Gastón Paz, segunda generación de consignatarios de hacienda, repasa la trayectoria de Paz Hermanos SRL, desde sus inicios en Junín (Bs. As.) hasta su impacto en la Patagonia, donde reactivaron los remates en Neuquén y transformaron el mercado ganadero regional.
Gastón Paz es segunda generación de consignatarios de hacienda y su vínculo con la actividad comenzó en la infancia, cuando el oficio todavía se definía con una palabra que hoy suena lejana en el tiempo: feriero. “Mamamos la actividad desde los nueve años”, relata, como quien habla de un destino que ya estaba escrito.
En 1993, junto a sus hermanos José María y Patricio, dieron forma a Paz Hermanos SRL, una consignataria que nació en un contexto complejo: la pérdida temprana de su padre y la necesidad de reinventarse como empresa independiente. “Nos largamos solos siendo muy jóvenes, pero en una actividad que nos gusta mucho”, recuerda. Desde su base en Junín, en el noroeste bonaerense, la firma fue creciendo hasta consolidar una red de operaciones que hoy abarca Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe y Córdoba, con llegada a territorio patagónico desde hace varios años, sumando además negocios inmobiliarios rurales y urbanos, y actividad productiva propia.
El rol del consignatario suele simplificarse como intermediario comercial. Sin embargo, Paz lo define con otra profundidad: una figura clave en el entramado productivo. “El feriero fue siempre el nexo en la Argentina profunda, el que está al lado del productor, aconsejando y acompañando”, resume. Esa función incluye recomendar momentos de venta, categorías, definir estrategias comerciales y hasta acompañar financieramente al productor. “Se trata de que se cumplan los compromisos y de ayudar a tomar decisiones”, explica.
A pesar de los avances tecnológicos —remates virtuales, streaming y plataformas digitales—, el contacto directo entre el consignatario y los productores sigue siendo esencial. “Se visita el campo, aunque hoy la tecnología cambió mucho las formas”, sostiene.
Uno de los hitos más relevantes en la trayectoria de Paz fue su desembarco en la Patagonia, de la mano de Abraham Neiman, a comienzos de los 2000. La propuesta era ambiciosa: reactivar un sistema de remates que llevaba dos décadas sin actividad en Neuquén. “Hacía veinte años que no se hacía un remate en la provincia, era todo un desafío para nosotros”, recuerda. Lo que comenzó como una apuesta logística y comercial terminó convirtiéndose en un cambio estructural para la región. Los remates en Junín de los Andes —hoy consolidados como plaza de referencia— marcaron un antes y un después en la formación de precios y en la dinámica ganadera local. “Generamos un mercado donde no había valores de referencia”, destaca.
El impacto en la región no fue solo comercial. Según Paz, el desarrollo de los remates y el trabajo conjunto con productores, instituciones y el Estado provincial generaron una transformación profunda. “Cuando empezamos, el 90% de los terneros que se ofrecían se iban a La Pampa; hoy el 80% se queda en Neuquén”, comenta. Ese cambio implica más valor agregado en origen: recría, engorde y faena dentro de la región. La clave, explica, fue la constancia: “Esto es un trabajo silencioso, pero sostenido en el tiempo”.
Consultado sobre las diferencias entre las regiones, Gastón Paz destaca la calidad de la hacienda patagónica. “El criador hace maravillas en condiciones difíciles”, señala. Lejos de las grandes escalas de la pampa húmeda, la Patagonia desarrolló un biotipo adaptado, con años de selección natural y manejo. “Es una hacienda con una adaptación impresionante, transmitida por generaciones”. Ese proceso, más que la incorporación masiva de genética externa, explica los resultados. “Es un trabajo lento: lo que hacés hoy lo ves dentro de varios años”, explica.
Para Gastón Paz, el momento actual de la ganadería no debe interpretarse como excepcional, sino como una corrección de distorsiones históricas. “Más que un boom, lo que estamos viendo es una normalización de precios”, explica. Durante años, la actividad estuvo condicionada por restricciones, tipos de cambio múltiples y bajo poder adquisitivo interno. Hoy, con un mercado más libre y exportaciones activas, los valores reflejan mejor la realidad del negocio. En este sentido, uno de los factores centrales es el desbalance estructural entre oferta y demanda. “La oferta crece muy poco y la demanda mundial sigue aumentando”, destaca Paz. Recuerda que Argentina mantiene un stock similar al de décadas atrás, pero con una población mucho mayor. “Antes había dos vacas por habitante, hoy hay poco más de una”.
