El economista Ernesto Mattos dialogó con RÍO NEGRO sobre el escenario macroeconómico, las tensiones del plan oficial y la histórica disputa entre capital nacional y extranjero en Argentina.
Las luces que arroja el tablero de la macro muestran un panorama complejo. A la aceleración inflacionaria que acontece desde hace diez meses, se suman la caída en el nivel de actividad económica en febrero, las tensiones en el empleo, y la imperiosa necesidad de contar con financiamiento externo para saldar los vencimientos de deuda de 2026.
Ernesto Mattos es economista (UBA) e investigador (CLACSO), y docente universitario de extensa trayectoria. En diálogo con RÍO NEGRO, el especialista analizó en detalle el escenario económico político de 2026 y las tensiones que existen al interior del programa económico.
“Milei repite que bajó la inflación anual a 30%. Bueno, al inicio de la gestión post devaluación de diciembre de 2023, la inflación anual estuvo en 300%. ¿Viste a alguien hablar de hiperinflación? ¿Alguna paritaria se ajustó ese año al 300%? Porque para ajustar salarios no toma la inflación mensual, sino el acumulado de los últimos 12 meses”, afirma Mattos al inicio de la charla.
PREGUNTA: ¿Qué lugar histórico tiene el plan económico de la gestión Milei?
RESPUESTA: Recuerdo un texto de Basualdo y otro de Martín Short. Son historiadores conocidos del grupo Flacso. Ambos sintetizan la histórica lucha en Argentina entre los dueños de la tierra y el capital extranjero. Ante eso emerge el ’45 con una diversificación de capital estatal más un capital nacional. Ese enfrentamiento se resuelve en el 76. Y esto es lo que el grupo Flacso llama la revancha clasista. Por eso la dictadura se denomina “proceso de reorganización nacional”. Cuando lees los libros de Martínez de Hoz que siguen disponibles en la web, encontrás que la agenda de su gestión era libertad de precios, desregulación del comercio exterior, libertad de alquileres, donde la clave eran los plazos mínimos para alquilar una tierra productiva. A eso se suma que en aquel momento la exportación de carne, clave en Argentina, queda en manos de los frigoríficos. Eso cambia el modelo productivo. En la actual gestión tenés algo muy similar en cuanto a la desregulación de la economía. Y el único actor que tiene peso en esa relación entre las actividades económicas es “la gran empresa”.
P: ¿A qué definimos como “gran empresa”?
R: En ese segmento se ubica, por un lado, la “gran empresa nacional”, que le compra la operación de diferentes rubros productivos al capital extranjero que se retira de Argentina porque ya no ve el negocio en masa. Por el otro lado, está el negocio que queda del capital extranjero en el país, más focalizado en aquellos rubros con potencial exportador: energía, minería y agro. El capital extranjero no se va a poner a desarrollar la lenteja en la Argentina.
P: ¿La apertura económica es un valor en sí misma?
R: Un gobierno francés nunca le pagaría, por más que fuera más barato, a un barco holandés. Por más que los holandeses sean, junto a los británicos, los maestros de la historia marítima. Le pagaría a un francés. Entonces, ahí ves que este gobierno es antinacional. Por eso es pro extranjero, de alguna manera.
P: Esa afirmación no esconde una justificación implícita de la ineficiencia?
R: En ese punto hay dos cuestiones. La reprimarización supone falta de industria. En esa falta de industria no hay trabajadores que consuman. Eso deriva en un consumo diferenciado. Un niño del conurbano va a comprar el muñequito de Star Wars hecho por un artesano en una feria de Florencio Varela, y otro niño en Capital Federal, tal vez en algún barrio opulento, va a comprar el original importado. Los dos van a ver Star Wars y van a estar felices, pero van a disfrutar de bienes y servicios diferenciados. Esta mirada de que ‘lo barato es bueno’ atenta contra la fábrica nacional. La segunda cuestión es el objetivo de la protección. Argentina no la ha usado para incorporar tecnología. Al capital hay que conducirlo, y eso es otra cosa que hay que aprender de los alemanes: ni un sastre es la nación, ni la nación es un sastre. El problema es que hay un momento en el que los capitalistas tienen que competir con otros capitalistas en el exterior. Ese es el grupo de capitalistas que entre 2010 y 2013 prefirieron hacer lo que siempre hicieron mientras los dejaron: comprar barato y vender caro.
P: ¿En qué sectores Argentina perdió la oportunidad de incorporar tecnología?
R: En todos, pero el más emblemático es el automotriz. Protegimos esa industria por 23 años y no solo que el saldo comercial del sector siempre fue negativo, sino que no pudieron desarrollar un auto eléctrico. ¿Por qué no lo hicieron? Porque era más cómodo traer los autos de afuera o fabricarlos acá con partes importadas, generando además una demanda de dólares que presionaba en las reservas.
