Manuel y su padre comparten una pasión por los autos clásicos que se transmite de generación en generación. Una coupé Toyota Celica 1982 es el emblema de esta historia familiar.
En distintos puntos de la Patagonia, los autos clásicos se mantienen como parte de la cultura local. En Cipolletti, Río Negro, Manuel y su padre representan un caso de transmisión generacional de esta afición.
Manuel, oriundo de Cipolletti, indicó que su interés por los automóviles comenzó desde la infancia. «La pasión por los autos la tengo desde que tengo uso de razón, principalmente transmitida por mi padre», declaró. Este vínculo se consolidó a través de juguetes, revistas y experiencias vinculadas al mundo automotor.
Uno de los vehículos más significativos de la familia es una coupé Toyota Celica modelo 1982. Según Manuel, «el auto siempre estuvo en Cipolletti y mi papá lo recordaba de los años 80 y 90. Era un auto distinto, llamativo». El vehículo permaneció en la zona hasta febrero de 2024, cuando apareció publicado en venta. «Lo vi a las pocas horas, se lo mostré a mi papá y lo reconoció enseguida. A los pocos días ya estaba en casa», afirmó. El automóvil, con 140.000 kilómetros, se encontraba en buen estado general y conservaba su originalidad. Tras una restauración estética y mejoras puntuales, fue restaurado.
El vínculo con el Celica tiene antecedentes familiares. «Mi abuelo tuvo uno, mi papá también y yo siempre quise uno. Es un auto que cumple todo lo que soñé», explicó Manuel. Actualmente, la familia también posee un Mercedes-Benz 230 CE de 1982, completamente original. Anteriormente, tuvieron otros modelos como una coupé Torino ZX, otro Celica y un Rover 216 coupé, todos adquiridos y restaurados.
Manuel es estudiante de ingeniería mecánica y trabaja en el sector petrolero; su padre es cuentapropista en obras de gas y agua. «Todo tiene un costo asociado. Si comprás un auto en mal estado, el trabajo es mucho mayor», señaló. Por ello, valoran tener unidades en buen estado que requieren mantenimiento preventivo.
Manuel participa en eventos de regularidad con clubes de la región, donde los autos clásicos recorren caminos patagónicos en competencias que priorizan la precisión. «Se disfruta todo: la ruta, los paisajes, los autos y la compañía. Es un ambiente lleno de compañerismo», afirmó. Mencionó anécdotas como problemas mecánicos en ruta y la búsqueda de repuestos, que forman parte de la experiencia del coleccionismo.
