Un informe de la consultora Epyca señala que la aceleración inflacionaria va más allá de factores estacionales, vinculándola a cuestiones cambiarias y fiscales, pese a la proyección de una posible baja en abril.
Luego de que el Indec difundiera el dato de inflación de marzo, que se aceleró al 3,4%, el presidente Javier Milei pidió «paciencia» y atribuyó la suba a distintos factores de estacionalidad. Sin embargo, un informe de la consultora Epyca analiza que el trasfondo del aumento en el IPC va más allá de factores coyunturales, apuntando a razones estructurales.
El reporte detalla que, tras una baja inicial notoria en la inflación al comienzo de la gestión, ese esquema se habría agotado hacia mayo-junio de 2025. Según la consultora, la caída desinflacionaria inicial se atribuyó a una liquidación del salario real y a un atraso cambiario, factores que luego se revirtieron. «No es casualidad que los salarios recuperasen niveles de dos años atrás y el dólar comenzase a subir hasta tocar el techo de la banda cambiaria justo en esos meses posteriores, mientras la inflación iniciaba estos diez meses consecutivos de alza», indican.
El propio FMI había alertado, en la aprobación de una revisión, que la suba escalonada de la inflación genera un problema cambiario, tanto por la apreciación real del tipo de cambio como por la dificultad para acumular reservas internacionales. Esta situación, según el análisis, genera presiones sobre el equilibrio fiscal y deriva en conflictos con provincias por transferencias de fondos, con empresas de transporte por subsidios y con proveedores por demoras en pagos, tácticas que, según Epyca, serían «contables» para mantener la meta fiscal.
Pese a este escenario, se proyecta que el dato de inflación de abril podría ser menor, iniciando un nuevo sendero a la baja. El informe señala que el Gobierno intentaría volver a usar el tipo de cambio como ancla, aprovechando la liquidación de la cosecha gruesa. No obstante, advierte sobre el riesgo de repetir un comportamiento similar al de 2025, con una primera mitad del año de apreciación cambiaria y una segunda donde la demanda de dólares supere a la oferta.
