail Baqai, portavoz de la diplomacia iraní. Lejos de retroceder, el régimen redobló la apuesta retórica. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, lanzó una contundente advertencia militar: «Nuestras fuerzas armadas están listas para responder e infligir una lección a cualquier agresión. Se llevarán una sorpresa».
El trasfondo del conflicto sigue siendo el programa atómico de Irán. Mientras el país persa sostiene que sus fines son pacíficos e incluso —según fuentes diplomáticas de AP— habría ofrecido diluir parte de su uranio altamente enriquecido enviándolo a Rusia, tanto Washington como Tel Aviv exigen el desmantelamiento total del programa.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, fue tajante. En una entrevista con la cadena estadounidense CBS, aseguró que el conflicto «no ha terminado», ya que el objetivo principal es retirar el uranio enriquecido y destruir las instalaciones atómicas iraníes. Si esto no se logra mediante la vía diplomática, Netanyahu avisó que Israel y Estados Unidos coinciden en que pueden «volver a enfrentarlos militarmente».
El ruido de los cañones tuvo un impacto inmediato en los mercados globales. La falta de un acuerdo diluye las expectativas de reabrir el estrecho de Ormuz —por donde históricamente transita el 20% de los hidrocarburos consumidos en el mundo— y empujó el barril de crudo Brent por encima de la barrera de los 100 dólares. Amin Nasser, presidente ejecutivo de la gigante petrolera saudita Aramco, definió la situación como «el mayor shock energético que el mundo haya experimentado». El ejecutivo advirtió a los inversores que la normalización del mercado tomará años: «Aunque el estrecho de Ormuz reabriera hoy mismo, harían falta meses para que el mercado se reequilibrara, y si su reapertura se retrasara unas semanas más, la vuelta a la normalidad se extendería hasta 2027».
Las consecuencias exceden lo económico y rozan la catástrofe humanitaria. Jorge Moreira da Silva, director ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), alertó que si el bloqueo impide el paso de fertilizantes por el estrecho en las próximas semanas, «decenas de millones de personas podrían enfrentarse al hambre y la inanición».
Mientras tanto, la diplomacia internacional trabaja a contrarreloj. Pakistán intenta mediar un memorando de entendimiento básico, y se espera que el propio Trump utilice su inminente viaje a China para presionar a Xi Jinping —principal comprador del crudo iraní— a fin de destrabar un conflicto que mantiene en vilo al planeta.
