“Ellos me pidieron un monstruo. Y yo hice todo lo posible para darles un monstruo”, dice Verónica Llinás sobre La Gringa Casares, el oscuro personaje carcelario que encarna en la serie En el barro, cuya segunda temporada se estrena este viernes 13 de febrero en Netflix. La segunda parte del spin-off de El Marginal redobla la terrible apuesta tras las rejas: La Gringa Casares será la “capanga” del penal La Quebrada y tendrá una relación -entre el deseo, el control y la vejación- con Nicole García, la prostituta de lujo que interpreta la China Suárez. ¿Qué desafíos vivió Llinás esta temporada?
“No es fácil componer un monstruo, porque uno tiene que apelar a sus propias monstruosidades. Y dejar en evidencia sus propias monstruosidades a todo el mundo le da vergüenza y temor: mostrás lo que no se debería ver”, sabe Llinás, de 65 años y con una vasta experiencia -entre el drama y la comedia- en teatro, cine y televisión. Y confiesa: “Cada vez que me veo como la Gringa Casares me quiero morir. Y me digo: ‘¿Tan fea era yo?’”. Así, con el pelo teñido y el rostro -sin maquillaje- de reclusa psicópata, Llinás está irreconocible.
La Gringa Casares es un ser temible que trama alianzas con el poder carcelario como una presa VIP; tiene un séquito de matonas; superó a La Zurda -otra líder-; posee una hija y en la cárcel se apropia sexualmente de Nicole García, el rol de la China Suárez: ella magnetiza por su belleza, pero quedó en medio de una causa por un cliente lavador de dinero y terminó en La Quebrada. Nicole también tiene un hijo y odia ser el foco de deseo y dominación de La Gringa Casares, que es muy celosa. Pero no le queda otra: así obtiene dinero y privilegios.
Quizá todo cambie cuando retorne al penal la otra gran protagonista de En el barro: Gladys Guerra de Borges, a cargo de la actriz Ana Garibaldi. Nicole -que tiene otra amante en la cárcel- será una aliada fundamental, pero para ello pondrá en riesgo su vida. ¿Qué hará la despótica La Gringa Casares? ¿Permitirá que cuestionen su poder en La Quebrada? “El maquillaje de mi personaje tardaba poco -dice Llinás-: me ponían una extensión en la nuca, tenía las cejas tupidas y me pintaban unas venas horribles en la nariz. Cuando me veo en los afiches digo ‘ay, qué horror’. Al decir eso todo el tiempo se me pasa la impresión”.
Y amplía: “La Gringa Casares tiene un vínculo violento y de sometimiento con el personaje de la China Suárez. Yo busqué que toda la crueldad que La Gringa ejerce no le fuera gratuita, porque no me gustan los personajes que tienen una sola cara. Lo mismo en la relación con su propia hija: el personaje padece su propia violencia. Es un impulso que le sale naturalmente, pero la ves sufriendo eso mismo en carne y hueso”. ¿Y cómo ve Llinás al personaje de la China Suárez? “A ella se la ve haciendo algo que no hace habitualmente”.
Específicamente “me parece que es muy interesante el rol que le tocó a la China en En el barro, por el momento en el que ella está de su carrera. Es muy interesante la dupla: La Gringa Casares, semejante monstruo, y Nicole García, semejante beldad. Es una relación basada en el engaño y en la vejación, porque mi personaje la somete de un modo tremendo”. Y así se dan las dinámicas de poder, de sumisión y de vulnerabilidad dentro de La Quebrada como espejo del mundo allá afuera: ninguna presa sale indemne de la reclusión.
La cárcel, otro mundo
¿Cómo observa el mundo carcelario Verónica Llinás, al menos desde la ficción de En el barro? “Yo creo que un personaje así, en una cárcel, debe ser incómodo, por un lado y, por otro lado debe ser organizador, porque el que haya alguna ‘capanga’ es mucho más fácil: mantiene organizadas a todas las demás y hay una sola persona con la que transar. Cuando todo eso está más dividido es un lío mayor, por las luchas internas. Y un poco es lo que sucede en la serie, en definitiva. Igualmente, lo que yo digo es especulativo, porque no tuve la experiencia de ingresar a una cárcel de mujeres”.
¿Qué sintió Llinás al ser parte del mundo de En el barro, cuyos ocho episodios llegan a Netflix este viernes? “A mí la densidad de un personaje maligno no me cuesta -dice-. Me cuestan más los personajes anodinos. Es cierto que me cuesta verme horrible, porque me da miedo que la gente me odie. En realidad, todos los actores queremos que nos quieran y yo, en general, me siento muy querida por la gente. Entonces, hacer un personaje odiable te da un poco de escozor”. Pero “mi lucha era que la excesividad de La Gringa Casares no fuera demasiado: tratar de encontrarle el punto de graduación. Espero haberlo logrado”.
Hay una escena “muy violenta” de La Gringa Casares con el personaje de la China Suárez y Verónica Llinás buscó allí el punto dramático justo: “Por suerte, siempre en todas esas cosas está el humor, que te salva frente a esas escenas horrorosas. Hacíamos chistes y eso compensaba la densidad de lo que contábamos”. Porque, para Llinás, el mundo de la cárcel de mujeres “es muy hostil en todo sentido, si bien es menos hostil que el de El Marginal, donde interpreté al personaje corrupto de Rita: la jefa del servicio de asistencia social”.
En esto Llinás profundiza: “Yo tengo muy poca experiencia acerca de lo que es una cárcel femenina. Nunca, por suerte, tuve que visitar ninguna. Pero, por más que la serie En el barro sea tremenda, tiendo a pensar que es un mundo un poco menos violento y menos salvaje que el mundo carcelario masculino. Obviamente, no creo que sea Disneylandia, pero me da la impresión de que es un poco menos hostil”. De todas maneras “esto es una ficción y no tiene la obligación de ser ciento por ciento real, porque para eso están los documentales”.
Y en las cárceles “se ven los poderes, las alianzas, las traiciones. Es un compilado del mundo. Está todo ahí, comprimido y exacerbado”, observa Llinás.
Personaje extremo
Allí, componer a La Gringa Casares “fue, a la vez, muy divertido, porque estuvo bueno irme a tal extremo. A mí me divierte esa acrobacia actoral de hablar con la voz finita y hacer chistes en el teatro, en la obra Una Navidad de mierda, en el Teatro Premier, y luego meterme en esta negrura y en esta densidad. Todo eso me desafía como actriz y está bueno mostrar lo que puedo hacer. Me parece que eso es un valor. Yo me la jugué con el personaje. No me quedé en medias tintas”.
Ahí vuelve a verse “como un monstruo”. En ese momento “fue muy importante el acompañamiento de las compañeras, y eso sí hay que rescatar mucho de la serie En el barro: hay un grupo de mujeres maravillosas, muy gambas, con mucha conciencia de grupo y de protección. Eso es es clave, para mí, a la hora de componer un personaje jugado. Sin el apoyo de todas ellas tal vez me hubiera costado más. Yo me resguardo en mis compañeras”.
La primera vez que Verónica Llinás entró en el set, caracterizada como la sádica La Gringa Casares, algo ocurrió: “No me reconoció nadie. Eso fue increíble -recuerda la actriz-. Todos quedaban alucinados por el look y no lo podían creer. A mí eso me gustó, porque quería lograr un cambio y todos quedaban sorprendidos. Y, después de todo, fue muy lindo, porque me sentí muy querida, respetada y bien tratada. Entrar en el set fue, para mí, un shock”. Y cuenta que cuando entre en escena Gladys Guerra de Borges “La Gringa desconfiará enseguida”.
Ahora, en las vísperas de En el barro, ¿qué impresión se lleva Verónica Llinás? ¿El suyo es el personaje clave de la temporada? “No lo sé. A mí me cuesta muchísimo verme, porque no soy benevolente con la mirada hacia mí. Soy una persona que está viendo permanentemente los problemas, pero no con mala onda. Mi visión es un poco la de la dirección. Soy como alguien que no puede ver el truco de magia, sino al mago, y conmigo soy sumamente cruel. Sólo me relajo cuando la gente me da su devolución. Ante todo, yo busco ser creíble con mis personajes. Que no se me vean los hilos”.
Verónica Llinás y la película de Netflix sobre la dictadura
En marzo, a cincuenta años del golpe militar de 1976, la actriz encarnará otro gran desafío: Netflix producirá una película sobre la dictadura dirigida por Santiago Mitre y con guión de él y de su hermano Mariano Llinás. Se inspira en un episodio real: un oficial de alto rango se infiltra en pequeños grupos que comenzaban a organizarse para reclamar por sus familiares detenidos y desaparecidos.
El filme estará protagonizado por Peter Lanzani y por Verónica Llinás, en la piel de una madre que busca a su hijo. En diálogo con Clarín, Llinás dice: “Esta persona se infiltra en un grupo de mujeres y de otra gente que quería saber dónde estaban sus hijos: no había respuestas por ninguna parte”. Y acentúa: “El guión que escribieron Santiago Mitre y mi hermano Mariano es extraordinario y también los actores”.
Agrega Llinás: “Es un thriller y eso es interesante, aunque no está ausente el humor”. ¿Cómo encarará a su personaje? “No como a una figura histórica, sino como a una mujer que está buscando a un hijo y nadie le dice por qué se lo llevaron, ni qué van a hacer con él, ni si tiene un juicio justo. Entonces empieza a organizarse con otros que están en su misma situación para que alguien les dé una respuesta sobre sus parientes desaparecidos”.
