Recuperados del coronavirus: sin ayuda del gobierno, una familia de Villa Azul salió sola de la enfermedadSociedad 

Recuperados del coronavirus: sin ayuda del gobierno, una familia de Villa Azul salió sola de la enfermedad

Primero cayó Alicia, después su marido Pedro y así, uno a uno, fueron enfermándose sus 8 hijos, de entre 2 y 19 años. Los 10 se infectaron en mayo de coronavirus en Villa Azul, uno de los barrios del conurbano más castigados por la enfermedad. Ellos hicieron todo lo posible para que los atendieran: llamaron a los números de emergencia, pidieron ambulancias, reclamaron hisopados, recurrieron a la policía y se acercaron al hospital de la zona. No hubo caso: nadie los asistió. Infectados, atravesaron días terribles en los que pensaron en morir. Se ayudaron entre ellos. Aunque cueste entenderlo: se recuperaron solos.

Así se lo contaron al periodista Federico Wiemeyer en su sección “Recuperados” de Telenoche. Describieron días desoladores y de desamparo absoluto. Los salvó -aseguraron- la contención, la fuerza familiar y la fe en que iban a poder salir. “No sabemos cómo nos contagiamos. Nos faltaba el aire y no podíamos comer. Había días en los que no nos podíamos dar vuelta en la cama por el dolor de cuerpo y de cabeza. Nos sentimos muy solos y abandonados. Solo nos ayudó un vecino que tiene un comedor en el barrio”, compartió Alicia entre lágrimas.

Pedro también se quebró. Al principio, describió, pensó que era una gripe y, aunque fue empeorando, no quería que los suyos se preocuparan. Hasta que no dio más. Estuvo 15 días mal. “No quería morirme porque tengo a mis hijos chicos. Lo único que pensaba era en la familia y en tratar luchar con lo que podíamos”, avanzó.

Desde el principio, pidieron ayuda a los números de emergencia y centros de salud de la zona presuntamente preparados para asesorar a personas con síntomas y recibir a pacientes enfermos. A ellos los libraron a suerte. En junio, cuando el barrio quedó cerrado por decisión oficial, los hijos mayores salieron a pedir ayuda. “Nos decían que venían y nunca vinieron”, relató una de las hijas de la pareja. “Nos cansamos de pedir el hisopado”, agregó Alicia.

Aferrados a la fe y al apoyo entre todos, zafaron. Alicia le prometió a Dios que si se sanaban, ella iba a empezar a hacer donaciones y ayudar a gente humilde como ella en su provincia, Chaco. Es la misión que sigue ahora. “Es tremendo vivirlo y es tremendo contarlo”, sintetizó el calvario la mujer.

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