Un sistema de viviendas autónomas y desmontables, fabricadas con madera y componentes prefabricados, se instala en la costa atlántica entre Mar del Plata y Miramar, combinando precisión industrial con respeto por el entorno natural.
Un innovador sistema de módulos prefabricados está transformando el paisaje costero de Chapadmalal. Se trata de viviendas autónomas, diseñadas para adaptarse al clima y que pueden ser desmontadas sin dejar rastro en la naturaleza, en una zona que experimenta un boom de construcciones entre Mar del Plata y Miramar.
La casa en Chapadmalal forma parte de una serie de tres proyectos del estudio Borrachia que exploran la prefabricación sistematizada, permitiendo variaciones según el programa y su posición estratégica en el territorio. El diseño se complementa con piezas de interfaz que adaptan cada edificio al clima y la geografía local, dotándolos de una identidad propia: mientras una de las casas salva una pendiente pronunciada como un puente y otra se organiza como un claustro árido, la versión en Chapadmalal alterna volúmenes sobre el terreno para generar patios que dialogan con el bosque cercano y las vistas hacia el atardecer.
La totalidad de las viviendas se construyen en madera, utilizando componentes prefabricados que se ensamblan en el sitio. En este caso particular, las piezas fueron resueltas para funcionar con independencia, permitiendo que la casa sea ocupada de diversas formas y aumente su capacidad de habitantes según sea necesario. Esta autonomía funcional permite abrir o cerrar dormitorios según el uso, optimizando la economía de recursos al no requerir la climatización total de la superficie. Así, el edificio se vuelve un organismo adaptable que puede funcionar de manera fragmentada o integral según la demanda de sus usuarios.
El programa trasciende los espacios típicos de veraneo para incorporar situaciones intermedias vinculadas al paisaje: las galerías, los jardines interiores vidriados y las circulaciones que conectan el sector de fuego y la pileta elevada. Este recorrido culmina en las cubiertas verdes, que ofrecen un nuevo suelo elevado con vistas al entorno costero. Para minimizar el impacto ambiental, se emplean sistemas de bases de rápida instalación y ganchos de izaje integrados a la arquitectura, permitiendo que la intervención sea respetuosa y, eventualmente, trasladable, manteniendo una huella mínima sobre el ecosistema intervenido.
