Aunque la producción alcanzó niveles históricos, el consumo interno retrocede y las empresas enfrentan márgenes cada vez más estrechos. El sector busca alternativas para sostener la actividad en un contexto económico complejo.
La industria láctea argentina atraviesa una coyuntura paradójica: mientras la producción alcanza récords, el consumo interno cae y la rentabilidad de las empresas se reduce. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), las ventas de productos lácteos en el mercado interno cayeron un 9,7% en 2024, se recuperaron un 5,2% en 2025, pero volvieron a descender un 1,4% entre enero y marzo de 2026.
Referentes del sector que prefieren mantener el anonimato señalan que la principal causa es la caída del ingreso disponible en los hogares. Aunque el precio de la leche se encuentra en un piso histórico, los costos de producción continúan en alza. Las empresas más grandes resignan rentabilidad para mantenerse en equilibrio, mientras que las más pequeñas se ven forzadas a cerrar.
En 2025, Argentina produjo más de 11.600 millones de litros de leche, un incremento del 10% interanual impulsado por la incorporación de tecnología en el sector primario. Para 2026 se proyecta un crecimiento adicional de entre el 4% y el 5%. Sin embargo, el precio al productor se mantiene en mínimos, con un promedio de $498,18 por litro según el Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (SIGLeA).
El tipo de cambio planchado y las elevadas cargas patronales —a pesar de la reforma laboral— son otros factores que presionan los costos. Además, insumos como el Tetra Brik, cuyo envase produce una sola empresa a nivel mundial, también aumentaron. En una carta abierta al presidente Javier Milei, Flavio Mastellone, exdueño de La Serenísima, denunció una presión fiscal que supera el 40%.
En el mercado externo, las exportaciones enfrentan dificultades: el 27% de la producción se importa, pero el tipo de cambio pisado y la falta de reintegros afectan la competitividad.
Un informe de la consultora Scentia reveló que el consumo masivo retrocedió un 5,1% interanual en marzo y acumula una caída del 3,1%. Según la OCLA, los precios de los lácteos aumentaron un 19% interanual en marzo, por debajo de la inflación minorista del 32% y del incremento del 31% en alimentos y bebidas no alcohólicas. Esto indica que los precios lácteos subieron por debajo de la inflación general y del tipo de cambio.
Para sostener el volumen de ventas, las empresas recurren a ofertas y promociones. Sin embargo, no todas pueden hacerlo: una empresa mediana dedicada a quesos para gastronomía indicó que traslada los costos a sus precios porque no tiene margen para absorberlos.
La estructura de consumo también se modifica. Según fuentes del sector, se observa una “primarización del consumo”: los consumidores reducen la compra de yogures, quesos untables y rallados. Al mismo tiempo, crece la presencia de “sucedáneos”, productos que imitan a los lácteos pero contienen suero, agua, almidón y aromatizantes. También aumentan las “empresas lácteas blue”, que operan informalmente y venden productos sin pagar impuestos.
La crisis afecta a empresas concretas. SanCor fue declarada en quiebra el 22 de abril, y Lácteos Verónica, fundada en 1992, adeuda salarios desde enero y el segundo medio aguinaldo de diciembre a sus 450 trabajadores. Domingo Possetto, secretario general de ATILRA en Rafaela, indicó que la planta está abandonada y que los empleados la mantienen sin cobrar.
En contraste, La Suipachense, declarada en quiebra en noviembre de 2025, podría reabrir. El intendente de Suipacha, José Luis Mancini, anunció que una sociedad anónima conducida por Pablo Asci alquilará la planta, con la reincorporación inicial de 30 trabajadores. Mancini destacó el rol del Estado municipal en la articulación de alternativas, aunque reconoció que las condiciones macroeconómicas son determinantes para las inversiones.
“Las decisiones de una empresa se toman en función de si el país crece o no, si hay consumo, si hay crédito, y si el precio del dólar conviene”, afirmó Mancini, y agregó que el incentivo municipal no es el factor decisivo.
