Tras cinco años de cambios acelerados, el mercado laboral en Argentina consolida un modelo más pragmático, con predominio del trabajo presencial y una creciente integración de la inteligencia artificial, aunque persisten tensiones entre productividad, bienestar y flexibilidad.
Cinco años después del auge del teletrabajo impulsado por la pandemia, el mundo laboral en Argentina parece haber entrado en una nueva etapa, caracterizada por un enfoque más pragmático y menos idealizado, donde la presencialidad recupera terreno. Según datos de Randstad, el 83% de los argentinos trabaja de manera totalmente presencial, aunque la mitad reconoce que preferiría un esquema híbrido. En contraste, el trabajo 100% remoto es minoritario: apenas el 5% lo ejerce y solo el 8% lo elegiría como modalidad ideal.
Las encuestas de consultoras de recursos humanos muestran un panorama complejo, donde conviven preferencias de los trabajadores, decisiones empresariales y transformaciones tecnológicas. Un dato relevante del informe Tendencias Laborales 2026 de Adecco Argentina indica que casi 9 de cada 10 empleados aseguran estar listos para adaptarse a la inteligencia artificial, pero sienten que su nivel de conocimiento supera la capacitación que reciben en sus empresas.
En este contexto, las organizaciones enfrentan un doble desafío. Por un lado, avanzar en la incorporación de la inteligencia artificial en sus procesos, área en la que, según especialistas, a menudo están más atrasadas que su propio personal. Por otro lado, rediseñar la experiencia laboral con foco en el desarrollo, la capacitación y la participación de los equipos, aspectos que la presencialidad suele facilitar.
Así, el teletrabajo no desaparece, pero pierde el aura transformadora que tuvo en 2020. Se consolida como una herramienta más dentro del menú organizacional, aunque cada vez más regulada y con menor margen de flexibilidad absoluta. La oficina vuelve a ganar protagonismo, impulsada por la necesidad de reforzar la cultura corporativa, mejorar la cohesión interna y, en algunos casos, responder a decisiones estratégicas vinculadas a costos y estructuras existentes.
Sin embargo, el regreso masivo a la presencialidad no está exento de tensiones. Un estudio de la Comunidad de Mujeres en Negocios de la Universidad de San Andrés advierte que el retorno intensivo a la oficina incrementa el cansancio sin mejorar la productividad. El 86% de los encuestados considera que el trabajo remoto impacta positivamente en el bienestar general, el 88% afirma que la presencialidad eleva el agotamiento semanal y el 78% se percibe más productivo trabajando desde su casa.
Aun así, la tendencia global parece inclinarse hacia una mayor presencialidad. Un relevamiento de Resume Builder, realizado entre casi mil líderes empresariales en Estados Unidos, indica que una de cada tres compañías planea eliminar completamente el trabajo remoto en 2026, mientras que casi la mitad espera que sus empleados asistan al menos cuatro días por semana a la oficina. Las razones son claras: el 64% menciona la necesidad de fortalecer el espíritu de equipo, el 62% sostiene que el trabajo cara a cara acelera los resultados y el 45% busca justificar los costos de oficinas ya contratadas.
En Argentina, el esquema predominante en grandes empresas sigue siendo el híbrido, adoptado por el 69% según PwC, aunque con reglas cada vez más estructuradas. El modelo de “trabajá desde donde quieras” parece haber quedado atrás, reemplazado por esquemas más definidos y controlados.
La experiencia del teletrabajo, además, dejó al descubierto una serie de tensiones que complejizan el debate. Si bien aportó beneficios como el ahorro de tiempo en traslados, mayor autonomía y, en algunos casos, mejor conciliación entre vida personal y laboral, también expuso riesgos importantes: jornadas extendidas, dificultad para desconectarse, sensación de vigilancia, problemas ergonómicos y un aumento del estrés y la ansiedad. Estas dinámicas también generaron impactos operativos dentro de las organizaciones: dificultades para auditar horarios, conflictos en la liquidación de horas extras, diferencias en la interpretación de turnos y nuevos desafíos para gestionar equipos distribuidos.
En este escenario, la discusión deja de ser ideológica para volverse técnica. Las empresas deben responder a preguntas concretas: cómo controlar la asistencia en modelos híbridos, cómo liquidar horas extras en esquemas mixtos, cómo gestionar accesos en múltiples sedes y cómo auditar el cumplimiento sin invadir la privacidad de los trabajadores.
Al mismo tiempo, enfrentan un riesgo creciente en la retención de talento. Un 9% de los trabajadores asegura que renunciaría si se le exigiera volver a la presencialidad total, mientras que un 53% comenzaría a buscar un empleo con mayor flexibilidad. El futuro del trabajo, lejos de definirse entre casa u oficina, parece jugarse en la capacidad de las organizaciones para equilibrar productividad, bienestar y tecnología, sin repetir los errores del pasado.
