Una pequeña avispa nativa, multiplicada y liberada de forma controlada, se consolida como una herramienta clave para combatir la carpocapsa, reduciendo el uso de agroquímicos y apuntalando la sanidad e inocuidad de la fruta de exportación.
En los laboratorios y montes frutales del Alto Valle de Río Negro, una estrategia de control biológico gana terreno como alternativa sustentable para el manejo de plagas. La técnica, impulsada por la profesional del INTA Alto Valle Liliana Cichón, se centra en el uso de insectos benéficos, como la avispa nativa Goniozus legneri, para combatir de forma natural a la carpocapsa, una de las plagas más críticas para la producción de peras y manzanas.
«La problemática sanitaria de la fruta fresca se basa en varios pilares, pero sanidad e inocuidad son los dos básicos», explicó Cichón. La sanidad implica garantizar fruta libre de plagas, un requisito indispensable para los mercados de exportación, mientras que la inocuidad se refiere a que los tratamientos aplicados no dejen residuos que afecten la salud.
Frente a un escenario global con menos agroquímicos disponibles y el riesgo de que las plagas desarrollen resistencia, el control biológico emerge como una opción viable. «Cada vez hay un menor número de activos o productos para controlar las plagas. El control se vuelve cada vez más deficiente, cosa que ya ha pasado en la región», advirtió la técnica.
El trabajo con Goniozus legneri comenzó a desarrollarse tecnológicamente en 2012 y, desde la creación del Centro Multiplicador de Biocontroladores (Cemubio) en 2018, se implementa a mayor escala. Actualmente se aplica en unas 250 hectáreas, principalmente en producción orgánica, mediante liberaciones periódicas de grandes cantidades de estas avispas.
«Cada 15 días hacemos liberaciones y hemos visto una disminución notoria de la plaga», afirmó Cichón. El insecto actúa parasitando las larvas de carpocapsa dentro del fruto. El siguiente paso es complementar esta acción con otro insecto benéfico, Trichogramma, que ataca los huevos de la plaga.
La prioridad en el combate contra la carpocapsa se debe, en gran medida, a su condición de plaga cuarentenaria para mercados clave como Brasil, destino que representa alrededor del 30% de las exportaciones de peras y manzanas del Alto Valle. La meta a futuro es extender esta estrategia de control biológico a otras plagas que afectan a la fruticultura regional.
