En la inauguración del espacio, especialistas plantearon la necesidad de equilibrar el avance tecnológico con el desarrollo de habilidades humanas como la empatía y la conciencia corporal.
Durante la inauguración del Polo Científico Tecnológico de Neuquén, se generó un espacio de reflexión que trascendió lo meramente técnico. El evento, que congregó a diversos actores del ámbito científico y tecnológico, puso sobre la mesa la discusión acerca del lugar de las denominadas «habilidades blandas» en el futuro del desarrollo.
En su exposición, Ignacio Monti, creador del método Terapia Postural Holístico (TPH) y residente en Bariloche, señaló que capacidades como la escucha, la empatía, la presencia y la conexión con el propio cuerpo están dejando de ser consideradas accesorias para volverse imprescindibles. «El bienestar no es una herramienta para producir más. El bienestar es una condición para vivir mejor», afirmó.
Este enfoque propone un cambio cultural que integre dimensiones históricamente separadas: la ciencia y el bienestar, la tecnología y la conciencia, la innovación y la presencia humana. Según los planteos expuestos, las ciencias contemporáneas como la neurociencia y la fisiología están mostrando que el cuerpo es parte integral del pensamiento, la emoción y la forma de relacionarse con el mundo.
La iniciativa del Polo Científico Tecnológico neuquino simboliza, para los expositores, una dirección hacia la construcción de sociedades más equilibradas. El desafío cultural del siglo XXI, se argumentó, no radica en elegir entre tecnología o humanidad, sino en entender que el progreso también se mide por la capacidad de fomentar comunidades más conscientes.
El evento concluyó con la idea de que el desarrollo tecnológico futuro debe dialogar con una comprensión más profunda de lo humano, integrando la innovación con la inteligencia corporal para crear un futuro tecnológicamente avanzado sin descuidar la esencia humana.
