Con la inflación convergiendo al 3% mensual y una mejora en los indicadores de riesgo, el país se enfoca en superar los obstáculos microeconómicos y logísticos que limitan su competitividad.
Argentina transita un proceso de ordenamiento macroeconómico con una inflación que converge al 3% mensual y una compresión del riesgo país. Este escenario plantea un nuevo desafío: transformar la estabilidad en un modelo sostenible de crecimiento, lo que requiere abordar la eficiencia productiva.
La experiencia internacional muestra casos como Irlanda, que en los años noventa reformó su régimen fiscal y simplificó la inversión extranjera, duplicando su PIB per cápita en una década. Corea del Sur, por su parte, protegió industrias nacientes con plazos y metas de exportación claros, fomentando la competitividad internacional de empresas como Samsung y Hyundai.
En contraste, la industria argentina enfrenta un contexto histórico diferente. Durante décadas, la protección sin condiciones generó un mercado interno cerrado. La actual apertura comercial convierte a la mejora de la productividad en una necesidad urgente.
Un factor clave es la presión fiscal. La superposición de impuestos como Ganancias e Ingresos Brutos, que grava la facturación en cada eslabón de la cadena, puede llevar a que la presión sobre la industria supere el 50% de la utilidad bruta, antes de las cargas laborales. Esto explica, en parte, que los márgenes brutos en Argentina sean más altos que en economías estables como Alemania o Estados Unidos, funcionando como un colchón ante la inestabilidad.
La Productividad Total de los Factores (PTF), que mide la eficiencia en el uso de los recursos, lleva décadas estancada en el país. Entre las causas se identifican: la complejidad impositiva que desvía el talento gerencial de la innovación; incentivos regulatorios que a veces premian posiciones protegidas sobre la mejora; y cuellos de botella logísticos.
Según datos del Banco Mundial y del BID, el costo logístico en Argentina representa entre el 27% y el 30% del valor de los productos, frente al 12% en países de la OCDE. Más del 90% del transporte de carga se realiza por camión, el ferrocarril de cargas está desfinanciado, y los puertos y pasos fronterizos presentan limitaciones de capacidad y demoras.
Este costo, que duplica al de países vecinos como Brasil, se convierte en una restricción sistémica. Por ejemplo, una empresa del norte argentino que exporta a Brasil puede enfrentar costos de flete equivalentes al 15% del valor de su producto, limitando sus oportunidades de escala.
El camino hacia un crecimiento sostenible requiere, según el análisis, abordar simultáneamente la simplificación fiscal, la mejora regulatoria y una inversión estratégica en infraestructura logística, para que las empresas puedan competir en los mercados globales.
