Desde 1975, la Cooperativa Peumayén de Pichi Leufu reúne a crianceros de la Línea Sur para comercializar lana, pelo de cabra y cueros, mejorando sus ingresos y fomentando el arraigo rural.
Desde hace medio siglo, pequeños pobladores rurales de Pichi Leufu, ubicado a 60 kilómetros de Bariloche, sostienen con esfuerzo una de las cooperativas agropecuarias pioneras de la Línea Sur. Nació con 15 socios y hoy está conformada por 50 familias de parajes como Paso Los Molles, Cerro Alto y Villa Llanquín.
En 1975 nació la Cooperativa Peumayén, que en lengua mapuche significa «lugar soñado». La organización comunitaria surgió con la idea de mejorar la comercialización de sus productos (lana, pelo de chiva, cueros), ya que el circuito era desfavorable para estos crianceros que dependían exclusivamente de comerciantes de la zona que fijaban el precio. A su vez, les vendían alimentos de primera necesidad y forraje para los animales.
La conformación de la cooperativa fue impulsada por un grupo que integraba la cooperadora escolar. Poco a poco, otros vecinos se fueron sumando. En ese entonces, Emardo Sandoval cedió en comodato una parte de su campo para construir el galpón donde acopiarían los productos. Así comenzaron los encuentros de los pobladores para decidir el camino de la cooperativa.
La venta colectiva de la lana y el pelo de cabra, y las compras comunitarias de alimentos y forraje, permitieron obtener considerables ventajas en los precios, lo que se reflejó en una mejora de los ingresos familiares de los socios. «Son instrumentos de arraigo clave. Hoy por hoy, esos productores pueden tener posibilidades de reconocimiento del precio de los productos que ellos producen. Son productores muy chicos que perderían mucha capacidad de negociación a la hora de vender la lana por su cuenta. En cambio, armando lotes de lana como cooperativa pueden entrar en un sistema de licitación con varios oferentes y cambia la historia», manifestó Pablo Gáspero, investigador del INTA Bariloche. Añadió que la compra de insumos en cantidad les genera una reducción enorme de costos.
Carlos «Cale» Manzanares, junto a su esposa, formaba parte de un grupo misionero de la parroquia San Patricio, en Buenos Aires, cuando tenían apenas 20 años. En 1975 viajaron por primera vez a la escuela de Pichi Leufu. «El objetivo era evaluar la deserción escolar en las escuelas rurales, pero además ayudar en lo que se necesitara. Los integrantes de la cooperadora escolar plantearon la necesidad de conformar una cooperativa para comercializar sus productos y comprar lo necesario para vivir», recordó Manzanares.
Finalmente, la conformación de la Cooperativa Peumayén, en un principio con 15 familias, les permitió vender fundamentalmente la lana. Luego se sumó el pelo de cabra y además las mujeres comercializaban sus tejidos. Por otro lado, los pobladores hacían una compra comunitaria de productos de primera necesidad. «Las decisiones se tomaban democráticamente. Nada se hacía sin el consentimiento de los asociados. Aún al día de hoy», dijo Manzanares, quien hoy vive en Bariloche y se define como «un viejo asesor de la cooperativa». «Lo cierto –agregó– es que ahora nadie compra lana si no es a través de una cooperativa o un productor mediano o grande. El que necesita vender debe reagruparse».
La actividad de la cooperativa fluctuó a lo largo de los años. «Hubo fenómenos climáticos importantes que casi fundieron a los pobladores, como la gran nevada de 1984 y la caída de ceniza volcánica en 2011. A eso sumamos la sequía de la zona de hace más de 10 años por el calentamiento global», lamentó Manzanares, y apuntó a una gran cantidad de campos abandonados en la Línea Sur por la falta de agua. Recordó que la venta de lana se efectúa a exportadores a «un precio internacional». «Cuando sube el dólar de exportación, el sector se favorece. Pero pasó que durante muchos años, al igual que ahora, el dólar quedaba planchado», acotó.
La erupción del volcán Hudson en 1991 motivó el abandono de vastas zonas rurales en la Línea Sur. «Muy por el contrario, las familias de la Peumayén resistieron y se repusieron, evidenciando la relevancia del cooperativismo en la contención del tejido social, y la pequeña agricultura familiar campesino-indígena en el poblamiento de zonas rurales marginadas», recalcó Gáspero.
El 4 de junio de 2011 marcó otro quiebre ante la erupción del complejo volcánico Cordón Caulle Puyehue, que empeoró aún más el escenario de la sequía. «El área de influencia de la Cooperativa Peumayén fue una de las más castigadas por la lluvia de cenizas volcánicas. En algunas zonas, la capa de acumulación de material volcánico superó los 15 centímetros de espesor», recordó Gáspero, doctor en Biología que acompaña técnicamente a la cooperativa. Como consecuencia, «las majadas ovinas, rebaños bovinos y piños caprinos de las familias de la Cooperativa Peumayén se redujeron en un 60, 40 y 19%, respectivamente. Además, el rinde de las zafras laneras subsiguiente…».
