El Banco Mundial señala que la región concentra el 50% de las reservas mundiales de litio, pero advierte que la riqueza mineral no garantiza desarrollo sin instituciones que vinculen empresas, universidades y Estado.
En el Siglo 21, América Latina logró estabilidad macroeconómica, pero no creció. Ese es el problema central que el Banco Mundial plantea en su nuevo informe para la región, según un artículo de Paul Segal del IAE Business School.
El informe concluye que la estabilidad no alcanza y que se necesita una política industrial efectiva. La región no está en crisis, sino en un equilibrio de bajo crecimiento: expansión modesta, productividad débil y mercados laborales dominados por la informalidad y empleo de baja calidad.
El diagnóstico del Banco Mundial indica que el problema de fondo es estructural: las empresas invierten poco, las tecnologías no se difunden lo suficiente y muchas economías están atrapadas en actividades de baja productividad.
Según el artículo, la evidencia histórica sugiere que para hacer más atractiva la inversión no basta con eliminar regulaciones y ordenar los precios. Se necesita un Estado que provea infraestructura y bienes públicos de calidad, así como intervenciones específicas: facilitar la adopción de tecnologías, coordinar inversiones complementarias y apoyar innovaciones adaptadas a condiciones locales.
El Banco Mundial señala obstáculos como fallas de coordinación, externalidades de aprendizaje y déficits de información, y propone instrumentos como servicios de extensión tecnológica, plataformas de colaboración público-privada, promoción de exportaciones y sistemas de innovación articulados.
El artículo destaca tres casos de éxito: Brasil con EMBRAPA, México con el Instituto Mexicano de Investigaciones Tecnológicas (IMIT) y Corea del Sur con POSCO. En Brasil, EMBRAPA transformó regiones improductivas en una potencia agroexportadora mediante inversión estatal sostenida en capacidades científicas y articulación con el sector privado. En México, el IMIT fue creado por acción pública deliberada y ayudó a empresas a adoptar tecnologías, pero fue desmantelado en la década de 1990. Corea del Sur creó POSCO como empresa estatal contra el consejo del Banco Mundial.
En Argentina, el Banco Mundial trabaja junto con empresas mineras y universidades para identificar perfiles de calificación asociados a los nuevos proyectos de litio y traducirlos en trayectorias de formación vinculadas a contratación efectiva. El artículo sostiene que el INTI, el sistema científico y las universidades públicas son el ecosistema que puede hacer posible que una oportunidad como el litio sea realidad, si no se los debilita antes de que la oportunidad madure.
La función de estas instituciones va más allá del gasto corriente, ya que son parte de la infraestructura productiva. Su debilitamiento puede aliviar restricciones fiscales en el corto plazo, pero también puede cerrar las ventanas de oportunidad que la transición energética está abriendo.
