Tras superar una crisis durante el aislamiento por COVID-19, la pareja reconstruyó su vínculo en una moderna vivienda en San Isidro.
Después de más de dos décadas juntos, Nicolás Repetto y Florencia Raggi atravesaron una de las etapas más complejas de su relación. Según reconstruyeron medios nacionales como TN y La 100, el punto de quiebre llegó durante la pandemia, cuando el conductor decidió instalarse solo en Uruguay. En ese contexto, Repetto pasó la mayor parte del aislamiento por COVID-19 en su casa de La Juanita, cerca de José Ignacio, completamente solo, mientras Florencia Raggi permanecía en Buenos Aires. Esta decisión profundizó el distanciamiento físico y emocional durante largos meses, generando una fuerte crisis en la pareja.
Ese aislamiento impactó de lleno en el vínculo. El propio Repetto lo resumió con una frase contundente: “No vale la pena remar cuando no hay respuestas”. Durante ese tiempo, la rutina cambió, aparecieron tensiones y la relación quedó en pausa. Sin embargo, lejos de romperse, ese momento funcionó como un punto de inflexión que, con el tiempo, les permitió reconstruir el vínculo.
En San Isidro, lejos del ruido mediático pero cerca del arte y el diseño, la pareja construyó su hogar. La casa, moderna, luminosa y elegante, es el reflejo de una vida compartida atravesada por la creatividad. Diseñada para el disfrute, la propiedad combina materiales nobles, arquitectura minimalista y una fuerte impronta artística. Cada ambiente tiene identidad propia, pero todos responden a una lógica común: armonía entre lo funcional y lo estético.
El exterior sorprende por su sobriedad y calidez. Líneas rectas, cemento alisado, piedra y vegetación cuidada anticipan el espíritu del interior. En el jardín, una pileta revestida en piedra se integra con plantas autóctonas, creando un entorno relajado y contemporáneo. Puertas adentro, el living es el gran protagonista: el arte no es un detalle decorativo, es parte central del espacio y dialoga con cada ambiente. La cocina combina mármol, acero y madera clara, con una isla central que se conecta con el comedor diario. Allí, una mesa blanca con sillas a tono invita a la vida familiar, mientras cuadros con paisajes urbanos suman personalidad. El baño principal refuerza la idea de lujo sutil: un verdadero spa doméstico, pensado para el descanso.
Mientras la crisis los alejaba físicamente, este hogar quedó como el lugar que sintetiza su historia. Hoy, con la relación recompuesta, la casa en San Isidro vuelve a ser ese punto de encuentro donde conviven arte, diseño y vida familiar. La historia de Repetto y Raggi demuestra que incluso los vínculos más sólidos atraviesan tormentas. Pero también que, cuando hay base, es posible reconstruir y seguir adelante.
