El escenario político provincial se reconfigura con alianzas y rupturas, buscando un enfoque particular para los 57 gobiernos locales.
En el tablero político de Neuquín se configura un escenario en el que cada movimiento adquiere un sentido estratégico. De cara a las próximas elecciones, se proyecta un esquema de 57 estrategias diferenciadas, una por cada gobierno local, en una lógica que combina acuerdos, rupturas y reconfiguraciones de poder.
El gobernador Rolando Figueroa trazó su camino con una decisión inicial que marcó el rumbo: cortar el vínculo con el Movimiento Popular Neuquino (MPN). En ese recorrido, se fortalecieron alianzas que resultaron determinantes. Espacios como el PRO y el Frente Grande aportaron estructura y volumen electoral, mientras el peronismo resolvió su interna con un resultado que modificó el equilibrio previo, imponiéndose el sector alineado con el oficialismo provincial.
Sin embargo, el armado no avanzó sin costos. Se registraron pérdidas como la salida de Desarrollo Ciudadano y el distanciamiento de la Unión Cívica Radical, a lo que se suma la fragilidad de algunos liderazgos territoriales. En paralelo, el acuerdo con el intendente de la capital, Mariano Gaido, aparece como un punto de equilibrio dentro de un esquema en tensión. Gaido, desde su espacio «Primero Neuquén», despliega una estrategia territorial enviando referentes al interior para construir un diagnóstico preciso de cada distrito.
El mapa provincial exhibe, en términos aproximados, 35 municipios bajo influencia del MPN, 18 alineados con Comunidad y cuatro en manos de otras fuerzas. Analistas como el historiador Gabriel Rafart sostienen que, tras la derrota del MPN, «un sistema se quiebra», y que el desafío ahora es rearmarlo. La idea de un «plus» en la conducción, más allá de sumar estructuras, se instala como clave interpretativa del presente.
La experiencia reciente deja señales mixtas. Las elecciones legislativas tuvieron un saldo agridulce, aunque Neuquén se posiciona a nivel nacional con un provincialismo competitivo. De cara al futuro, no existe una fórmula única. En algunos casos, el MPN podría ceder espacios frente a fuerzas nacionales; en otros, prevalecen expresiones locales o alianzas circunstanciales. Incluso dentro del oficialismo provincial, cada gestión debe validar su propio desempeño ante el electorado.
El desafío central radica en encontrar ese «plus» en un contexto más exigente, donde la política nacional reduce transferencias y limita márgenes de acción. El modelo de pactos de gobernanza impulsado por la actual administración introduce una lógica de acuerdos condicionados, fondos específicos y una administración más focalizada, dejando atrás un sistema que articulaba recursos estatales con construcción política territorial.
El escenario que se abre no admite simplificaciones. Cada distrito presenta particularidades, y cada alianza requiere una calibración precisa. Las 57 estrategias diferenciadas responden a la necesidad de adaptarse en un sistema que deja de ser uniforme. Neuquén ingresa, de este modo, en una etapa donde la estabilidad no depende de una estructura dominante, sino de la capacidad de conducción para interpretar un mapa político en constante transformación.
