Carolina Gastaldi Castaño, neuquina de 38 años, dejó atrás 17 años de trabajo bancario para dedicarse a la escritura. Su obra «El despertar del alma» se presentará el 9 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Carolina Gastaldi Castaño cumplió un ciclo de 17 años como empleada en el Banco Nación en Neuquén. Su vida transcurrió entre la estabilidad de los números, la atención al público y la seguridad de un sueldo fijo. Sin embargo, una crisis interna profunda marcó un quiebre. En medio de un embarazo y un proceso de incertidumbre, surgió la necesidad de escribir su primer libro: «El despertar del alma». Lo presentará el 9 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
«Sentía que no pertenecía a ese lugar y que existía un propósito mayor para mi vida, aunque me tomó años descubrir cuál era», explicó sobre el inicio de su metamorfosis. La mujer nació en Neuquén, pero vivió en distintas partes del país debido a que su padre también era bancario. Luego se asentó en el Alto Valle y a los 23 comenzó a trabajar en el Banco Nación.
Durante gran parte de su juventud y adultez, Carolina habitó un entorno de «ruidos externos y distracciones cotidianas». La rutina de la oficina y las obligaciones sociales absorbieron su energía por más de una década. Describió esos días como una etapa de aislamiento emocional, a pesar de la constante interacción con colegas y clientes.
El cambio de rumbo no ocurrió de manera súbita. Hubo años de búsqueda silenciosa y de enfrentamiento con situaciones personales. Accedió a una licencia psicológica hace tres años y hoy se encuentra con una licencia por vacaciones. «Volví con la intención de renunciar y no me dejaron. Quise renunciar porque esto es más fuerte que yo», comentó Carolina.
Su libro, «El despertar del alma», funciona como una bitácora de transformación personal. El texto explora el concepto del «viaje del héroe», un proceso de autodescubrimiento que inicia con una etapa de oscuridad y culmina en la plenitud. La obra invita a preguntas como «¿Quién soy?», «¿Quién soy sin mi trabajo?» o «¿En qué estoy invirtiendo mi vida?». Plantea la idea del «punto cero», un espacio donde el ser humano se limpia de mandatos familiares y presiones colectivas.
El texto aborda también la gestión del diálogo interno y la urgencia de acallar la mente frente al caos del mundo moderno. Para Carolina, la verdadera realización no reside en el éxito económico, sino en la coherencia entre el sentir y el hacer cotidiano. Su embarazo y la llegada de su hija representaron un punto de inflexión. Atravesó ese período en soledad, con el apoyo de su mamá. Sostuvo que fue su «gran maestro», ya que «el dolor del abandono» del progenitor la obligó a buscar respuestas profundas dentro de sí misma.
