El sacerdote Diego María Canale, de 48 años, se despide de la Diócesis de Neuquén después de 15 años de servicio en la provincia, especialmente en el departamento de Minas, y regresa a la capital para hacerse cargo de la parroquia en Ciudad Oculta.
Después de 15 años, el sacerdote Diego María Canale deja la provincia de Neuquén para asumir una nueva misión en Buenos Aires, marcada por su aprendizaje en el interior: la Iglesia desde la escucha y el encuentro.
Canale nació y se formó en la capital federal. Hizo el seminario en Buenos Aires y durante sus años de formación empezó a surgir una inquietud que terminaría definiendo su camino: ir a los lugares donde faltaban sacerdotes. “Lo hablé con Bergoglio, que era nuestro obispo. Él me fue acompañando en ese discernimiento ante las necesidades”, cuenta.
En 2011 se alejó de la capital y comenzó a visitar otros destinos. “Empecé en la Diócesis de Neuquén. Iba y venía, hasta que me hablaron de Andacollo en el norte de la provincia”, relata. “Hace muchos años no hay presencia de un sacerdote”, le dijeron. Llegó al departamento de Minas, donde recorrió 22 parajes distribuidos en unos 6700 kilómetros cuadrados durante diez años.
Su vivencia le enseñó a “generar vínculos de unidad entre cada paraje”. Esto le dio una lección que sería clave en su vida: escuchar a los que piensan distinto. “Aprender a escuchar es un regalo que me ayudó a trabajar luego en la capital”. En Neuquén, al lado del obispo Fernando Croxatto como vicario de la diócesis, llegaron otros desafíos: acompañar a personas en situación de calle, trabajar con la población trans, asumir responsabilidades en escuelas y barrios.
Cuando el sacerdote habla del papa Francisco lo nombra como Bergoglio, aquel obispo que lo acompañó silenciosamente durante muchos años. “Cuando murió Francisco volví a sentir algo que solamente había sentido cuando murió mi papá”, confiesa.
Volver a Buenos Aires no era lo que quería. “Tenía mucho más entusiasmo por quedarme en Neuquén”, reconoce. Pero el arzobispo de Buenos Aires le pidió regresar para asumir una nueva responsabilidad en Ciudad Oculta. La decisión le llevó un mes entero de discernimiento. “Mi corazón experimentaba paz diciéndole que sí”, resume.
Hoy Canale vive nuevamente en Ciudad Oculta, el barrio que conoció en 2007 y donde ahora tiene el rol de párroco, con una comunidad de más de 30 mil habitantes, ocho capillas, un jardín de infantes, hogares para personas en situación de calle, una granja de recuperación y distintos espacios comunitarios.
“De la Diócesis de Neuquén no me voy a alejar nunca”, dice con convicción. “Cuando uno ama no tiene que desamar. Me mudé y estoy haciendo mi camino por otro lado que no es la diócesis de Neuquén, pero no significa que me aleje de ellos”.
