Cerca de Varvarco, las imponentes figuras de piedra esculpidas por la erosión se erigen como un atractivo natural único, combinando historia geológica y un creciente interés turístico.
La localidad de Varvarco, en el norte de la provincia de Neuquén, sirve como puerta de entrada a paisajes extraordinarios. Desde allí, a solo 15 kilómetros hacia el norte, se accede a Los Bolillos, un conjunto de formaciones rocosas de origen volcánico que emergen de la estepa.
Estas estructuras, que alcanzan hasta 15 metros de altura, fueron moldeadas durante milenios por la acción del viento, la lluvia y los cambios de temperatura. Sus formas evocan figuras diversas, como agujas, columnas o siluetas de animales, y sus colores varían con la luz del día, ofreciendo un espectáculo visual que atrae a visitantes.
El camino hacia el sitio, por la Ruta Provincial 43, es transitado por turistas con distintos perfiles. Durante el trayecto es común encontrar viajeros, como motociclistas que recorren la región, destacando la tranquilidad, la presencia de cóndores y la posibilidad de acceder a lugares recónditos.
Testimonios de turistas internacionales, como una pareja de República Dominicana y Suiza, resaltan la amabilidad de los argentinos y la belleza de los paisajes recorridos, desde Mendoza hasta la Patagonia.
Los Bolillos se presentan como un destino dentro del corredor turístico del Alto Neuquén, cercano al Área Natural Protegida Sistema Domuyo, que cuenta con termas, géiseres y cascadas. La visita al lugar suele recomendarse para las horas del atardecer, cuando la luz realza los tonos rojizos de las rocas.
