La política neuquina atraviesa una segunda etapa tras las elecciones de 2023. El gobernador Rolando Figueroa busca consolidar su poder en un contexto de boom energético en Vaca Muerta y las inversiones del RIGI.
La política neuquina parece haber ingresado en una segunda etapa desde la elección de 2023 que terminó con más de seis décadas de hegemonía del MPN. La primera etapa fue la ruptura; la segunda, mucho más compleja, es la consolidación.
Allí aparece una tensión que la reciente tesis de Jimena Pesquero Bordón sobre los provincialismos patagónicos describe con precisión. Existe una convivencia obligada entre horizontalidad y verticalidad como condición de supervivencia de los nuevos oficialismos provinciales.
La autora sostiene que los provincialismos crecieron mediante relaciones ‘horizontales’ entre actores y provincias. El crecimiento político se da mientras se refuerza una conducción ‘vertical’ alrededor de liderazgos fuertes. La descripción encaja con el armado político de Rolando Figueroa. Se necesitó una coalición amplia y transversal para llegar al poder, y una centralización creciente de las decisiones para sostenerlo.
La lógica de la expansión y el orden interno
La horizontalidad fue la llave del triunfo. Figueroa reunió sectores del peronismo, fragmentos radicales, dirigentes del PRO, partidos locales y desprendimientos del propio MPN. La fórmula con Gloria Ruiz sintetizó esa lógica expansiva. El objetivo fue sumar identidades antes que exigir pertenencias rígidas, logrando una estructura flexible capaz de perforar simultáneamente el voto emepenista y el desgaste de la política nacional.
Pero toda coalición horizontal necesita una verticalidad que la ordene. Allí comenzó una nueva etapa del oficialismo, donde la distancia que tomó Figueroa del espacio de Gloria Ruiz no solamente fue una ruptura política. También funcionó como un mensaje interno. Figueroa construyó poder con una fórmula horizontal de alianzas y una verticalidad de conducción. El nuevo ciclo petrolero pone a prueba ese equilibrio.
Reacomodamientos y la paradoja del poder territorial
Sin embargo, el dato más relevante no está en las rupturas, sino en los acercamientos. Mientras se enfrió la relación con antiguos socios, el gobierno tendió lazos con sectores históricos del MPN. El MPN, debilitado tras la derrota, comenzó a recostarse sobre Mariano Gaido y sobre Primero Neuquén. La estructura partidaria tradicional ahora busca proyección y territorialidad a nivel provincial.
Ese reacomodamiento revela una paradoja: el partido que perdió la gobernación todavía conserva buena parte de los municipios y de las redes territoriales. La tesis de Pesquero Bordón sostiene precisamente que el poder subnacional se sostiene sobre vínculos verticales con municipios y alianzas horizontales entre actores territoriales. Neuquén hoy parece transitar este complejo escenario político.
El boom energético y la escala global
La pregunta ya no es quién ganó en 2023. El interrogante clave es quién logrará organizar el próximo ciclo político alrededor del boom energético. Porque mientras la política redefine liderazgos, Vaca Muerta acelera a una velocidad inédita. Esta semana, YPF presentó un nuevo proyecto dentro del RIGI por 25.000 millones de dólares para expandir la producción petrolera y aumentar exportaciones.
Ese anuncio confirma que Neuquén ya no discute solamente el poder político. La provincia ahora discute la manera en que se administrará una transformación económica de escala global. Allí vuelve la tensión entre horizontalidad y verticalidad. La horizontalidad aparece en la necesidad de articular con petroleras, municipios, sindicatos, Río Negro y el gobierno nacional.
Desafíos para una identidad política estable
Pero al mismo tiempo emerge la necesidad de una conducción política fuerte. Se requiere firmeza para ordenar expectativas, administrar tensiones y distribuir recursos en una provincia que crecerá de manera desigual. Hasta ahora, Figueroa parece beneficiarse de un escenario sin adversarios claros. Gaido insiste en que no disputará la gobernación, el MPN todavía procesa su derrota y la oposición nacional carece de volumen territorial.
Pero los provincialismos patagónicos muestran una enseñanza persistente. Estos espacios sobreviven de forma definitiva cuando logran transformar un liderazgo electoral en una identidad política estable. Allí empieza el verdadero desafío del gobernador. Figueroa construyó poder con una fórmula horizontal de alianzas y una verticalidad de conducción; un equilibrio que el nuevo ciclo petrolero y las inversiones del RIGI obligan a pasar de la victoria electoral a la consolidación territorial.
