viernes, 8 mayo, 2026

Recuperan un 20% de la población de la ranita de Valcheta, anfibio único en el mundo, en peligro crítico

Un equipo científico de la Fundación Somuncurá logró aumentar en más de un 20% la población de la ranita de Valcheta, especie microendémica que habita solo en el arroyo del mismo nombre en la Meseta de Somuncurá, Río Negro.

La ranita de Valcheta, que habita exclusivamente en el arroyo homónimo en la Meseta de Somuncurá, integra la lista roja internacional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) desde hace más de una década. Los esfuerzos de un equipo científico de la Fundación Somuncura lograron recomponer su población en más de un 20% en los últimos años. Según las estimaciones, habría en promedio alrededor de 4.000 individuos adultos reproductores, la población más estable, ya que los juveniles son variables.

Esta especie es considerada “microendémica”, un término técnico para las especies que se encuentran en un solo punto del mapa y no existen en ninguna otra parte del mundo. En este caso, la rana de Valcheta se encuentra en el arroyo del mismo nombre, al noreste de la Meseta de Somuncurá, en el paraje rural Chipauquil, a unos 65 kilómetros de Valcheta.

La Legislatura de Río Negro propuso declarar a la rana de Valcheta como especie en peligro de extinción; mientras tanto, los investigadores insisten en que se declare monumento natural, puesto que esta figura es “casi equivalente a la de área protegida” y, de esta forma, se podría trabajar más fuerte en la conservación de todo su hábitat.

“Viene mejorando la situación de la rana, pero aún no ha quebrado el umbral y sigue estando en estado de amenaza crítica. Hemos aumentado la población en más de un 20% (desde los primeros estudios de base en 2015), lo que es bastante para una especie amenazada. Pero para revertir la categoría de especie amenazada, habría que lograr una mejora del 100%”, puntualizó el biólogo Federico Kacoliris, investigador del Conicet e integrante de la Fundación Somuncurá.

Cuando se hicieron los primeros estudios en el lugar, se detectó que las truchas arco iris, introducidas en el arroyo Valcheta hace 100 años, constituían la amenaza más importante. “Este predador es un invasor exótico y se come tanto a la rana como a la mojarra desnuda. Así fue empujando poco a poco a las ranas hacia las cabeceras. En esos lugares aún resisten y están protegidas de alguna manera porque los saltos de agua naturales impiden a las truchas acceder a ese sector”, describió Kacoliris.

Sin embargo, también en esos lugares la población de ranas declinaba, debido a la presencia de ganado vacuno que se concentra en el arroyo para tomar agua y pisoteaba la vegetación, alterando el ambiente. “Armamos unos cercos para evitar el ingreso de las vacas y se formaron santuarios donde las ranas se reproducen. También hicimos una campaña de control de truchas que implicó sectorizar el arroyo en dos partes, sacando las truchas de las cabeceras para no afectar ni a las ranas ni a las mojarras”, indicó el investigador.

Con esos trabajos, los investigadores lograron que las ranas y las mojarras fueran recolonizando el hábitat. También criaron algunos ejemplares en el laboratorio del Ecoparque en Buenos Aires. “El programa de cría se inició en el Museo de La Plata y luego se lo pasamos al Ecoparque. ¿Cómo lo logramos? Replicamos las condiciones de hábitat de la rana en acuarios: la temperatura, la vegetación, las características del agua, refugios en forma de piedra. Arrancamos con 40, 50 ranas y ya liberamos miles de individuos. Hemos logrado restablecer al menos tres poblaciones de ranas que se habían extinguido”, advirtió.

Otro eje del trabajo consiste en concientizar a los pobladores para que se conviertan en guardianes del área. “No se trata solo de poner un cerco para impedir el ingreso de ganado. Se ponen bebederos, por ejemplo, afuera de los cercos para que las vacas tomen agua”, señaló. En el paraje Chipauquil, la rana de Valcheta y la mojarra desnuda comparten hábitat en el arroyo Valcheta. Kacoliris lo definió como “un sistema aislado que permitió la evolución de estas especies y otras”.

Hace un tiempo, los investigadores lograron que “también se categoricen como críticamente amenazados” dos caracoles de agua que conviven en ese mismo lugar y enfrentan las mismas amenazas. “La meseta en sí misma es una isla en medio de la Patagonia y este arroyo nace y muere ahí. No tiene contacto con otras fuentes de agua. Todo esto genera condiciones que permiten la evolución de ciertas especies. Actúa como refugio. Esta situación se repite en otros lugares aislados”, definió el investigador.

La Fundación Somuncurá está integrada por un equipo de científicos que avanzan en diversos proyectos en ese sector, con “una presencia constante”. “Incluso tenemos una estación científica en Chipauquil. Casi que somos pobladores locales. Algunos somos investigadores del Conicet; otros del Museo de La Plata, otros de Tandil, hay becarios de Viedma. Tenemos además un programa de voluntarios de todo el país”, destacó. Un año atrás, Kacoliris recibía el “Óscar Verde” por su trabajo de conservación con la ranita de Valcheta en la Royal Geographical Society, organizada por el Whitley Fund for Nature (WFN), en Inglaterra.

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