La ginecóloga Gabriela Luchetti señaló que el término actual puede confundir a las pacientes y sugirió reemplazarlo por ‘Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino’.
En el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, la médica ginecóloga, docente y asesora del Ministerio de Salud de Neuquén, Gabriela Luchetti, explicó las razones por las cuales se propone cambiar la denominación del Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) a Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino.
Luchetti afirmó que «todo el mundo está de acuerdo en que hay que sacarle lo de poliquístico porque es lo menos importante». La especialista indicó que el término actual fue acuñado cuando los médicos Irving Freiler Stein y Michael Leventhal describieron a «mujeres gordas y barbudas del circo» que no podían quedar embarazadas y presentaban ovarios grandes con múltiples quistes. Desde entonces, distintos consensos internacionales modificaron los criterios de diagnóstico: en 1991, 2002, 2012 y, aparentemente, en 2024. Según Luchetti, esa historia muestra que «la definición del síndrome es muy inestable».
Actualmente, el rasgo central del síndrome es el hiperandrogenismo y el impacto metabólico, que se manifiesta como aumento de vello corporal, acné y trastornos de la ovulación que causan infertilidad. La especialista advirtió que después de los 40 años, las pacientes suelen desarrollar obesidad abdomino-visceral, diabetes y cáncer de endometrio, además de presentar con mayor frecuencia triglicéridos y colesterol elevados, así como un riesgo más alto de infarto de miocardio.
Luchetti explicó que el término «poliquístico» resulta engañoso porque «no son quistes, son folículos atrésicos». Detalló que el ovario aumenta de tamaño por una alteración en la hormona LH y acumula folículos que inician su crecimiento y quedan detenidos, sin formar quistes verdaderos. «Si lo seguís llamando síndrome de ovario poliquístico, le das una importancia que no tiene a los quistes», recalcó.
La especialista señaló que el síndrome suele detectarse rápidamente porque las mujeres consultan ante los primeros síntomas, como ausencia de menstruación, falta de ovulación, metrorragias o aumento de vello y acné. A diferencia de la endometriosis, donde el dolor se naturaliza y el diagnóstico se posterga, en este caso los signos externos facilitan la atención temprana.
