Bill Murray cumple 70: una vida intensa, con excesos y excentricidadesEspectáculos 

Bill Murray cumple 70: una vida intensa, con excesos y excentricidades

El 21 de septiembre debería ser el Día Mundial del Comediante: es la fecha en la que nació Bill Murray, que hoy está cumpliendo nada menos que 70 años. Una buena excusa para repasar la biografía de uno de los mejores humoristas de la historia del cine, que tuvo una vida abundante en creatividad pero también en excesos y excentricidades.

William James Murray nació en Wilmette, Illinois (Estados Unidos) en el seno de una familia humilde. Bill era uno de los nueve hijos de una empleada de correos y un comerciante: para pagarse el colegio los chicos tuvieron que trabajar como caddies en un club de golf. Tal vez por eso, el actor haya resultado un excelente golfista, con participaciones en competiciones profesionales.

Entre sus hermanos hay otros tres actores (John Murray, Joel Murray y Brian Doyle-Murray) y también una monja actriz, sor Nancy, que entró a la orden dominica en 1966 y pasó varios años viajando por distintos países (Filipinas, Vietnam, Perú, Italia) interpretando a Santa Catalina de Siena.

Phil Connors, personaje interpretado por Bill Murray en el film “El Día de la Marmota”.

Criado en el catolicismo irlandés, su infancia en una familia numerosa lo marcó al punto de repetir la historia. Tuvo nada menos que seis hijos con sus dos parejas estables. Dos con su primera mujer, Margaret Kelly, con quien estuvo casado entre 1981 y 1996, hasta que le fue infiel con Jennifer Butler. Luego se emparejó con su amante, con la que estuvo casado durante once años, entre 1997 y 2008, y tuvieron cuatro hijos.

El segundo divorcio fue por demás conflictivo. En la demanda, Butler explicó que pedía el fin del matrimonio “debido al adulterio del acusado, a su adicción a la marihuana y al alcohol, a su conducta y abusos físicos, a su adicción al sexo y al frecuente abandono“. Además, su abogado adujo que la conducta “violenta, abusiva y errática” de Murray hacia ella “destruyó la relación marital entre ambas partes”, y aseguró que la mujer “no se sentía segura” estando en presencia de su ex marido.

La lista de anécdotas que rodean a Bill Murray es infinita. En el libro Cómo ser Bill Murray, editado en 2014, el escritor Gavin Edwards lo describe como alguien divertido e impredecible. Al parecer, en una época acostumbraba robarles papas fritas a desconocidos en los restaurantes. Cuando lo agarraban, les decía: “Nadie te va a creer cuando lo cuentes”.

Bill Murray, otra vez en la piel de Phil Connors para una publicidad.

Una vez, cuando tenía 20 años, lo detuvieron en el aeropuerto de Chicago con cinco kilos de marihuana: lo descubrieron porque le dijo en broma a otro pasajero que llevaba una bomba en su equipaje. En otra ocasión se coló en una fiesta de estudiantes escoceses: como no había llevado nada para beber, se quedó hasta el amanecer lavando los platos.

También se dice que es aficionado a las corridas de toros y a participar religiosamente de las corridas de San Fermín, en Pamplona. En esa ciudad española circulan varias leyendas urbanas vinculadas al actor: que lo vieron tirado en algún portal agarrado a una botella del célebre brandy Soberano, o corriendo delante de los toros, o de juerga en plena borrachera por las calles de la capital navarra.

Como fuera, Murray se convirtió en un ícono pop a partir de sus actuaciones marcadas por el estilo deadpan, es decir, el nombre que dan los anglosajones al humor con cara de póker. Su presencia realzó cada una de las películas en las que participó, a caballo de su cara entre triste y resignada, su cadencia al hablar y su actitud cool en las situaciones más disparatadas.

Bill Murray y Wes Anderson tocan un tambor a su llegada a la inauguración del 68º Festival Internacional de Cine de Berlín, en 2018. Foto EFE

Durante la adolescencia tuvo una banda de rock, Dutch Masters, al tiempo que participaba de los cursos teatrales de la escuela secundaria. Al terminar, sin embargo, probó con medicina, pero abandonó enseguida. Entonces uno de sus hermanos, Brian, lo invitó a participar de The Second City, un grupo cómico de improvisación basado en Chicago.

Pronto se mudó a Nueva York, donde John Belushi lo reclutó para la troupe de The National Lampoon Radio Hour, toda una institución de la comedia estadounidense. Pronto se destacó y en 1977 se incorporó a la segunda temporada de ese semillero de comediantes llamado Saturday Night Live, donde permaneció hasta 1980.

Su debut cinematográfico fue en Albóndigas (1979, Ivan Reitman) a la que seguirían películas que marcaron la infancia y la adolescencia de toda una generación de estadounidenses, como Los locos del golf (de Harold Ramis) o El pelotón chiflado (del propio Reitman). Pronto, también de la mano de Reitman, formaría parte de una que lo catapultó a la fama mundial: Los cazafantasmas (1984).

Bill Murray es hincha fanático de los Chicago Cubs de béisbol. Foto AFP

En ese momento, en el pico de su fama, se tomó una pausa de dos años para estudiar filosofía e historia en la Sorbona. Un gesto que muestra a las claras que no se trata de un actor más del montón: el hombre tiene su personalidad. Para bien y para mal: es conocido por sus bruscos cambios de ánimo. Al punto que Dan Aykroyd, uno de sus compañeros en Los cazafantasmas, lo apodó “Murricane”, haciendo un juego de palabras entre su apellido y “huracán”.

“Un amigo una vez me dijo ‘tenés una reputación’. Y yo le dije ‘¿qué?’. Y me contestó: ‘sí, tenés la reputación de ser difícil en el trabajo’. Pero sólo tengo esa fama de gente con la que no me gustaba trabajar, o de gente que no sabía cómo trabajar, o qué es el trabajo”, se defendía él en una entrevista, justificando su irascibilidad.

Tuvo encontronazos con numerosos compañeros o directores, como Chevy Chase, Sean Young, Richard Donner, Richard Dreyfuss, Harold Ramis, Anjelica Huston e incluso Scarlett Johansson. Se cuenta que en el rodaje de Los ángeles de Charlie, Lucy Liu le dio tres puñetazos en la cara después de que Murray le dijera que ella no sabía actuar.

Los cazafantasmas: Harold Ramis, Ernie Hudson Bill Murray y Dan Aykroyd, el cerebro del filme.

También tuvo conflictos durante una de sus mejores películas, Hechizo del tiempo (1993): afectado por sus problemas matrimoniales, durante el rodaje se comportó casi más grosera y malhumoradamente que su personaje. De cualquier modo, el resultado es una obra maestra y su actuación es brillante.

En esa década, más precisamente en 1998, comenzó su relación laboral con Wes Anderson, con un papel en Rushmore, la segunda película del ahora consagrado director. Le siguieron filmes inolvidables como Los excéntricos Tenenbaum, Vida acuática y El gran hotel Budapest, además de voces en las animadas Isla de perros y El fantástico Mr. Fox.

Otros títulos destacables de su filmografía son Una mujer para dos, de John McNaughton, junto a Robert De Niro y Uma Thurman; Flores rotas, de Jim Jarmusch; y hasta Zombieland, donde hizo de sí mismo. Pero su título favorito de todos los que protagonizó es Perdidos en Tokio (2003, de Sofia Coppola) por la que recibió su primera y hasta ahora única nominación al Oscar (lo perdió frente a Sean Penn en Río Místico).

Bill Murray en un monólogo. Foto AFP

Esta carrera lo transformó en un ícono: hay gente que fabrica dólares con su cara. Como buen mito, las anécdotas a su alrededor se multiplican: también se cuenta que se perdió en la jungla balinesa y que contrató una asistenta sordomuda mientras filmaba Hechizo del tiempo.

Se sabe que llegado un punto de su carrera decidió despedir a su representante y establecer que quienes quisieran trabajar con él le dejaran las propuestas en un contestador automático. Así se convirtió en lo más parecido a una figura mitológica que hay en Hollywood.

Bill Murray jugando un torneo de golf.

Casi nunca asiste a eventos, apenas concede entrevistas y no tiene ni agente, ni representante, ni publicista. Incluso sus directores fetiche como Wes Anderson o Sofia Coppola tienen que ponerse en contacto con él a través de ese contestador. Puede que escuche el mensaje, o puede que no. Cuando devuelve la llamada, pide que le manden el guion por fax a una ferretería. Así se perdió papeles que le habrían gustado hacer, como en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

WD​

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